Capítulo 21 —
Los días pasaron y con ellos llegó algo que Artemis no esperaba, era ese silencio extraño, pero incómodo y doloroso a la vez. Aunque se suponía que ella debía sentirse en paz porque no había visto a Gael, estaba sucediéndole todo lo contrario. Porque después de todo lo ocurrido, él había desaparecido por completo.
No hubo llamadas ni mensajes, tampoco visitas inesperadas, solo ella se había envuelto en un absolutamente nada que la estaba volviendo loca.
Porque a pesar de que debería haberla tranquilizado el hecho de mantenerlo lejos y que él le dio el espacio que tanto había dicho necesitar.
Entonces, ¿por qué se sentía peor?
Era domingo por la mañana cuando terminó sentada en la cocina con una taza de café entre las manos y una expresión de absoluta frustración.
Porque ya no sabía qué pensar y tampoco que sentir, en realidad se estaba empezando sofocar por su propia necesidad de verlo.
Las últimas noches ni siquiera había podido dormir bien, no dejaba de experimentar una emoción profunda y punzante en su pecho, al recordar las palabras de Christian sobre todo lo que le pasó a Gael, y lo terrible que debió haber sido perder a la persona que más amaba en el mundo siendo apenas un niño.
—idiota—se dijo así misma, porque así se sentía, como una idiota que había hablado de más. Claro porque al no conocer la historia y llena de enojo llegó a decir cosas hirientes que se arrepentía por completo de haber pronunciado esa noche.
Su teléfono comenzó a sonar sacándola de sus pensamientos, por fortuna porque sino aún seguiría odiándose así misma en silencio. Artemis observó la pantalla y notó que se trataba de Christian, y contestó después del segundo tono.
—Hola—saludó con poco ánimo.
—Buenos días—contestó él en un tono suave que lo caracterizaba siempre. La voz de Christian realmente debía tener poderes curativos porque podía cambiar el ánimo de alguien enseguida. —Espero no estar siendo inoportuno—añadió disculpándose, pero ella negó como si Christian pudiera verla.
—No lo eres.
—¿Segura?—interpeló
—Christian, hablo en serio—expresó un poco cansada y él soltó una pequeña risa.
—Está bien, pero bueno. Cambiando de tema, te llamaba por algo más—explicó de manera paulatina. Artemis sonrió apenas.
—¿Qué sucede?
—Eh, es que... Pues quería saber si aún seguía en pie tu respuesta sobre ir a la barbacoa que va a realizar mi familia—la explicación fue detallada y precisa, pero había un problema. Artemis había olvidado por completo que aceptó ir a esa invitación y se sintió mal debido a que nunca recordaba cosas que involucraban a Christian en la ecuación.
—Uhmm, pues...—empezó, pero Christian la interrumpió.
—Me preguntaba si querrías acompañarme hoy—lanzó y Artemis permaneció unos segundos en silencio. Normalmente habría buscado alguna excusa, pero el aquel fatídico momento necesitaba despejarse pronto, de lo contrario la terminarían llevando a un sitio con paredes acolchadas y camisas de esas que se amarran en la parte de atrás e inmovilizan los brazos.
Necesitaba salir y dejar de pensar tanto, debido a que cualquier otra cosa en el mundo era mejor que su propia cabeza. Así que sin darle mucho rodeo al asunto contestó:
—Sí.
Christian guardó silencio unos segundos.
—¿Sí? ¿De verdad estás aceptando?
—Sí.
—Eso fue más fácil de lo que esperaba—reconoció divertido.
—No te emociones—expresó bajándolo de la nube porque en realidad, si era más una acción desesperada por ocupar su mente en algo más.
—Demasiado tarde—rió él y ella soltó una risa nasal negando con la cabeza.
—¿A qué hora?
—Paso por ti en una hora.
—Perfecto.
—Nos vemos entonces—se despidió como siempre en ese tono suave y agradable que le provocaba un cosquilleo involuntario, pero a la vez muy placentero para su corazón.
—Nos vemos—Cuando colgó, Artemis observó el teléfono durante unos segundos. Luego soltó un suspiro porque tal vez despejarse no era tan mala idea.
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Una hora después estaba lista, llevaba ropa sencilla para sentirse cómoda, nada que fuera muy elaborado. Y por primera vez en días parecía un poco más descansada. Quizás porque al menos se permitió darle una oportunidad a su mente de pensar en otra cosa que no fuera la gran culpabilidad que sentía.
Cuando escuchó el automóvil detenerse frente a su casa salió inmediatamente. Christian estaba apoyado contra el vehículo, lucía reluciente y tan atractivo como siempre, la verdad era algo natural en él ser tan perfecto y elegante.
Sonrió al verla. Era de esas sonrisas que se le dan a alguien que uno considera importante en su vida.
—Hola—saludó él
—Hola—respondió Artemis mientras se acercaba.
—Te ves mejor. Ya no luces tan…
—¿Muerta en vida? ¿Destruida, como si un camión me hubiera pasado por encima? —preguntó y Christian soltó una carcajada.
—Iba a decir cansada.
—Ah, eso es porque ya no he llorado hoy—indicó y él volvió a reírse negando con la cabeza.
—Me alegra escuchar ese progreso—soltó en un tono divertido y Artemis rodó los ojos.
—Idiota.
—Gracias—contestó guiñándole un ojo. Después subieron al auto y emprendieron camino.
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La casa de los padres de Christian era exactamente como ella había imaginado. Grande con una sensación demasiado acogedora y llena de vida, lo que cualquier novia enamorada desearía.
Desde que bajaron del vehículo comenzaron a aparecer familiares por todas partes. Algo bastante preocupante para Artemis que en los últimos días no había tenido contacto con el exterior y estaba un poco arisca, de hecho por instinto retrocedió un paso. Personas allegadas a Christian se acercaron, unos eran tíos otros primos y también sobraban los niños corriendo por el jardín.
El lugar era bastante agradable, con risas y música creando un ambiente confortable. Otra cosa que notó Artemis fue el delicioso aroma de la comida recién preparada flotando en el aire. Todo ahí se sentía cálido, humano y muy real. Ella respiró por un segundo y cerró los ojos porque todo en ese lugar parecía tan perfecto, sin complicaciones de nada, cada uno era feliz a su modo y parecían no preocuparse demasiado, solo vivían la vida siendo ellos mismos.