Más allá del ring

Frustración

Capítulo 22—

Para Gael dormir se había convertido en una broma de mal gusto porque cada vez que cerraba los ojos la veía. No existía un estúpido segundo en que su mente no la pensara, y se odiaba por eso. ¿Cómo era posible? ¿Qué rayos le estaba pasando?¿Acaso no la sacaría de su cabeza?…

Y es que en su mente se repetía una y otra vez esa escena, la veía girarse para marcharse. La veía con lágrimas contenidas y mirándolo como si fuera alguien que ya no reconocía.

No podía soportarlo, porque ella lo miró como si estuviera decepcionada. Y eso lo estaba matando por dentro, aunque intentara negárselo así mismo, esa herida estaba latente siendo imposible de cerrarse, al contrario se abría más, dolía mucho más y lo enloquecía a un paso avasallador.

No dejaba de sentirse que le había fallado y esa última parte era la que más daño hacía. Porque había soportado golpes durante años, él toda su vida sangró, perdió algunas peleas, también rompió muchos huesos, pero nada de eso se parecía a la sensación que tuvo cuando Artemis lo miró aquella noche.

Como si le hubiera roto algo dentro y lo peor era que sabía que se lo merecía.

Gael abrió los ojos por enésima vez y el techo de su apartamento apareció frente a él. La oscuridad seguía cubriendo la habitación, todo en una completa penumbra eterna, sin embargo no más que su alma, la cual se ahogaba en su miserable y agonizante sufrimiento.

Miró el reloj el cual marcaba las 4:17 AM.

Perfecto, otra noche del caño, la cual no podría descansar porque su juicio había decidido abandonarlo.

Se incorporó lentamente, no había dormido más de dos horas seguidas durante toda la semana y aun así no estaba cansado. Porque la culpa era mucho más fuerte que el agotamiento.

Soltó un largo suspiro observando una pequeña luz que se colaba por la hendidura de su cortina, miró esa fina línea pensando que posiblemente de esa manera estaba su razonamiento, tan débil como una pequeña luz colada apenas en un intento inútil por iluminar un pozo sin fondo donde reinaba una interminable lobreguez.

Se pasó una mano por el rostro queriendo expulsar los recuerdos. Pero había sido en vano, ya que seguían ahí.

"No eres más que un perdedor que tuvo suerte."

Una sonrisa amarga apareció en sus labios. Porque de todas las cosas que Artemis le había dicho... Aquella era la única que no le había dolido, lo que realmente le había destrozado era el tono de su voz, porque sonó herida y él había sido quien la hirió.

—Maldita sea...

Golpeó la pared y el dolor recorrió sus nudillos, no obstante no ayudó. Nada ayudaba a dejar de continuar en ese ciclo eterno de agonía porque quizás Christian tenía razón.

Él sentía algo más profundo por ella y complejo de explicar.

Durante los días siguientes intentó hacer lo único que sabía hacer.Entrenar.

Porque pelear era sencillo, la ira era fácil al convivir con ella toda su vida, golpear cosas era parte de su labor cotidiana, pero querer lidiar con los sentimientos era algo totalmente distinto, antes no había experimentado frustración por desear tanto algo al punto de estar enloqueciendo.

Él siempre conseguía todo lo que deseaba, ni siquiera tenía que esforzarse mucho, o pedirlo porque ese control que ejercía en los demás era suficiente para dominar. Empero desde que Artemis llegó a su vida eso había cambiado por completo, ya que ella era la única persona a la que jamás pudo doblegar.

Era curioso que el detonador de todo fue que ella le hubiera ganado una pelea, él había sido herido directo en el lugar que nadie se atrevió a tocar: Sí, su orgullo. Y estaba tan desacostumbrado a eso, que por un instante pensó que solo era parte de una pesadilla, pero fue tan real como que Artemis con una llave logró doblegarlo, sin embargo no fue la llave lo que inmovilizó a Gael, sino el hecho de que alguien se atraviese a retarlo.

Había sido ese constante juego de retos y miradas sostenidas lo que empezó a despertar algo que él no deseaba nombrar y sin darse cuenta poco a poco estaba siendo atraído a ella. Luego notó que en momentos absurdos esa mujer aparecía en su cabeza, a pesar de que luchaba por sacarla ella se colaba sin permiso.

Quizás debió detenerlo desde el primer instante, pero ganó su orgullo y fue esa soberbia necia lo que provocó su hundimiento.

Aquella noche cuando ella presenció el encuentro con su padre, Gael perdió el control y terminó por tratarla mal, pero después sintió algo extraño, era una punzada rara que no dejaba de palpitar en su pecho. Así que fue al gimnasio e hizo lo que mejor sabía, se desquitó con el saco y lo golpeó hasta que las manos se le entumecieron.

La mañana siguiente no se dio cuenta cuando le había ganado el cansancio y fue algo raro lo que ocurrió porque un olor agradable se deslizó hasta grabarse en su cerebro, él se había percatado de ello cuando conoció a Artemis-porque claro, no era estúpido y también era hombre- algo imposible de ignorar es cuando una mujer desprende ese grato olor que no todos pueden notar, solo aquel que sienta demasiado interés para captarlo.

Esa mañana se percató de aquel mismo aroma, una combinación de vainilla y jazmín que por más estúpido que pareciera fue eso lo que descontroló todo su sistema. Después no pudo detenerse, todo lo que sucedió fue solo la cadena de acontecimientos que debió evitar, pero que fue incapaz de detener.

El gimnasio estaba vacío. Todavía era demasiado temprano, solo él y el saco de entrenamiento.

Perfecto.

Porque no quería compañía ni concejos, tampoco deseaba escuchar a nadie. Porque lo que más anhelaba era silenciar su cabeza.

Se colocó frente al saco respirando hondo, cuando lanzó el primer golpe se sintió casi como si hubiera desbloqueado la frustración. Los demás golpes vinieron solos y cada impacto resonaba por todo el gimnasio.

El cuero vibraba, las cadenas crujían, pero no era suficiente.




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