Capítulo 23
Gael durante unos segundos olvidó cómo respirar y todo el ruido externo desapareció. Las voces se apagaron y los aplausos pasaron a segundo plano, todo aquello que podía generar una distracción dejó de existir por un segundo. Porque solo estaba ella.
Artemis.
Quien se mantenía de pie frente a la puerta como si estuviera luchando con algo interno para poder hablar, él levantó la comisura derecha de sus labios en un gesto inconsciente, porque probablemente su orgullo la estaba paralizando y por un instante pensó que tenían eso en común.
Ella mantenía los brazos caídos a los costados y seguía observándolo. Y por primera vez desde que la conocía parecía tan nerviosa como él se sentía.
Ninguno habló porque quizás esperaban que el otro pronunciara una palabra, sin embargo el silencio pareció envolverlos y esas demasiadas cosas entre ellos sin resolver aún era la principal barrera para poder hablar, unido a las heridas y emociones mezcladas que se atascaban muy adentro.
Gael fue el primero en apartar la mirada, no porque lo quisiera sino porque sostenerla dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
—Pensé que habías renunciado—La voz le salió más áspera de lo que pretendía. Artemis bajó los ojos un instante, luego volvió a mirarlo.
—Yo también lo pensé—murmuró y aquello le arrancó una sonrisa amarga.
—Entonces supongo que ambos estamos teniendo una semana excelente—contestó con ironía mientras se veía las vendas que cubrían sus manos. Ella soltó una pequeña exhalación, casi una risa, pero el silencio volvió a asentarse con pesadez e incomodidad.
Pero había algo con lo que Gael no contaba y era que Artemis ya estaba harta de permanecer inerte esperando a que todo se resolviera por sí solo, ya no deseaba regresar a casa y luchar contra sus propios pensamientos, se había vuelto tedioso y la estaba volviendo loca. Así que avanzó un paso.
—Christian me contó sobre tu madre—empezó y el cuerpo de Gael se tensó de inmediato como si alguien hubiera presionado una herida abierta. Bajó la mirada hacia sus manos vendadas una vez más.
—Ya veo.
—También me habló de tu padre—continuó ella y Gael apretó la mandíbula. Porque sentirse vulnerable era algo a lo que no estaba acostumbrado.
—No necesitaba hacerlo—expresó intentando parecer desinteresado, pero aquello salió con una presión contenida en su pecho, porque los recuerdos de su pasado lo abordaron reviviendo ese momento doloroso con el que había cargado toda su vida.
—Sí—repitió Artemis—Realmente fue necesario, Gael yo no creo que voy a decir esto, pero fui una idiota—expresó con la mayor honestidad que fue capaz. Él levantó la vista y ella sostenía su mirada, pero había algo en sus ojos que lo desarmó, era esa forma en que nadie nunca lo había mirado, tal vez comprensión o algo que no supo como describir—No vine porque sintiera lástima por ti, estoy aquí porque necesito sacar esto que llevo dentro de mí—explicó con detenimiento y eso llamó inmediatamente su atención.
—Bien—de obligó a responder en un intento de no doblegarse porque si orgullo seguía arraigado.
—Si hay algo que jamás sentiría por alguien seria lástima. Gael arqueó una ceja y por primera vez en días algo parecido al humor apareció dentro de él.
—Qué alivio—contestó
—Vine también porque necesitaba entender—prosiguió ella y aquella frase golpeó más fuerte. Porque durante toda su vida la gente había intentado juzgarlo, corregirlo y alejarse de él, pero muy pocas personas habían intentado entenderlo, Artemis tragó saliva.—Y porque necesitaba decirte algo.
El corazón de Gael se tensó.
—¿Qué cosa?
Ella permaneció en silencio unos segundos como si estuviera reuniendo valor y eso hizo peor la espera para él
—Lo que te dije aquella noche...—hizo una pausa y suspiró, Gael ya sabía qué venía y aun así dolió.
—Artemis...
—No—Ella negó.—Déjame terminar.
Él guardó silencio.
—Te dije cosas horribles que jamás hubiera pensado.
—Yo también—respondió él
—No, estoy hablando en serio Gael, yo...—Artemis dio otro paso.—Yo no creo que seas un perdedor—expresó con la voz temblorosa y algo dentro de él se quebró silenciosamente porque ella estaba tocando teclas muy sensibles y de todas las disculpas que había imaginado...
Aquella era la única que no esperaba escuchar.—Y tampoco creo que estés aquí por suerte—dijo sin dejar de ver a sus ojos, los cuales brillaban aún bajo aquellas cejas fruncidas.—Creo que has luchado más que la mayoría de las personas que conozco—confesó y el pecho comenzó a dolerle.—Y creo que eres un idiota.
Una risa escapó de él inesperadamente, porque ahí estaba ella, esa mujer que reconocía a la perfección y que lo enloquecía por completo. Artemis sonrió por primera vez y aquella sonrisa casi lo destruyó porque la había extrañado demasiado.
—Uno enorme—continuó
—Eso parece—contestó rascando ligeramente su cuello.
—Arrogante.
—Probablemente.
—Desesperante.
—Definitivamente—admitió él y ella negó con la cabeza. Aquella sonrisa desapareció lentamente.
—Pero no eres un perdedor—finalizó y el silencio volvió a caer, pero esta vez ninguno intentó romperlo. Porque ambos sentían el peso de aquellas palabras, como se asentaba la sinceridad y vulnerabilidad con la que ella lo veía y le hablaba. Gael tragó saliva.
—Yo tampoco quise decir lo que te dije—reveló sin dejar de verla, pero eso la quebró y no pudo sostener su mirada así que bajó la de ella.
—Lo sé—musitó
—No—La voz de él sonó más firme.—Necesito que escuches esto—retomó y ella volvió a levantar la cabeza respirando profundamente porque aquello era mucho más difícil que cualquier pelea y más complejo que cualquier rival, debido a que era más sencillo entrar a una jaula y analizar los ataques del rival, pero ninguno estaba preparado para ese momento de sacar lo que cada uno estaba conteniendo.—Cuando te fuiste...—Su voz se quebró apenas.—Sentí miedo—esa confesión fue directa, Artemis parpadeó sorprendida y Gael soltó una risa amarga.