Masquerade

5. Roma

La nota de Noah me quema en el bolsillo trasero de mi jean de una forma mucho más gustosa de lo que lo hace la mano de Ian en mi cintura mientras nos sacan esas benditas fotos.

Sus amigos son mucho más idiotas que él y en lugar de hacer esto rápido, como le pedí, tardamos media hora en explicarles cómo enfocar la cámara del celular.

Cuando vemos los resultados, veo cómo los engranajes en la cabeza de Ian intentan funcionar a toda velocidad para marcarme algún error que no existe. No me gustan las fotos, pero salgo increíble en ellas incluso cuando no me lo propongo. Sonrisa perfecta, cuerpo ideal (voluminoso pero entallado), y una "atracción" hacia mi pareja que solo consigo imaginado que es Noah el que tengo al lado. Ian no dejó que me vistiera mejor para esas dichosas fotos, e igualmente me veo mejor que él.

–Están bien... supongo – dice con inseguridad. Y es mi trabajo como su novia convencerlo. No solo para largarme cuanto antes sino para que no me fastidie todo el día preguntando si la foto está bien.

–Sales perfecto, Ian – aseguro – Como siempre, eres el más sexy de Instagram. En especial cuando el sol te hace ese efecto cobrizo en el pelo, ¿ves?

Si tuviera media neurona en la cabeza, se daría cuenta que ese efecto en realidad es el resultado de hacerse reflejos en la peluquería como un adicto.

–Cierto, y combina con tu pelo – dice un poco más alegre – Tengo a la novia perfecta.

Ácido en mis oídos. Es todo lo que siento cuando Ian me dice "novia", "amor", "bonita".

En los labios de Noah, me derretiría. En los de Ian, hacen que quiera clavarme un cuchillo oxidado en el cerebro.

–Y yo tengo al novio perfecto – digo con toda la emoción que puedo fingir.

Ian me dice otro par de cosas, como que tiene que hablar con su papá o viajar con su hermana a no sé donde. Son detalles que no me sirven en absoluto. Solo importa que después de decirlos, me deja un beso en la mejilla y se aleja.

Me quedo un segundo pensando en por qué tengo que aguantar ésto. Y las palabras "Noah" y "secreto" vienen a mi mente. Nadie puede sospechar que Noah y yo estamos juntos, mucho menos mis hermanos, que rondan esta escuela como buitres para Dios sabe qué cosa ilegal.

Con Ian al lado, un chico cuyos padres tienen grandes influencias y recursos, estoy salvada de que algo de la verdad se sepa. Dicho eso, es un arma de doble filo. Noah sabe que yo no quiero a Ian cerca más de lo que quiero que un meteorito me caiga en la cabeza cuando estoy en mi casa. Pero John es más difícil de tratar. Tengo que decirle cada día que mi relación con Ian no es seria y que tarde o temprano voy a dejar de verlo. Todos los días.

Diría que tener novio hace que mi hermano pierda los estribos. Y creo que de alguna forma, lo hace. Pero también lo mantiene a raya. No quiere ser plato de segunda mesa, sino el único comensal en el restaurante.

Como todo tiene su lado bueno y su lado de mierda.

Me reuno con mis amigas en uno de los café cercanos a la escuela. Están hablando de alguna tontería como abandonar el curso antes de que el trabajo final les provoque ojeras, o qué chico del salón está más bueno. Hago un esfuerzo por no mirarlas de forma asesina cuando alguna de ellas menciona brevemente a Noah.

Y antes de que el tema se profundice, yo las guío por un camino menos superficial y banal.

–¿Cómo van con su trabajo final?

–Creo que va a ser el mejor que hice en toda la cursada – responde Perla – Ya quiero ver la cara del profesor cuando tenga que ponerme una nota perfecta.

No es lo único que al profesor le gustaría ponerle a Perla. Y es que ese hombre es un idiota, pero mi amiga se las busca solita. No pierde la oportunidad de hacerle ojitos y bajarse un poco el escote cuando habla con él, a veces fuera del salón.

No la juzgo, de verdad. Uno hace con su cuerpo lo que le venga en gracia. Pero las consecuencias existen y no siempre son color de rosa.

–Seguro que sí – digo con una sonrisa.

–Ya vas a ver, voy a ser la mejor en este trabajo y vas a tener que aguantar la derrota, Romita.

Si no fuera por la beca, me importaría una mierda que Perla tuviera mejor nota que yo. Ser la número uno de la clase me abriría buenas puertas a lo que quería logra para mí, y para Noah.

Así que no pienso permitir que Pera sea la mejor en este trabajo. Dicho eso, tampoco tengo de qué preocuparme. Hasta ahora, su encanto y belleza fueron las únicas ventajas que me han superado con el profesor, pues en cuanto a ingenio y escritura, mis historias siempre fueron inalcanzables.

No sé por qué Perla tiene la necesidad de ganarme siempre. ¿En serio piensa que coquetear con mi "novio" y sacar mejores notas que yo va a hacerla alguien importante? El mundo es muy grande y está lleno de genios, lo cual ella parece ignorar a voluntad.

–Yo voy fatal – dice Fer – Cada vez que empiezo, me olvido de los detalles que escribo y quiero cambiarlos pero entonces los olvido de nuevo... y la relectura me tiene harta.

–Ya te dije que con unas notas al lado, la vida se te hace más fácil – le aconseja nuevamente Maira.

–No puedo con tu sistema. Estaría rodeada de papeles cada vez que escribo.




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