En lugar de algo tan básico como Nights Bar, este lugar debería llamarse Mala Muerte o algo parecido.
Está abierto a fumadores, así que la primera cosa que uno puede oler cuando entra no es la comida, la cual tampoco es ningún manjar, sino el humo concentrado entre la multitud de gente. Supongo que la única razón por la que la gente pasa su tiempo en este lugar es porque el wifi es grátis. De otra forma, existen lugares mejores.
A mis amigos les gusta porque conocen al dueño y siempre les da tragos gratis. O papas fritas super grasientas y saladas que se devoran como si fuera ambrosía. Yo siempre soy una sombra cuando ese dueño aparece y les hace tan generosos regalos. No quiero que me conozca ni mucho menos que me pregunte qué tal la comida y el lugar. Miento las 24 horas del día a mucha cantidad de personas, así que no tengo ganas de sumar uno más.
–Ahí están las chicas – dice Paco señalando hacia los apartados del fondo. Un milagro que las viera considerando que el humo se está convirtiendo en neblina.
Puedo decir por qué a mis amigos les gusta este lugar. Ahora, no tengo idea de por qué las amigas de Roma vinieron a pasar la noche en este bar. ¿Estarán tan locas como Paco e Isaac? ¿O solo es una trampa fácil para hacerse notar entre la clientela, que mayoritariamente, es masculina?
Isaac ve a Fernanda aferrada a su novia, y sonríe como si estuviera sola, esperándolo. Pero como ya le dediqué mucho tiempo a pensar en cómo se va a arruinar mi amigo, desvío mi atención a lo único que vale la pena de este lugar. Mi Roma.
Se puso una blusa negra que se ajusta perfectamente a su cuerpo, con un escote discreto pero que definitivamente atrapa la vista de cualquiera. La mesa que tiene delante no me deja ver sus pantalones, así que apresuro a pensar que está usan su leggins favorito color azul. Está cómoda con eso y se ve deslumbrante.
Perla está junto a ella y se vistió con un vestido negro, super escotado y que seguramente es 3 tallas más pequeño de lo que debería. No la juzgo. Si yo fuera mujer, también sentiría celos de la belleza natural de Roma. Aunque esa chica busca competencia hasta en las cosas más pequeñas de su supuesta amistad.
Ni siquiera llegamos a cruzar la zona del billar cuando veo los rostros de las chicas fastidiadas. Nos vieron venir a distancia y ya levantaron sus escudos. Todas, menos mi chica. Que sabe que ninguno de nosotros, excepto yo en secreto, va a intentar algo con ella.
–La noche nos sonríe, chicos – dice Isaac mirando directamente a Fer – Cuatro estrellas brillantes cayeron frente a nosotros.
Perla se asquea con sus palabras y dice:
–Literalmente es lo más imbécil que escuché en mi vida. ¿De dónde sacas tus piropos? ¿Del diario de tu abuelo?
–Si, tenés razón – reconoce él – Son tres estrellas y un meteorito agrietado.
Paco y Jeremy se ríe por lo bajo, al igual que Roma. Pero Fer y Maira están atentas a cada movimiento de Isaac. No lo quieren cerca y se lo hacen saber.
–Vayanse – dice Fer – Estamos en una celebración privada.
–Qué casualidad, nosotros también – dice Paco abrazando el hombro de Jeremy – Nuestro amigo acaba de perder la virginidad, así que lo invitamos a reponer energía.
–¡Paco! – Jeremy se saca de encima a su amigo y gira la cara para que el rubor de sus mejillas no se note. Un poco tarde para eso.
–Son despreciables – murmura Maira con clara indignación.
–No eres quién para hablar ¿o si? – le dice directamente Isaac. No sé los demás pero yo lo escuché como un insulto a su sexualidad.
–La que crea que miento, puede comprobarlo por sí misma – insiste Paco en su mala broma.
–Deja al pobre chico tranquilo – dice Perla – Si fuera como dices no tendría una erección nerviosa ahora.
Excepto por Roma y por mi, y por supuesto Jeremy, todos estallan en una risa mirando la entrepierna de mi amigo. No me molesto en saber si es verdad o no, porque en realidad no importa. Jeremy no va a hacer nada para defenderse y los demás no van a dejar de molestarlo.
Ocupo mi tiempo en algo más preciado. Ver de reojo a mi Roma, solo para atrapar ese breves momentos en los que ella también me mira a mi. Tantas horas de espera valieron la pena. Ahora solo tengo que encontrar el momento justo para que estemos solos y robarle ese beso.
–¿Quieres bailar, Fer? – Isaac dijo tener un nuevo plan con Fernanda. Yo solo veo lo mismo de simple, y justamente por eso, falla.
–De hecho, si quiero – responde ella y después se dirige a su novia – ¿Bailamos, amor?
No le da tiempo para responder y la arrastra a la precaria pista de baile del bar. Se quedan justo en el centro para que Isaac las vea bien y así provocarlo. No es muy inteligente pero no me voy a acercar para decirles.
–Si no van a dejarnos tranquilas, al menos inviten unos tragos – dice Perla mirando a los chicos.
Isaac está más ocupado mirando a Fer como para responderle. Paco, en cambio, como no tiene problemas en quedarse con las sobras, se sienta donde antes estaban Maira y Fer, cerca de Perla.
–Pide lo que quieras, yo te invito – dice él – Pero por cada vaso que pidas, vas a tener que darme un beso. Con lengua.