Masquerade

31. Noah

De niño me gustaba el ajedrez, hasta que me volví tan bueno, tan imbatible, que comencé a aburrirme rápidamente. Hasta lo he llegado a considerar un cliché más para los niños genios del mundo.

Pero hay una cosa del ajedrez que sigue pareciéndome poéticamente caótica, lo cual le da cierta belleza. Tantas reglas y jugadas diferentes, tienen un único objetivo: matar al rey, la cabeza supuestamente dominante del tablero que no es nada sin su querida reina.

Siempre me he sentido identificado con esa idea.

Yo difícilmente sería algo en esta vida si Roma no estuviera a mi lado

Ah, claro. También aprecio la tragedia griega de sacrificar a los peones en pos de la monarquía. Y bueno, yo creo que acabamos de quitar varios de esos de nuestro camino exitosamente.

Sé que soy brillante planeando pero de verdad me sorprende que todo esté saliendo a pedir de boca.

Hasta ahora...

Roma y yo nos quedamos parados frente a la puerta de su casa. Tenía muchas ganas de llegar y comenzar a empacar todas las cosas importantes para ella. Poner todo en una bolsa de plástico de ser necesario y salir corriendo.

En serio estaba esperando este momento. Y resulta que ahora no soy capaz de dar un paso, aún con la mano protectora de Roma sujetando la mía.

Siento un poco de incomodidad, de miedo. Siempre pensé que daría lo que fuera por ser un novio normal, que lleva a su chica a casa y la deja en la puerta delantera con un beso tierno. Que saluda a la madre con una sonrisa inocente y al padre con un apretón de manos.

Una fantasía encantadora que se queda solo en eso. No soy normal, y no importa cómo quiera disfrazarlo, los padres adoptivos de Roma me odiarían.

—¿Qué pasa? — ella presiona mi mano.

—Es un poco raro que entre a tu casa por la puerta delantera.

Roma mira la puerta intentado ver lo que yo. Una aterrador portal que nunca había enfrentado antes. Al notar mi miedo incoherente, se para frente a mi para bloquear la vista, y como es más baja que yo, tiene que mover mi cabeza para que solo vea sus preciosos ojos.

—¿Quieres trepar por la ventana? — bromea.

—No. Aunque siempre pensé que te parecía romántico...

—Me lo parece.

—...creo que me gustaría entrar a la casa de mi novia como debe ser, sujetando su mano con orgullo.

Creo cada palabra que digo con el corazón. Ese órgano traicionero que solo hace algo bien cuando ama cada día más a esta mujer. Y esa mínima acción tiene un poder inmenso en mi persona.

El miedo no desaparece, pero se hace tan pequeño que soy yo quien avanza primero para guiarnos al interior de la casa.

Admito que las vistas son diferentes a lo que esperaba de la entrada. Así como sé reconocer que no son mejores que la ventana de Roma. Su habitación es el único lugar de este montón de ladrillos que realmente me ha interesado alguna vez.

—¿Qué se siente ser un novio normal? — pregunta ella.

—Lo sabía.

—¿Qué?

—Ser normal es tan deprimente.

Roma sonríe y me besa en la mejilla.

No pasan ni dos minutos antes de que la madre de mi novia se presente ante nosotros. Al inicio se ve algo de esperanza en sus ojos, pero pronto solo veo decepción, incluso odio. Vaya reacción al ver a su supuesta hija.

—¿Miren quién tiene el valor de aparecerse? — dice la señora. No gusta nada su tono.

—¿Mamá? — dice Roma — ¿Qué pasa?

—¿Vas a fingir que no sabes lo que les ha pasado a tus hermanos? Que coraje, niña malcriada.

De inmediato, ambos entendemos que la ausencia de Dylan y John ha golpeado a sus padres como no creíamos posible. Es decir, por favor, estas personas han ignorado a sus hijos casi toda su vida. ¿Por qué les importa que hayan caído presos por algo que en realidad sí hicieron?

Roma me mira con cuidado. Presiono su mano tres veces con suavidad. Usábamos ese código de niños para que el otro supiera cuándo disimular.

Tal vez estábamos en un parque en plena tarde, yo le robaba un beso pero sus hermanos llegaban y ella debía fingir que no me conocía.

O Roma me visitaba en el hospital cuando me lastimaba "por accidente" y justo cuando mi padre llegaba, ella debía fingir que se había perdido entre los pasillos.

Ahora necesito que ella olvide que plantó evidencia contra sus hermanastros el tiempo suficiente para activar el dispositivo que bloquea señales. El cual guardo celosamente en mi bolsillo. Nunca creí que le daría tantos usos en un solo día a esta cosa, pero no me ha fallado ni una vez.

Roma recibe el mensaje y pone su mejor cara de niña buena.

—No entiendo de qué hablas — afirma.

—¡Lo que yo no entiendo es qué te hemos hecho para que arruines de esta forma nuestra familia! Te adoptamos, te criamos con cariño, un techo, comida, educación. ¿Y así nos pagas?

Me sorprendo a mi mismo conteniendo una risa ante la hipocresía de esta mujer. ¿Cariño? Debería aprender a buscar en el diccionario si cree que lo que ha dado a mi ángel fue cariño todos estos años.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.