Masquerade

14. Noah

El camino hasta el hospital me dio tiempo de pensar en más cosas de las que quiero en este momento.

Para empezar, qué clase de cena será la que Ian ordene servir a Roma esta noche. Ella no está acostumbra a comer demasiado y a veces eso la abruma. O de tan simple que es su gusto, resulta que el caviar le sienta mal.

Después se me ocurrió que ese gran desgraciado no solo va a comprarle un bonito vestido que ella va a lucir como una reina, cuando yo no puedo darle ni un anillo para que todo el mundo sepa que es mía. También va a ser él quien disfrute de esa vista mientras yo me quedo en la oscuridad solo imaginándola.

Y para rematar este festín de grandiosas ideas, se me viene lo peor de lo peor. ¿Qué tal si esa cena es solo el principio? ¿Y si ella tiene que hacer más cosas con Ian para mantener la farsa? ¿Y si...?

¿Qué pasa si resulta que esa vida le gusta porque no tiene que estar escondiéndose y cuidándose las espaldas?

¿Qué pasa si se da cuenta que puedo no ser suficiente para hacerla feliz?

Soy muy habilidoso en millones de cosas, pero no soy Superman. E incluso yo puedo ver desde afuera y decir que no soy el mejor hombre del mundo. No lo tengo todo. De hecho, tengo menos que nada.

Un hermano medio muerto. Un padre prácticamente desaparecido. Una madre efectivamente desaparecida. Un trabajo ilegal.

Soy nadie y ella lo es todo. Pero haría que el infierno se congele si con eso puedo tenerla, y solo si es lo que quiere también.

Por el momento, lo único que evita que irrumpa en aquella casa y me lleve a Roma como si fuera un neandertal de las cavernas, es que hoy, ahora, y contra toda corriente, ella es mía. Y lo sabe. Lo sabe perfectamente.

Y solo para despejar la cabeza, decido poner toda mi atención en esa otra personita que ocupa mi vida.

Mirco.

Mi hermano sigue igual que siempre, o eso. No recibí ninguna noticia alarmante de aquella enferma obsesiva que siempre me mira.

Pongo toda mi atención en llegar a la sala de Mirco lo antes posible. Hablar con mi hermano va a calmar mis demonios, o al menos va a hacer que griten menos fuerte. Sin embargo, otra pequeña cosa pasa frente a mis ojos.

Pequeña, pero importante.

Cierta personita que tiene una novia muy religiosa y con un secreto bastante grande para su relación, se aleja a paso veloz de la plaza junto al hospital. Y da la casualidad de que detrás del árbol del que salió ella, está mi muy querido amigo Isaac. ¿Adivino que estaban haciendo?

A juzgar por el color rojo en el labio inferior de Isaac, dudo mucho que estuvieran discutiendo a los gritos, como le hacian creer a todo el mundo. Siempre supe que Fernanda caería tarde o temprano por ese imbécil. Así como sé que en realidad no lo hace por voluntad propia. Su expresión asqueada y la forma en que abraza su cuerpo... es claro que se arrepiente de lo que sea que haya hecho, pero no va a detenerse.

Yo sigo caminando como si no hubiera visto nada hasta que tengo delante a Isaac.

–Ey, Noah – me saluda – ¿Qué haces por aquí?

No me asombra que se haya olvidado las 20 veces que le hablé sobre mi hermano. Así como me creo su nerviosa sorpresa por verme. Al fin de cuentas, la zona del hospital no es muy bonita, aún siendo un centro privado. Por alguna razón quisieron construir en el edificio original y eso incluía la población drogadicta que lo rodeaba.

En resumen, el lugar casi perfecto para engañar a tu novia o ser el sucio secreto de alguien sin que te delaten. Todos en la zona tienen mentiras que preferirían dejar bajo la alfombra.

–Vengo a ver a mi hermano – respondo.

–Ah, cierto. El muertito.

Reprimo el impulso de partirle la cara tanto que hasta siento cómo me duele la mano. Es un idiota, pero sabe provocar a la gente, así que espero por más, y rezo por ser lo bastante civilizado como para aguantar.

–¿Y qué tal está? – pregunta despreocupadamente.

–Sin cambios. Pero soy optimista. Él es fuerte y muy cabezota, así que no se va a morir si eso significa simplificarme la vida.

Obviamente Mirco siempre fue un terco hasta el cansancio, pero si él muriera, yo sería otra persona. Una más errática y enojada de lo que soy. Una versión irreconocible de mí mismo que me llevaría a lugares muy malos. Y de ninguna forma haría mi vida más fácil.

No quiero ser así, por lo que le conviene a mi hermano no morir.

–Yo no sé qué haría si tuviera que cuidar de un familiar medio muerto tanto tiempo – dice – Debe ser una mierda.

–Gracias al cielo, solo eres responsable de tu propia mierda. Y a veces ni eso ¿no?

–¿Qué quieres decir?

¿Además de la mierda que se mete en el cuerpo? Podría enumerar un sin fin de cosas, pero tal vez la que más le duela ahora sería...

–¿No era Fer la que se fue hace un rato? Parecía algo agitada, y con los labios casi tan hinchados como los tuyos.

Por reflejo, Isaac se pasa la mano por los labios y se da cuenta que los tiene pintados de un tono que solo puede ser labial.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.