Masquerade

4. Noah

–Señor Velaz. No me diga nada... ¿Problemas con el transporte? ¿O esta vez no se cayó de la cama a tiempo?

La mayoría de la clase se ríe de las palabras imbéciles del profesor mientras entro al salón. Esa gente solo intenta caer en su gracia porque nadie más que mi Roma es lo suficientemente bueno como para aprobar su clase.

Tal vez yo podría, si me interesara.

Como no es así, poco me importa lo que piense este hombre de mí, o los muchos reprobados que le gustaría ponerme y no puede.

Puede que esta clase no me importe, pero es mi vía de escape siempre que pueda estar con Roma y la voy a cuidar con las notas "pasables" que sean necesarias.

–Perdone, profesor – es todo lo que digo.

–Como estaba diciendo... – él vuelve a su clase aburrida y yo poso mi atención en algo que realmente vale la pena.

Ella se puso una blusa azul que deja la parte superior de sus hombros al descubierto. Y un jean negro que se ajusta a su cuerpo a la perfección. Desde los 15 años, se pone rimel en los ojos con extrema delicadeza para resaltar ese color grisáceo que me vuelve loco, y sus labios solo están pintados por el rojo de su protector labial sabor frutilla. Nunca me canso de saborearlo. Se ató su pelo rojizo en una coleta alta, dejando su cuello a la vista, lo cual me hace extrañar cuando llevaba el cabello corto y yo podía besar su nuca siempre que quisiera en cada rincón oscuro.

Dios realmente se esforzó en crear a la mujer perfecta, y por alguna razón quiso ponerla en mi camino.

La veo ahí sentada mientras camino, tan hermosa, concentrada en lo que escribe y aún así consciente de que estoy cerca. Sonríe para mí, lo sé. Así como tengo claro que alza la mano sutilmente para rozar sus dedos con los míos, como si fuera un accidente. Quiero sujetarle la mano, hacer que se ponga de pie y besarla, tan profundo y fuerte que no quepa duda a quien desea, quien es el único con derecho a emocionarla así.

Pero entonces recuerdo que tengo que seguir caminando hasta sentarme unos cuantos asientos detrás. Solo se me permite verla a la distancia. A veces la imaginación es la mejor amiga del deseo, y a veces es la peor enemiga.

El profesor sigue hablando, yo lo sigo ignorando. Pero Roma está muy atenta a sus palabras porque ella realmente es buena estudiante. Y eso me da ganas de molestarla un poco. Solo un poquito. Sé que no tuvo una mañana mejor que la mía si pasó por su casa a buscar la ropa. Quiero animarla.

Así que saco mi celular y le escribo.

NOAH: ¿Podrías no verte tan hermosa mientras estamos en clase? Me distraes.

La veo revisar su celular y, después de unos segundos, mover la cabeza ligeramente como si fuera a verme. Se contiene. Sabe que no puede llamar la atención así. Me contento con ver que al menos esbozó una media sonrisa.

Al poco tiempo recibo su respuesta.

ROMA: Esa siempre es mi intención, amor.

Lo tengo claro. Sabe bien qué botones apretar, qué sensores activar, para que el resto del mundo desaparezca de mi camino y solo quede ella.

Pero no todo es color de rosa.

Pensar en Roma, por muy placentero que sea, me lleva a pensar en sus hermanos. Y eso, aunque me haga hervir la sangre, me hace querer preguntar.

NOAH: ¿Llegaste bien?

ROMA: Todo lo bien que se puede. Dylan estaba en casa y John también. Lo mismo de siempre.

Las larvas malparidas de sus hermanos tienen un lugar reservado en el infierno. Y algún día planeo hacerselos saber muy dolorosamente.

La primera vez que Roma me habló de ellos, solo teníamos 7 años. Tardo todo un año en confiar en mí para revelarme que Dylan la golpeaba y que John no la dejaba sola ni para cambiarse de ropa. Creía que sus moretones eran culpa de sus padres, y yo era un niño, consciente de que no podía enfrentar a un par de adultos. Así que cuando supe la verdad, enseguida me puse de pie dispuesto a matar a esos dos.

Solo las súplicas de Roma me detuvieron. Me prometió que podía con esto y que tarde o temprano ellos se cansarían y fingirían que ella simplemente no existe.

Todavía espero que eso pase.

Pero ahora soy más astuto. Menos impulsivo. Más fuerte en varios sentidos. No puedo atacar sin consecuencias a Dylan o a John. Me toca esperar. En poco tiempo voy a sacar a Roma de esa casa y a asegurarme de que sea feliz. Feliz de verdad, conmigo.

ROMA: ¿Y Mirco? ¿Alguna novedad?

Ella me saca de mis pensamientos asesinos con su curiosidad. Sé que quiere que mi hermanito despierte tanto como yo. No puedo hablarlo con nadie más, eso lo tengo claro, pero igualmente no soy muy comunicativo al respecto. Ni siquiera con ella.

NOAH: Nada nuevo.

ROMA: Tal vez debería ir y cortarle el pelo. Seguro va a despertarse cuando sepa que se ve tan guapo, como su hermano.

Me hace sonreír. Es la única persona en el mundo que puede presumir de sacarme una sonrisa. Ese poder que tiene sobre mí, no es ningún juego y ella ni siquiera lo sospecha.




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