Voy a desconectar a mi hermano.
Es la frase más dolorosa que he dicho en toda mi vida y no por eso es menos cierta.
Mirco tuvo 3 ataques más desde la última vez que supe que esto estaba pasando. En el último su corazón se detuvo 5 minutos completos, luego regresó pero lo perdieron por otros 10. Pensé que ese era el final y yo no estaba ahí para acompañarlo.
Es algo que nunca me hubiera perdonado.
Tras el parte médico, me enteré que algunos de sus órganos no solo estaban fallando de manera constantemente sino que directamente eran bultos dentro de su cuerpo que ya no sirven para nada.
Su pulso es débil cada segundo que pasa. Ya no puedo sentirlo ni haciendo presión contra su cuello.
Se ve como un fantasma y apuesto a que él se siente como uno. Eso le gustaría, estoy seguro, pero a mi me destroza las esperanzas.
Hace unos días volví a conectar con mi madre. Si bien soy legalmente tutor de Mirco desde que nuestro padre fue arrestado, ella todavía tiene parte de la custodia, así que será un proceso más rápido y sencillo (burocráticamente hablando) si ella también firma los papeles.
No quiero verla. Es la última persona que se merece estar en mi presencia y verme comportarme como un ser humano civilizado contra toda mi voluntad. Más accedió a venir para que el trámite no se demore por la larga distancia.
No voy agradecerle, solo a relajarme porque tuvo buen juicio una vez en su vida.
O al menos eso espero. Llega 30 minutos tarde.
—Seguro no le falta mucho — dice Roma a mi lado. Mi roca, mi apoyo incansable.
Ha estado más pendiente de mi y de mi hermano que de su beca y sus proyectos. La veo anotar ideas en su libreta todos los días, pero no recuerdo la última vez que se puso frente a la computadora a escribir de verdad.
Odio eso.
Escribir la relaja, le ayuda poner en papel lo que vuela por su cabeza.
—Si es que está viniendo — respondo.
—Lo hará. Sabe que irás tras ella si no es así.
—Tal vez me perdió el miedo. No la he perseguido en todos estos años.
—Solo porque Mirco está aquí. Ella sabe que es tu ancla a este lugar.
Mi ancla. Roma es mi vida entera, mi luz, mi ángel. Pero mi hermano es mi ancla a la tierra. Me recuerda, incluso dormido, que puedo llorar y sangrar como todos los demás. Que que todavía está en mi el dolor de ser una persona como cualquier otra.
Al cabo de otros 20 minutos, la que se dijo mi madre una vez llegó caminando a paso ligero por el pasillo.
Está mucho más vieja y decaída de lo que la recordaba, y se supone que su nueva vida la hace feliz. Bolsas bajo los ojos, uñas quebradas, ropa desalineada, cabello mal cortado. Como una drogadicta saliendo por primera vez de rehabilitación solo para buscar a un nuevo dealer.
—Noah — me saluda al verme.
Me pongo de pie y camino hacia la oficina del doctor. Le abro la puerta a Roma y mi madre aprovecha la oportunidad para pasar también.
El médico nos repite otra vez lo que significa retirar el apoyo vital. Las consecuencias y el proceso, paso a paso. Lo único que no entiendo de esta explicación es porqué los doctores la dan. ¿Creen que la gente que no estudió medicina va a entender todo lo que dicen? ¿O que las personas realmente se interesan por saber qué tipo de reacción dolorosa va a tener su ser amado cuando deje de respirar artificialmente?
No quiero saber nada de todo eso aunque mi cerebro ya lo tenga grabado a fuego. Solo quiero liberar a mi hermanito de su dolor de una vez por todas.
—Entonces — dice el médico — ¿Alguna pregunta?
—Ella no debería estar aquí — dice mi madre, señalando sin discreción a mi novia — Creo que este es un asunto familiar y ni siquiera sé quién es esta chica.
Genial, ahora no solo tengo que pensar en Mirco sino también en formas de matarla por insinuar que Roma no tiene derecho a estar cuando es la única mujer en esta oficina que si lo tiene.
—Esta chica es la única mujer en la vida de Mirco que le mostró amor de verdad, incluso estando él en coma — respondo — Tiene más sentido que ella esté aquí y no tú.
—Soy su madre.
—Solo lo pariste, el resto de la paternidad vino de mi parte.
—Creo que todos deberíamos respirar y calmarnos — dice el doctor — No es nada fácil por lo que están pasando, pero les aseguro que es la decisión correcta.
—No lo es — murmura Roma.
—¿Qué dijiste, niña? — dice mi madre con incredulidad — Mi niño sufre cada día más. Nunca debí firmar el rechazo hace semanas. Su padre era un inútil pero tenía razón en esto. ¿Y dices que no es lo mejor para él?
No abro la boca por miedo a morder su cuello y arrancar su carótida de un cuajo. Lo había olvidado, lo mucho que ella se parece a su ex marido. Ambos venenosos, ambos escorias sin corazón.
Prefiero guardar silencio y dejar que esto termine pronto.
Además, Roma no necesita que la defienda. No de esta mujer.