No es común que haya cena familiar en mi casa.
Honestamente, creo que mis padres no reconocen la palabra "familia" en su vocabulario. Eso explicaría porqué sus hijos biológicos son dos psicópatas.
Más esta noche parece que recordaron ser nuestros padres. Mamá cocinó guiso de carne con papas. La palabra clave es "cocinó", no pidió por delivery o le encargó a la vecina que lo preparara. Ella, con sus manos, lo hizo para nosotros. Mientras papá se ocupó de la mesa, y hasta compró flores para adornar el centro.
La verdad, a primera vista, nada en su comportamiento me resultaba común para ser ellos. ¿Habrían sido abducidos por aliens? ¿O es que finalmente van a cometer homicidio-suicido con sus hijos? Sea lo que sea, no voy a ser la primera en degustar la comida.
Dylan y John están menos contentos que yo por asistir a este repentino espectáculo al que poco nos acostumbramos en la vida familiar. El violento mayor toma su lugar frente a mi, mientras el enfermo mental, como de costumbre, se sitúa a mi lado.
Todavía me incomoda estar cerca de ellos. Fueron muchos años de maltrato, dolor y trauma. Pero ahora me siento diferente, más fuerte. Es como si aquello que me ataba a la clandestinidad y al miedo simplemente se hubiera hecho tan pequeño que pudo aplastarlo con mi dedo meñique.
Obviamente solo es una ilusión. Dylan aún puede hacerme daño. John todavía puede alzar su mano y sencillamente tocarme. Más mi reacción, por más temblorosa que pueda ser al inicio, nunca será la misma.
Pienso pelear, y usar cada arma en mi arsenal para ganar.
Al cabo de un rato, con el plato de comida frente a nosotros y las copas llenas, nuestros padres revelan el misterio.
—Hoy es nuestro aniversario — dice papá — Hace mucho tiempo que no lo celebrábamos pero este año es especial.
—Si — continúa mamá — Porque nos dimos cuenta que ya todos ustedes son mayores, no nos necesitan y es tiempo de darnos prioridad como pareja.
Contengo la risa de una forma inexplicable. ¿No los necesitamos? ¿Tiempo de pareja? Para iniciar, sus hijos biológicos llevan abusando de mi hace años, ¿en qué momento dejé de necesitarlos como protectores? Y además, llevan casados años y recién ahora les preocupa su tiempo de pareja.
¿Qué clase de daño cerebral tienen estas personas que me adoptaron?
Con padres así, no sé de qué me extraña la forma insana en que se criaron sus hijos.
Pero mientras ellos dan su discurso de autodescubrimiento del amor y basura que seguramente sacaron de algún libro de autoayuda para sectas, mi mente se concentra en otro problema inminente mucho más urgente. La mano escurridiza de John.
Mi hermanastro, aunque odie admitirlo, tiene tendencias muy parecidas a las de mi novio cuando me tiene cerca. Como que no puede evitar tocarme, mirarme o hacerme sentir que soy el centro de su universo. Cuando Noah lo hace, me siento una diosa iluminada por la buena suerte. Cuando John lo hace, quisiera perder la cabeza bajo una roca cubierta de moho.
Ahora su mano se arrastra por mi muslo, como ha hecho tantas otras veces. Su mirada está puesta en sus padres y su palabrería, mientras traza un recorrido con los dedos que me conozco bien. Sin embargo, esta noche no va llegar tan lejos como cree.
Obviamente mi querido hermano no entendió el mensaje de Noah la otra noche. Así que me tomo el privilegio de recordarselo.
Con calma y paciencia, uso mi mano para cubrir la suya. Dejo que piense que planeo entrelazar nuestros dedos en un acto de cariño y aceptación, y en el momento de más calma y emoción, siento en mi mano cómo se rompe el hueso de su dedo índice, y veo la presión en su mandíbula tratando de evitar el alarido de dolor que le provoqué.
Dios, hasta podría tener un orgasmo en este momento de solo ver cómo se retuerce en sí mismo solo para que sus padres no noten que le acabo de dislocar un dedo.
Me pregunto qué es lo que más le molestaría. ¿Tener que ir al médico? ¿O que su hermanita sumisa y retraída le haya puesto fin a su travesura.
Sorprendentemente, mi hermanastro aguanta otra hora sin usar la mano y sin demostrar que ha sido herido por su víctima favorita. Sin embargo, es humano y tan pronto como la cena se da por acabada, sale corriendo a su habitación dejando atrás solo el sonido de un portazo.
Me regodeo en mi pequeña victoria. Y estoy lista para otra tan pronto como Dylan me siga a las escaleras tal y como lo había planeado.
—¿Qué le hiciste? — pregunta irritado mientras me sujeta fuerte del brazo para detenerme.
Es increíble como un acto de violencia que antes me causaba pesadillas, ahora me provoca gracia.
—¿Desde cuándo te importa tu hermano? — le provoco.
—Responde
—Solo le recordé que no debe tocar lo que no le pertenece. Ya era hora de que lo hiciera.
—¿Crees que ese imbécil nuevo con el que sales te va a proteger de todo? No tiene ni idea de dónde se mete.
—Ese imbécil lleva en mi vida más tiempo que tú. Y a juzgar por la forma grandiosa en la que te puso en tu lugar dos veces, yo diría que sabe bien lo que hace.
Es una pena que la mente diminuta de Dylan no aprenda rápido cuando está en desventaja. Ya no tiene las de ganar pero se rehúsa a aceptarlo jugando al machito con poder. Eso solo hará más dulce su caída.