Savannah estaba perpleja ante la sensación de los labios de Theo sobre los de ella. Sabía que eso estaba mal, pero no se separaba. No tenía fuerza para hacerlo.
Por un momento, él se separó. Sus ojos se abrieron para mirarla, pero no dejó que pasara mucho tiempo cuando la volvió a besar con más pasión. Los labios de la rubia eran dulces, suaves y sabían a flor silvestre, a calma, a lugar seguro. Theo estaba asustado, sin embargo, no se detenía. Había descubierto una nueva adicción: los labios de Savannah Peterson.
—¿Qué estamos haciendo? —susurró Vannah sin aliento. Sus ojos permanecían cerrados, sus respiraciones se mezclaban y el toque de sus narices daban pequeñas chispas sobre sus cuerpos.
Se habían dejado llevar por la tentación, el deseo y la fuerte atracción que sentían. Ninguno de los dos estaba seguro de qué iba a pasar luego de esto, pero de lo que estaban seguros era que el beso les gustó.
—Dejándonos llevar —respondió él de la misma manera, sin aliento, sumido en su nueva adicción—. No sé qué me sucede contigo, pero debía hacerlo.
Theo comenzó a tocar suavemente los labios de la rubia, con un mínimo roce hacía que sus piernas se tambalearan aún más. Era intenso, era una sensación plena, pero estaba muy confundida.
—¿Podemos ir a la cascada?
El hombre la miró sin entender, pero se repuso, asintiendo y siguiéndola. Savannah estaba entumecida, era gelatina en ese momento, no dejaba de sentir un cosquilleo dentro de su estómago, sus labios picaban y su respiración ya no era la misma.
Nunca había sentido algo así. Cuando tuvo su primer pretendiente en la secundaria, los besos no se sentían de esa manera, no sabían igual ni hacían tambalear sus piernas. Ronny, su primer noviecito, el hijo de Vicent, la besaba a escondidas cuando no los veían luego de clases y se escondían en el granero, es por eso que el granjero la conocía; muchas tardes fue hasta allá cuando salía con su hijo.
Ahora él vivía en Nashville, se había casado y había tenido un hijo con una chica que conoció cuando fue a la universidad.
Pero cuando estuvo con él, nunca se sintió así. Ahora al besarse con Theodore, había sido totalmente diferente. Nada para igualar, es por eso que se sentía tan confundida, llena de miedo y con el pensamiento de que eso estaba completamente mal.
El agua descendía por su pequeño cause y hacía una especie de piscina cristalina, las rocas adornaban su alrededor y los árboles daban sombra. La pareja se acercó hasta la orilla, se quitaron sus zapatos y tocaron el agua. Se sentía un poco helada, pero refrescaba. Un ligero viento los arropó, calmando un poco lo acalorados que se sentían.
Theo no podía dejar de pensar en el beso, no se arrepentía, pero se sentía mal por Savannah. Ella no estaba del todo segura besándole, y la entendía. La había tomado por sorpresa, no se lo esperaba en absoluto.
—No entiendo por qué se siente tanta paz en este lugar —comentó ella, sintiendo el frío del agua en sus pies. Lo estaba disfrutando—. Es como si tu mente se despejara por un rato y el bullicio de tus pensamientos se apagase.
Su compañero se sentía igual, en la ciudad no se sentía para nada la paz que hacía allí. No importaba cuánto dinero tuviese, ni el poder que se le había otorgado por ser hijo de Zackary Jules, aquí simplemente era Theo: un hombre hablando de lo más tranquilo con una mujer que lo desarmaba cada vez que lo veía.
Porque la mirada de Savannah hacía que él se sintiera así. Cada vez que ella lo miraba, él se sentía vulnerable, como si lo conociera de hace mucho tiempo y que, si la dejaba conocerlo más, sabría sus más grandes secretos. Aun así, le gustaba pasar tiempo con ella, hablar con ella, hasta besarla... Aún no entendía cómo es que se sentía así si solo la conocía de hace dos semanas.
Se sentía como un niño asustado, pero lleno de energía cuando ella estaba cerca.
—Quizás sea eso, que no hay ruido, solo el sonido de la naturaleza —reflexionó Theo—. Aquí solo somos nosotros dos y la naturaleza. Nadie nos está viendo, juzgando ni diciéndonos qué hacer con nuestras vidas.
—¿Te gusta este silencio? —Savannah lo miró, y allí estaba él, sintiéndose visto una vez más.
—Me gustas tú, Savannah Peterson.
Allí estaba de nuevo, una Savannah sin saber qué decir. A veces se preguntaba dónde estaba esa mujer de boca viperina que le contestaba a todo mundo y no se dejaba de nimiedades, pero es que estaba perdida; cuando estaba con Theo no necesitaba esa coraza, no necesitaba estar a la defensiva, se sentía como un cachorrito esperando que lo acariciasen.
Estaba perdida.
—Solo digo lo que siento, no te asustes —secundó el hombre, dándole una sonrisa que intentara calmarla, pero eso hizo que las mejillas de Savannah se tintaran de color.
En ellos se había creado un silencio, solo los pájaros cantaban mientras ellos se veían, diciendo todo y a la vez nada a través de sus ojos. La rubia se sentía extraña a su lado, pero no estaba segura de que le gustase de la misma forma en la que él lo había dicho.
—Ven, vayamos a darnos un chapuzón —ofreció Jules, tomándola de la mano y llevándola hasta la altura de una gran ronca donde podían lanzarse al agua desde allí.
Savannah lo miro con suspicacia. La altura era bastante obvia, y probablemente el agua estuviese helada, así como se sentía sobre sus pies.
El californiano se rio de su cara, veía la caída y luego el rostro de la rubia. Ella comenzó a negar con su cabeza.
—Estás loco si crees que nos vamos a lanzar desde aquí, ¡está muy alto!
—Me he lanzado en paracaídas, esto es no es para nada alto.
—¡Pero yo no! —refunfuñó Savannah, viéndole como si le hubiese salido otro ojo y tres cachos al castaño.
—Podemos lanzarnos juntos —propuso él—, te tomo de la cintura por la espalda y nos aventamos al vacío.
—Eso suena a un suicidio múltiple.
Las carcajadas de Theo se escuchaban por todos lados. Negó, abrazando por detrás a Savannah y lanzándose juntos, haciéndolo de una vez sería la manera en que la rubia viviera la experiencia. Savannah no pudo ahogar el grito antes de caer, ambos se sumergieron dentro del agua; las manos de la chica buscaban desesperadamente el cuerpo de Theo, tratando de estabilizarse y no ahogarse.