Odio llamar la atención.
Lo he hecho siempre y por alguna razón, siempre termino en el centro de todo.
Hasta ahora, que eso pasara solo era un dolor de muelas, algo que tendría que aprender a sobrellevar como todo lo demás en mi vida. Hasta ahora... no había sentido la adrenalina y el gusto de que todos voltearan a verme. De que dejaran sus copas, sus charlas triviales y sus patéticas vida a un lado para mirar mi rostro, luego mi brazo, y finalmente mi mano, la cual se aferra con mis dedos entrelazados entre los de Noah mientras entramos al bar.
Puedo escuchar a la distancia la voz de Perla indignada. El crujir de sus dientes por la rabia. No pensé que fuera a disfrutarlo tanto, pero Dios sabe que no puedo borrar mi sonrisa ni aunque lo intentara.
Noah está casi tan emocionado como yo. Lo noto en sus ojos, la forma en que brillan como si su malicioso plan secreto finalmente llegara al puerto que corresponde. Y en su sonrisa. Obviamente no muestra los dientes y se forman sus hoyuelos como cuando estamos solos. Es una sutil, discreta y pequeña sonrisa de zorro astuto que me llena de seguridad Aunque tenemos motivos diferentes para estar tan en paz.
Yo estoy feliz de poder dar un paso en mi vida que no requiera pensar demasiado, ser cautelosa y pensar en el peor escenario que debo evitar a toda costa. Él, bueno, está en las nubes porque puede presumir nuestra relación y eso lo lleva a la dulce espera de que alguien venga a decirnos que está mal para poder sacar toda la ira reprimida de los últimos 10 años de nuestra vida.
Una pequeña parte de mi espera que eso pase esta noche, pues me daría una satisfacción casi tan excitante como la noche que nos espera solos en una habitación de hotel.
Esto solo es el juego previo, y está a punto de volverse más dulce todavía, cuando veo al trío de brujas acercarse a nosotros.
—Tus amigas se acercan — dice él volteando para verme.
—Si vamos a mandar todo al demonio, olvidémonos de eso de las "amigas" ¿si? Arruinan mi noche feliz.
—Lo que desees — besa mi mano con delicadez — No tardes.
—Lo mismo digo.
Noah se aleja hacia la barra para pedir algo. Bueno, en realidad para fingir que algo no le da asco del menú mientras nos da privacidad. Las chicas llegan en manada con una mirada que refleja tanto confusión como desagrado. Como si no les hubiera pedido permiso para entrar al bar con Noah de la mano.
Como voy a disfrutar esto.
—Hola, chicas — sonrío — ¿Pasó algo? Se ven... arrugadas.
—¿Disculpa? — Perla, sin sorpresa, resulta ser la más ofendida.
—Si, justo en el ceño — señalo la zona con el índice y me deleito al verla pasar su mano por la frente.
—Perla, eso no importa ahora — dice Maira — Roma, ¿qué carajo pasó?
—¿A qué te refieres?
—¿En serio? ¿Vamos a fingir demencia y olvidar que Noah Velaz te besó la mano hace menos de un minuto frente a todo el mundo? — Fer está más enojada que confundida, lo cual me deja, lo admito, perpleja. ¿Por qué le molesta tanto que tenga novio? Odiaría pensar que es porque siente algún tipo de atracción hacia mi, pero no me deja muchas más opciones.
—Pues me ha besado en partes mucho más interesantes en la última hora, pero eso no es apropiado hacerlo en público así que tuve que reprimirlo un poco.
Si bien me estoy regodeando con esto, no es del todo falso que tuve que ponerle un freno a Noah. Si hubiera dependido de él, habríamos entrado a este bar de una forma muy diferente y escandalosa, que me hubiera incluído a mi sobre su hombro y a él gritando "¡Es mía, hijos de puta! El que se acerque, muere".
Dios, de solo pensarlo siento un poco de vergüenza y algo, solo algo, de excitación.
—No te queda el papel de tonta, Roma — dice Perla, que parece haber olvidado su preocupación por las arrugas tempranas.
—Que raro, llevo interpretándolo muchos años y nadie nunca se quejó.
—No confundas "tonta" con "insulza"
Auch.
Solía pensar que el ego de una persona solo puede aguantar hasta cierto punto. Ahora que me he liberado finalmente de cualquier expectativa, represalia o consecuencia por parte de personas que me importan un carajo, creo que el ego no debería aguantar nada si el daño viene de personas como estas chicas.
Estúpidas. Altaneras. Falsas. Hipócritas. Y mentirosas.
Me preparé jugar, así que... juguemos.
—Cierto -– respondo — Tonta es Fer por pensar que su novia va a salir del armario algún día de estos.
—¡Ey! — dice la damnificada.
—Tonta — continúo — es Maira por revelar borracha secretos muy importantes en los baños públicos como si estuviera en su casa.
Maira no reacciona de inmediato. Pero seguro que muchas escenas del pasado pasan por su mente justo ahora y una de ellas debe ser reciente, porque se pone pálida como la nieve. Su novia la mira esperando una respuesta, pero ella solo baja la cabeza.
Y la cereza del postre.
—Tonta eres tú, Perla, por pensar que robarte a mi novio falso iba a afectarme. Por haber robado mi trabajo solo porque no eres capaz de crear algo con esa mente disecada que tienes en esa cabeza hueca sobre tus hombros anchos y caídos.