Una hora antes
Noah ya debería haber entrado a la clase.
Es todo lo que puedo pensar mientras el profesor no se calla sobre cómo el uso de la tecnología para crear escritos está destruyendo la literatura en la actualidad. Traducción: "soy un profesor idiota que no sabe usar la inteligencia artificial para avanzar en mi carrera".
Noah ya debería haber cruzado esa puerta, debería haberme mirado con esa media sonrisa a la que solo yo le presto atención.
Mi pierna es un constante vaivén de arriba-abajo, cada minuto. ¿Por qué no me responde los mensajes? ¿Por qué no me avisa si piensa largarse y saltarse esta "educativa" sesión de anti tecnología?
Noah ya debería estar sentado detrás de mí, mirándome de reojo para que yo sienta su presencia y esté tranquila.
A veces pienso que un terapeuta me ficharía de emocionalmente dependiente si le digo que tener a mi novio cerca, calma mi ansiedad. Pero supongo que ese mismo terapeuta no ha vivido rodeado de demonios y mala gente.
Noah ya debería estar conmigo.
–Faltan cinco minutos para el final de la clase – dice el profesor – Y como no quiero que ninguno se vaya haciéndose el inteligente y no entregando su trabajo parcial... los invito a venir de uno en uno a entregármelo personalmente.
Se escuchan quejas y cuadernos moviéndose. Nunca voy a entender porqué la gente se anota en clases solo para sentirse mal por tener deberes. A estas alturas de su joven vida, deberían saber que si vienen a un instituto, es para estudiar y tener tarea. Pero la gente es idiota, y masoquista. Por eso se tortura con aquello que odia.
–También voy a devolverles la primera parte del trabajo – agrega el profesor mientras los primero alumnos se levantan con sus hojas en mano – Así pueden ver algunas notas que les dejé y mejorarlas para la entrega final.
Me acostumbré a no recibir notas por parte de ningún profesor. Mis trabajos son casi perfectos porque la literatura gótica es como el aire que respiro. Pero siempre me preparo para lo peor: mis 10 hojas cubiertas del marcador rojo del docente con cientos de errores en mayúsculas. De esa forma, en el imposible caso de que eso ocurra, estoy lista para hacerle frente.
–Muy buen trabajo, Roma – dice el profesor cuando dejo mi trabajo y agarro el que él me extiende.
–Gracias. Es fácil cuando una está inspirada.
–En tu caso creo que tienes la inspiración encerrada en el zóano de tu casa. Nunca había tenido una alumna con tanta creatividad e ingenio.
–Talento natural, supongo.
–Puede ser, aunque a mi no me engañas completamente – dice con una sonrisa de superioridad – En esos trabajos hay una detallada investigación y análisis de situación.
–¿Usted cree?
–Por supuesto. ¿De qué otra forma una jovencita puede saber tanto de cadáveres y homicidios?
"Subestimar a la juventud es tentar a un mal futuro". De mi autoría para su disfrute.
–Tal vez solo soy aficionada al tema.
Y dejando al profe con la palabra en la boca, vuelvo a mi asiento haciéndome la misma pregunta de hace una hora.
¿Dónde está Noah?
La única razón por la que mi vista se despega de la puerta esperando que ésta se abra, es para ver mi celular iluminado milagrosamente por un mensaje de mi chico. Algo que no ocurre en un largo tiempo.
Y para colmo, todos en el salón tenemos que aguantar la patética actuación de Perla frente al profesor. Quién sabe qué excusa le está tirando sobre la mesa ahora. Su perro murió o su madre olvidó reponer su shampoo favorito. Lo que sea, no vale un 10 en un trabajo apenas pasable, como solo Perla sabe hacer.
La hora de clase termina y la mayoría de los alumnos se retiran del salón. Pienso por un momento que tal vez Noah me esté esperando en la entrada pero sinceramente lo dudo. Algo debe haber pasado para que no me enviara ni un mísero mensaje.
Me tomo el tiempo de guardar las cosas con cuidado, y en eso, me zumban los oídos.
–¿Podrías ya no quejarte tanto? – dice en un susurro bastante sonoro Maira – ¿Y si te escucha?
–Mejor – responde su novia – Que vea que ser la consentida del profe solo la hace más insoportable.
–Fer, basta. No te enojes con Roma porque no pudiste terminar tu trabajo.
Es una inesperada muestra de humanidad por parte de Maira, sinceramente. Pero esas cosas jamás duran lo suficiente.
–Además, ¿por qué te importa que sea una sabelotodo? – agrega Maira – Es su problema no tener una vida fuera de los libros.
–Me importa porque se cree mejor que nosotras.
"Tal vez porque lo soy", pienso.
–Pero ya está. Quiero pensar en algo alegre antes de que explote – Fer se acerca a su novia sujetándola de la cintura con intensión de besarla.
–Aquí no, Fer – Maira retrocede medio paso y desvía la mirada.
Saben que yo no voy a decir nada de su relación, pero cuando está perseguido por sus mentiras, ningún cuidado es suficiente.