El plan era que Roma se despertara antes de que salga el sol y volviera a casa para que John no amaneciera con los ojos desorbitados y la irritación a flor de piel.
Los planes cambian. En especial cuando ella está en mi habitación, dormida como un ángel, olvidando todo lo que la espera cuando abra los ojos.
Ambos llegamos tarde a la clase de la mañana solo porque mi parte más egoísta no quiso despertar a mi novia cuando la alarma me interrumpió el sueño a mi. Y era un buen sueño.
–Lo hiciste apropósito – aunque ella susurraba en los pasillos de la escuela, en realidad parecía un ruidoso regaño.
–Por supuesto que sí – respondo – El día tiene pocas horas para que estemos juntos. Perdón si intenté robarle al tiempo.
Ella se sonríe porque esa es mi habilidad espacial, y me da un ligero empujón que tomo como la mejor caricia de la mañana. Llegamos a la entrada del salón 18 minutos después de que la clase hubiera comenzado.
–¿Quién entra primero? – pregunta Roma.
–Las damas, obviamente.
–Te quitará puntos si sigues llegando tarde.
–Ya tengo fama de rebelde. Un punto más o uno menos no va a hacer diferencia.
–Pero...
–Este curso me importa una mierda – miro a nuestro alrededor para asegurarme de que no haya nadie que nos vea. Siendo así, sujeto ligeramente su mano – Lo único bueno de estar aquí es verte todos los días, amor. Además, ya tenía pensado llegar media hora tarde, solo por dramatismo.
Ella sonríe, y entrelaza sus dedos con los míos. Algo sutil, casi invisible que hace saltar mi frío corazón.
–No desperdicies el tiempo libre.
Entra al salón. Me quedo solo en el pasillo, pero me alejo de la puerta por varias razones. En verdad, no tengo intenciones de entrar pronto. Y como medida de seguridad, no quiero escuchar si el profesor le dice algo a Roma por su retraso. Ese hombre ya no me cae bien por sí mismo, así que lo último que necesito es otro motivo de mayor peso para golpearlo.
Me siento en el banco más cerca al salón y saco un cuaderno al azar de mi mochila. Entre las notas falsas que finjo tomar durante la clase, y los recordatorios para las ventas de las tareas y trabajos, tengo dibujos tirados por ahí. En realidad no me gusta dibujar pero cuando tengo un lápiz en la mano y este entra en contacto con el papel, simplemente las figuras se cómodan en la mente y la mano solo la sigue.
Parece la declaración de un borracho, pero es así.
Empiezo con líneas, luego sombras y para cuando quiero darme cuenta el rostro peludo y letal de una pantera se aparece frente a mí. Si no me gustara tanto el negro, pintaría sangre roja en sus colmillos.
Miro mi celular para verificar la hora. No pasaron ni veinte minutos. Mi entrada a la clase va a tener que esperar un buen tiempo. Pero, por el lado bueno, también veo que Roma me escribió.
ROMA: ¿No piensas entrar, rebelde?
NOAH: Valoro la posibilidad de dejar a toda la clase con las ganas de verme
ROMA: Que brillante idea. Aunque veo un pequeño problema
NOAH: Ah, ¿y cuál podría ser?
ROMA: No me gusta que me dejes con las ganas... nunca
Sonrío, es inevitable. Y de inmediato respondo.
NOAH: ¿No tuviste suficiente de mí anoche... o esta mañana?
ROMA: Que pregunta más estúpida ¿Acaso alguna ves tienes suficiente de mi?
NOAH: Sigo vivo, cuerdo y con buen memoria. Así que no, amor, nunca tengo suficiente de ti
ROMA: Ahí está tu respuesta...
Estoy a punto de escribirle que en breve va a verme entrar con la peor excusa falsa de la historia, cuando la sombra de una nueva presencia me obliga a guardar el celular y prestar atención a mi entorno.
Solo es un chico cualquiera, pero se acerca peligrosamente a mí. Así que, fiel a mi primer instinto que es la desconfianza, guardo todas mis cosas en la mochila justo antes de tenerlo enfrente.
–Quiero lo que pagué por este trabajo de mierda – dice enojado el desconocido. Deja una pila de papeles en mi regazo y se cruza de brazos.
Contengo la risa solo por respeto a la idiotez de este chico. Pero no puedo evitar una sonrisa descarada.
–No hago reembolsos, genio – respondo.
–Pagué por un 9, y esta cosa no pasó del 7,50.
Siendo que rara vez cometo errores tan tontos, me tomo el trabajo de revisar el trabajo, y en efecto, no es un trabajo sobresaliente. Tiene faltas de ortografía y su marco teórico no tiene ni 5 autores. No fue mi mejor trabajo.
–¿Alias? – pregunto mientras saco mi celular.
–Western.
Rápidamente busco entre mis registros el alias y encuentro que solo hice un trabajo para este chico. Un cliente nuevo, con todas las esperanzas puesta en mi, como un idiota. Y si, pagó por un 9 pensando que eso cambiaría lo que ya le había dicho cuando hicimos el acuerdo: "tus notas generales no harían creíbles un nueve, solo puedo garantizar un mínimo de siete".