Nunca había estado en una comisaría antes.
Ni siquiera había pasado frente a la puerta de una.
Esto es emocionante. Me siento estúpida por sentirme así, en especial considerando lo que tengo que hacer, pero sí es emocionante.
La gente uniformada se mueve por todas partes. Estamos algo perdidos hasta que un hombre de traje se acerca a nosotros y le extiende la mano a Noah.
—¿Noah Velaz? Soy el oficial Ramirez, hablamos por teléfono.
—Si, claro. ¿Qué tal? — responde él estrechando su mano — Ella es Roma, mi novia. No quiso dejarme solo en esto.
—Que considerada — dice el policía con un tono que no sé si clasificar como desprecio o desinterés.
Si algo nos han enseñado las novelas policiales y los dramas televisivos, es que los agente del cuerpo de policía no están destinados a tener vidas amorosas exitosas. Vaya una a saber qué clase de divorcio desastroso o engaño descubierto haya tenido este hombre con la última mujer a la que llamó "novia".
—Entonces, señor Velaz — dice el oficial — Entiendo que le leyeron sus derechos.
—Lo hicieron.
Vaga y velozmente, pero si, fue de las primeras cosas que nos dijeron al entrar. Quedé un poco decepcionada que no fuera como en las películas.
—Y no tiene ninguna pregunta al respecto – continúa el oficial.
—No la tengo.
—¿Y le queda claro que dada la enorme cantidad de evidencia contra su padre, esperamos que usted solo confirme lo que ya sabemos?
—Me queda claro, aunque no puedo jurar que lo que vaya a decirles sirva a ese propósito.
Por supuesto que servirá a ese propósito. No tendría sentido nada de lo que hicimos de lo contrario. Pero si Noah, con su tono tranquilo y su mirada apacible, logra convencerme hasta a mi que solo es un hijo velando por el bienestar de su padre, entonces este agente no tendrá ni la sombra de una duda de ello.
—Bien. La señorita puede retirarse.
Es momento de hacer el papel de novia.
—¿No puedo acompañarlo? — pregunto muy (muy) pegada al brazo de Noah.
—Me temo que no.
—Tranquila, solo es una declaración — Noah me besa para continuar con el teatro — Aunque si no es mucha molestia oficial, quisiera que ella me esperara en alguna oficina cerrada.
—¿Disculpe?
—Esto es una comisaría, hay mucha gente desagradable en cada rincón, y ella es una mujer hermosa que llama la atención. Me sentiría más dispuesto a cooperar si sé que mi novia está en un lugar seguro.
El chantaje sutil de sus palabras no se le escapa al oficial. Noah es bueno para amenazar a la gente sin que se sienta presionada, pero cuando lo hace para que lo noten, es mejor. Su voz es un reloj hipnótico que va y viene para seducir a quien lo ve, así como para marcar la linea divisoria entre "tal vez podamos ser aliados" y "te conviene ser mi aliado"
—Miller — llama el oficial Ramirez en voz alta.
—Señor – un hombre alto, con corte militar, y unos troncos por brazos, aparece a nuestro lado mirando solo al oficial que le habló.
—Lleve a la señorita a la oficina de Gutierrez.
—Si, señor.
Creí que iba a sujetarme del brazo para sacarme de ahí, como si fuera a arrestarme en medio de un rodaje cinematográfico, pero solo se movió a un lado para dejarme paso.
Me volteo para besa a Noah y decirle que solo esté tranquilo y diga la verdad. Quien nada tiene que ocultar, nada tiene por temer. Admito que la hipocresía no me sienta tan cómodamente como allanar una casa o mandar al diablo a las que eran mis amigas. Es como escupir ácido.
Dicho eso, me encanta jugar a la novia preocupada. Me hace sentir que todos los años de niña indefensa y abusada sirvieron de guía para que la gente baje la guardia conmigo y así yo pueda hacer lo que debo hacer.
El policía Miller camina delante de mí con un paso firme que ya tiene entrenado. Insisto en que este gigante debió ser militar y superhéroe en otra vida. No se detiene para ver que sigo sus huellas, sino para abrir la puerta y darme paso.
—Gutierrez — llama a la única persona que está dentro de esta oficina, quien por alguna razón se espanta al oír su nombre.
—¿Si?
—Te toca cuidar a esta chica.
—¿Qué?
—Lo que oyes. Órdenes del oficial a cargo.
—No soy una puta niñera.
—Por la próxima hora, lo eres.
Miller se retina tan firme y recto como entró, dejándome sola con esta mujer. Si, una mujer. No sé porqué no lo noté antes. Tal vez su cabello tan corto me confundió, o que se sienta encorvada. Seguro fue el uniforme enorme que lleva puesto y cubre sus pechos con eficiencia.
En fin, el punto es que una policía tiene la orden de no quitarme el ojo de encima. Ergo, puede que esto no sea tan fácil.
¿Un hombre? Hubiera sido pan comido manipularlo para que me dejara sola y así acceder a la computadora. Pero una mujer que trabaja en un ambiente dominado por falos... esa es otra historia. Más como dije, llevo toda la vida entrenando mi cara de ángel. Es momento de sacar provecho real de ella.