Roma y yo decidimos vernos a la salida de su cafetería favorita. Hacía años que no pasamos por ella, porque solía ser un lugar donde ella era fácil de encontrar para sus hermanastros. Y además, no quería que sus "amigas" ocuparan el lugar como si les perteneciera.
Ahora podíamos ir tantas veces como lo desearamos y ella es feliz con sus scones de queso y su chocolate caliente.
Llego a la entrada y la veo en el mostrador pidiendo lo nuestro. Decido no entrar. Aunque me encanta que nos vean juntos y que todo el mundo sepa que es mía, a veces prefiero mantener un poco la distancia. Es algo que extraño de nuestra relación clandestina, solo un poco: que la gente la mire a ella y no al todo que somos juntos.
Es fácil mirar a una chica como Roma y pensar "es hermosa, divertida y llena de vida". Caer en esa red de encantos que en realidad esconde muchos secretos. Pero cuando la ve a mi lado también piensan "que pareja más extraña, no van a durar, ella podría conseguir algo mejor". Y esa sensación de no ser suficiente, aunque injustificada, me llena de tristeza e impotencia.
He luchado toda la vida para estar cerca de Roma, ser el hombre que ella siempre a necesitado. Y rara vez me he preguntado si también soy lo que merece. Rara vez me ha importado.
Sin embargo, estando a la vista de todos, esas habladurías tienen cierto peso inevitable. Trato de acallarlas pensando en todo lo que hemos vivido, todo lo que nos ha pasado, y que al final solo importamos ella y yo.
A la mierda los demás.
Casi siempre funciona.
Me quedo mirándola, en especial su sonrisa. Adoro que vuelva a mostrar su verdadera sonrisa en público como la mujer fuerte y hermosa que es.
Anoche tenía mucho miedo que todo lo que hizo le borrara esa mirada de alegría por que por fin estamos juntos. Allanar en casa de papá fue un paso arriesgado pero mi Roma es la mejor, siempre la mejor. Y además se enfrentó a Dylan, lastimó a John. ¿Cómo no maravillarme de lo increíble que es?
Mis pensamientos son interrumpidos por dos buitres que se cansaron de revolotear y finalmente vienen a ver si queda algo de mi humanidad por picotear.
—Ahí está — escucho la voz molesta de Fer acercándose a mí, con su "fiel" novia a su lado — Tú.
—Yo — respondo.
—Todo es tú culpa.
—Tendrás que ser más explícita. He estado muy activo estas semanas
—¿Arruinando vidas?
—Reparando errores. Y creeme eres uno de ellos, pero aún no es tu turno.
—Eres un asno
No puedo hacer más que mostrar mi mejor sonrisa gatuna. Si cree que un insulto como ese va a hacerme algún daño, es que en más tonta de lo que aparenta.
—Noah — dice Maira — Desde que tú y Roma están juntos ella parece otra persona.
—Una perra, es lo que quiere decir — agrega sin permiso su novia.
—Fer...
—Es cierto. Nos ignora, y cuando no lo hace, nos trata como basura.
—Como lo que son, básicamente — murmuro sin mucha discreción.
—¿Disculpa?
—Se me ocurren muchos nombres para un par de tontas como ustedes que traicionan a una amiga en beneficio de otra, solo por aceptación social. Y "basura" es de lo más ligero de esa lista. Roma es más educada que yo, eso seguro.
Nunca tuve un problema con estas chicas más allá del hecho que de nunca fueron verdaderas amigas para mi ángel. Solo estaban ahí, como bultos con ojos que usaban la etiqueta de la amistad para valerse de cosas.
Sus vidas privadas, sus problemas, siempre fueron asunto de Roma. Pero ahora tiene un problema real con cómo es ella, y eso las convierte en un problema real para mí.
—No traicionamos a nadie — dice Maira — Ella plagió el trabajo de Perla.
Tal vez es un buen momento para ser un poco más... agresivamente claro con estas chicas.
—Ay Maira – dijo en un suspiro — Siempre tan dulce e inocente de la vida. No, lo retiro. Siempre tan astuta haciéndole creer a todo el mundo que eres estúpida.
—¡Oye! — la defiende Fer.
—Los tres sabemos que el único objetivo de Perla es ganarle a mi ángel. Solo quiere ser la mejor, y como su torpe cerebrito no fue capaz de hacer algo básico, como escribir una historia, tuvo que robar la de Roma
—No tienes pruebas de ello — dice Maira.
—No necesito tales pruebas. Las cosas caerán en su lugar, más temprano que tarde, ahora que yo manejo los hilos.
Antes, desde las sombras, era mucho más fácil dirigir a los actores en escena. Todos creían que eran sus ideas, sus acciones, sus decisiones. A la vista de todos no es mejor ser director pero tiene sus ventajas. Como las amenazas. Ya soy libre decirle a la gente en su cara que debe cuidarse de mi y mantenerse alejado de mi Roma.
Es una satisfacción que no había sentido antes.
Doy por acabada la conversación cuando Fer toma la muy mala decisión de provocarme.
—Eres un monstruo — dice mientras su dedo índice me golpea el pecho — Y ella un demonio. Se merecen el uno al otro.