La madre de Ian parece salida de una sesión de fotos y sospecho que por eso tiene una sonrisa falsa trabada en el rostro. Su padre no ha quitado la vista de mi escote en toda la hora que llevo parada en esta recepción. Y la hermana tiene la imperiosa necesidad de recordarme que mi vestido no es de un diseñador italiano.
En medio de todo ésto, está mi supuesto novio, actuando como si yo tuviera el privilegio de su compañía y el novio de su hermana no fuera mejor que él. Aunque lo es.
Digo, nadie es superior a Noah, en lo que a mí concierne. Pero entre un adolescente que se cree influencer en las redes sociales y un inversionista de Wall Street, aún con los riesgos propios del cargo, ¿a quién elegiría una chica?
–Y así nos conocimos – la hermana (si, lo siento, no tengo intención de recordar su nombre, así que solo voy a decirle Ella) había estado contando cómo atrapó a un hombre tan educado como Daniel, pero claramente mi cerebro no creyó que fuera importante escucharla.
–¿Y cuánto tiempo llevan juntos? ¿Dos semanas? – Ian no está muy feliz por Ella. Todavía intento decidir si es porque Daniel es un encanto o porque simplemente el amor familiar es algo que no existe en esta casa.
–Más tiempo que tú y esta... ¿cuál era tu nombre, cielo? – preguntó ella dirigiendose a mí.
–Roma. Como la ciudad italiana – respondo.
Ella frunce los labios con notable desagrado. Puede que ahora sí me interese pensar en su nombre, solo para descubrir que no es tan glamoroso como el mío. Creo, de hecho, que esa idea no es mía, y los pensamientos narcisistas de Noah se filtraron en mi cabeza. Y me encanta, es como tenerlo cerca.
–Estamos juntos desde hace casi un año, hermanita – responde finalmente Ian.
–Ah claro, y no la presentaste porque...
–Porque no necesito validar mis relaciones con la opinión de mis padres, como es tu caso.
Ian y Ella tienen claros conflictos fraternales, originados, creo yo, por la muerte de su hermano hace tantos años. Nunca supe bien la historia, e Ian jamás me la contaría de buena fe. Aunque tampoco tenemos esta clase de relación como para que yo le pregunte interesadamente.
Solo sé que eran tres hermanos, uno falleció e Ian fue "parte responsable" de ello. Supongo que no estaría de más investigar el asunto, si se da la oportunidad. Digo, de algo habrá de servir tener un arma tan filosa contra mi querido falso novio.
Por el momento, solo quiero pensar en sobrevivir a esta noche, y a estas personas.
–Y Roma – dice la madre – ¿Cómo te va en el instituto?
–Excelente. Adoro las clases.
–¿No te parece que estudiar un curso avanzado de literatura es una pérdida de tiempo? – el padre cambió de intereses: mi pecho por un vaso (o treinta) de whisky – El mundo real necesita profesionales de verdad.
–Estoy de acuerdo – respondo – ¿Qué sería de la humanidad sin doctores, abogados e ingenieros?
Previendo que ese no es el final de mi respuesta, Ian posa una de sus manos en mi espalda y la presiona ligeramente. Una advertencia de que mis palabras podrían tener futuras y negativas consecuencias.
–Pero no es solo la razón y el cerebro lo que nos separa del resto de seres vivos, señor – continúo – También está la pasión, el arte y la creatividad. Cualidades que pueden encontrarse perfectamente en la escritura.
Se formó un silencio segador que me generó más satisfacción de la que debería. Aunque tengo la sospecha de que no duraría lo suficiente.
La señora de la casa, que hasta ahora solo parecía limitarse a verme con superioridad, ahora me extiende la botella de vino y sirve mi vaso sin permiso.
–Le agradezco pero no tomo alcohol – le informo mientras alejo la copa de mí temiendo que alguna de estas personas, incluído Ian, la arroje sobre mi vestido nuevo.
–No importa que no lo tomes, querida – dice la mujer – A lo mejor tenemos suerte y el aroma te marea lo suficiente para no decir estupideces.
El padre de Ian y su hermana se ríen de una forma poco discreta. Puedo tolerar eso. Lo que no soporto es la vergüenza teñida en el rostro de Ian. Él me arrastró a esto y ahora quiere fingir que yo soy el problema.
Me dispongo a respoderle a la señora, porque puede que si esté fuera de lugar en esta cena, pero el límite de lo que puedo tolerar en cuestión de degradación personal, fue cruzado hace varias horas. Sin embargo, Ella no me deja ni emitir una palabra:
–Parece que al final no tenemos esa suerte.
–Amor... – Daniel intenta reprimir los impulsos de ser una perra de su novia pero no tiene más éxitos que yo al intentar no odiar a toda esta gente.
–¿Qué? – pregunta "credulamente" Ella.
Ya sabía que esta noche sería un desastre. Una prueba más de que todo el mundo es una basura, y las pocas excepción que existen, como Daniel en este caso, no pueden hacer lo suficiente para hacer del mundo un lugar menos horrible.
Ni siquiera soy capaz de degustar la comida como corresponde porque el nudo que guardo en la boca del estómago solo puede deshacerse gritando que se vayan todos al infierno, sin boleto de retorno.