Capítulo 25—
La llama que no se extingue
Los titulares habían sido un desastre.
Durante semanas las revistas deportivas, los programas de espectáculos y las redes sociales parecían incapaces de hablar de otra cosa.
“El campeón de la UFC besa a su entrenadora frente a miles de espectadores.”
“La historia de amor que conquistó el octágono.”
”¿Cuándo comenzó el romance entre Gael Thomas y su entrenadora Artemis?”
“La pareja más comentada del deporte.”
Christian había llegado a enviarles algunas portadas solo para burlarse de ellos. Amelie directamente había enmarcado una de las revistas y los comentarios en internet eran tan absurdos que Artemis dejó de leerlos después de tres días.
Pero al final nada de eso importó porque después de todo lo ocurrido… Las peleas, discusiones y gritos, esas heridas y lágrimas que en algún momento existieron habían quedado en el pasado porque ya no tenían miedo a los errores, tampoco a lo que pensaran los demás y sobretodo, eso que les impedía dar el paso para poder comprender que lo suyo era más intenso que un simple momento, fue lo que impulsó aún más el hecho de haber tomado la decisión correcta.
Finalmente estaban juntos y por primera vez ninguno de los dos quería huir.
Y si me lo preguntan a mí, creo que ya era momento, porque a leguas se les veía que se morían por estar juntos. Aunque que puedo decir, solo soy el narrador. (Se encoge de hombros y sigue narrando)
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Era una tarde tranquila.
Una de esas tardes sencillas que Artemis había imaginado tantas veces durante su vida, pero que no se había podido tomar debido a todas las complicaciones que vivió durante los últimos meses, sin embargo la vida por fin le dedicaba una sonrisa y eso era más que suficiente. El sol se filtraba por las ventanas de la sala.
La casa olía a mantequilla y el sonido del microondas llenaba la cocina.
—¿Quieres soda o agua? —preguntó Artemis desde la cocina. Gael estaba tumbado en el sofá buscando una película en Netflix, aunque era difícil porque a Artemis nunca le gustaban sus elecciones, y para ser honestos a él tampoco le gustaban mucho las elecciones de ella.
—Agua—contestó sin girar el rostro porque estaba muy concentrado. Ella asomó la cabeza inmediatamente.
—¿Agua?—cuestionó ceñuda
—Sí—respondió él restándole importancia.
—¿Quién demonios come palomitas viendo una película con agua?—instó extrañada y él encogió los hombros.
—La gente que no quiere morir de diabetes—admitió sin culpa y Artemis abrió mucho los ojos.
—Eso es ofensivo—lo miró y él hizo un gesto de lado.
—Es científico.
—No lo es.
—Lo es—mencionó como si el tema de conversación fuera una competencia y ese era el verdadero problema, sus conversaciones mayormente terminaban en una competencia por quien tenía la razón (pero de la forma sana)
Ella cruzó los brazos.
—Te sorprendería saber cuántas personas sufren diabetes sin consumir azúcar excesivamente—puntualizó ella.
—Y te sorprendería saber cuántas sí.
—Eres insoportable—resopló Artemis con el razón de palomitas en una de las manos, él sonrió ampliamente y luego hizo un gesto de suficiencia.
—Campeón de UFC—recordó y ella entornó los ojos soltando otro resoplido.
—Insoportable campeón de UFC—añadió
—Mucho mejor—asintió aprobando su comentario.
Artemis negó con la cabeza porque desde luego que ella sabía que Gael era demasiado engreído y le sacaría eso cada que pudiera.
—Un día voy a envenenar tu agua—amenazó y él soltó una risa nasal.
—Eso explicaría muchas cosas—comentó pensativo.
—Gael.
—¿Sí?
—Cállate—ordenó y la carcajada de él llenó la sala, pero aunque ella intentó mantenerse seria… Terminó sonriendo también porque la risa de Gael se había convertido en su medicina, y también su adicción ya que tenía el poder de desordenarle los sentidos, pero a la vez le daba una hermosa sensación de estar en un lugar seguro.
Unos minutos después apareció con un enorme tazón de palomitas lleno y dos bebidas.
—Tu agua baja en calorías—dijo mientras la ponía sobre la mesita de la sala, él sonrió de lado.
—Gracias—se limitó a contestar porque temía que ella cumpliera la promesa del veneno si el decía algo estúpido. Ella hizo una expresión sospechosa mientras se acomodaba en el sofá junto a él.
—¿Qué película elegiste?—deseó saber llena de curiosidad y Gael sonrió.
—Es una sorpresa.
—Eso no me gusta.
—Lo sé.
—Dime.
—No—sostuvo serio y Artemis frunció el ceño.
—Por favor dime que no es de terror—rogó haciendo un gesto de temor. Gael soltó una carcajada.
—Cobarde—se burló y ella abrió la boca indignada.
—Retira eso—ordenó
—No—se mantuvo firme él
—Retíralo—repitió Artemis hundiendo el entrecejo.
—Oblígame—la retó y el brillo en sus ojos la hicieron dar un paso adelante, el silencio duró exactamente dos segundos porque Artemis dejó el tazón sobre la mesa y caminó directamente hacia él.
—¿Quieres problemas?—preguntó con una mano en la cintura y eso solo avisaba a Gael que estaba en zona de peligro, pero aún así abrió los brazos
—Siempre.
—Perfecto—concluyó ella y se lanzó sobre él, Gael la atrapó en el aire rodeándola con ambos brazos.
—¡Te tengo!
—¡Suéltame!—gruñó sacudiéndose.
—Jamás—se negó y la giró, después la levantó terminando con las piernas de Artemis rodeando su cintura.
—¡Gael!—chilló ella
—¿Sí?—preguntó como si no supiera lo que hacía.
—Te odio—soltó aún intentando soltarse, pero para su mala suerte Gael estaba empezando a conocer sus movimientos y cada técnica que usaba para liberarse o atacarlo.
—Mentira—murmuró contra su oído. Ella comenzó a hacerle cosquillas y su reacción fue inmediata porque eso no lo veía venir.
—¡No!—exclamó
—¡Sí!—dijo ella haciendo un gesto malvado.
—¡Eso es trampa!—se quejó él mientras ella buscaba puntos débiles donde hacerle cosquillas.