Matices del corazón

Capítulo veinte

Savannah no encontró las palabras exactas para responderle a Theo, su corazón latió mucho más por él en ese momento: Jules no tenía miedo de enamorarse de ella, pero ella sí lo tenía. Sin embargo, tomó la decisión de vivir el presente, por lo que se acomodó en la cama y como pudo, se levantó, acercando sus labios hacia los de su jefe.

—Vale, confiaré en ti —dijo, dándole una sonrisa.

Theo se sintió feliz cuando lo besó, sabía que ella estaba rompiendo sus barreras y se estaba acercando a él.

Tomó la cintura de la rubia y la acercó más a su cuerpo.

—Me encantas, mi Rizos de oro.

Savannah con su cabeza levantada ligeramente para verlo a los ojos, se rio por lo bajo.

—No dejas de llamarme así.

El mencionado tocó su cabello y lo alborotó.

—No dejaré de llamarte así y de decirte que eres hermosa. —Volvió a besarla, le estaba encantando hacerlo a su gusto.

—¿Tú no te ibas a bañar? —inquirió ella riéndose al separarse.

—Ahora lo haremos los dos —sentenció Theo, arrastrando a Savannah al baño. Le quitó la sábana y ambos se metieron a la ducha, sintiendo de nuevo el fuego por el otro y volverse a encontrar en la pasión.

*

La lluvia había cesado, los rayos del sol comenzaban a salir y volver a calentar Normville. La pareja hizo su almuerzo, lleno de besos, toqueteo y risa, no paraban de tocarse. No le dieron un término a lo que tenían, pero disfrutaban del momento. Ambos lo habían decidido así, por lo que cumplirían lo acordado.

En la mente de Savannah se paseaba la idea de su exprometida y el supuesto bebé, por lo que a veces se sentía culpable por besarle y estar con él de esta manera.

—Terminemos de lavar los platos, vemos si la ropa se secó y volvemos a las carpas. Ya deben de estar los trabajadores allí, ya les avisé —anunció Theo, mirando por la ventana que estaba saliendo el sol—. Luego podemos volver a aquí o ir a mi casa.

Ella negó con su cabeza.

—Recuerda que tu exprometida sigue en el pueblo —le recordó, haciendo que Theo se pusiera ceño de un tirón.

—Prometo resolver ese problema, no nos molestará.

—Eso espero —siseó la rubia, volteándose para lavar los platos que ensuciaron.

Theo se dio cuenta de su cambio de humor, por lo que se acercó a ella, rodeándola con sus brazos por la espalda. Le dio un pequeño beso en la sien.

—No te pongas así, de verdad hablaré con ella para que me deje en paz. Quiero estar contigo, Vannah.

La rubia suspiró con pesar, tenía tantas dudas de estar con él, pero seguía confiando, dejando que su corazón se amoldara a la situación.

—¿Cuándo lo harás?

—Lo más pronto posible —respondió el castaño.

—Vale.

Luego de esa conversación, terminaron de acomodar lo que habían utilizado para cocinar, miradas iban y venían, pero un silencio se puso entre ellos hasta que subieron a la camioneta de vuelta al centro comercial.

—¿Estamos bien, Ricitos? —interrogó Theo, al notar que ella seguía sin hablar. La miró por unos segundos mientras manejaba.

—Lo estamos —contestó ella—. Solo sigamos siendo jefe y empleada para todos.

Él asintió, debían seguir así hasta que todo mejorara y evitar problemas. Sin embargo, quería vivir todo con ella, pero era su decisión, la iba a respetar.

*

Theo anunció el nuevo plan. Serían quince días de arduo trabajo, día y noche, mencionó cómo lo harían, descansarían en las carpas puestas alrededor de la obra y el granjero Vicent les prestaría un baño de su cabaña de invitados para que pudieran tomar una ducha al finalizar el día. Además, había hablado con la cafetería de Susan para organizar las tres comidas del día. Nada les iba a faltar a sus trabajadores.

Estarían llenos de cansancio, pero se les premiaría con un bono al final del proyecto.

—Debemos terminar la obra en quince días —les recordó Theo, mirando a sus trabajadores. Eran veinte hombres de Nashville, contratados por la empresa Star, dispuestos a trabajar—. Tenemos el material asegurado, tenemos a los trabajadores, tenemos las ganas. ¡Sí podemos!

—¡Sí podemos! —secundaron los hombres en unísono, alzando sus brazos y sus palas.

—Muchas gracias por hacer esto, la recompensa ya la tienen asegurada.

Theo terminó su discurso, sus trabajadores comenzaron a trabajar sin parar, con todo el entusiasmo de terminar el primer centro comercial de Normville. Ellos sabían que también hacían historia en ese pueblo donde la vida pareciera que estuviera en pausa.

Savannah lo felicitó, le deseó éxitos y se fue a la carpa para hacer la lista que debía enviar a Susan para la cena de esa noche y la de los días siguientes. Todos se habían puesto a trabajar, por lo que Theo siguió haciéndolo en su teléfono cuando la junta directiva comenzó a llamarlo para preguntar cómo iba con el proyecto.

Muchos esperaban que Theo Jules fracasara, no lo querían como CEO de Star, pero él estaba dispuesto a hacerles comer su propia mierda. Estaba cansado de que lo ningunearan, era un Jules y podía con ese proyecto y muchos otros.

Así pasó la tarde-noche, entre trabajo, miradas cómplices y uno que otro roce de manos.

Theo y Savannah se estaban adentrando al camino del amor, entre pruebas y dificultades, solo dejaban que sus corazones hablasen y su deseo por el otro se consumiera. Sin importar cómo iba a terminar, ellos iban a llenar su corazón de muchos colores.

*

Savannah se levantó decidida a descubrir qué estaba ocurriendo en el río de Normville. Aún era temprano, su trabajo no comenzaba hasta las ocho, por lo que agarró su chaqueta, su sombrero y con una banana en la mano salió de su casa, rumbo al río por el camino desde la hacienda de Vicent.

Estaba oscuro, eran las seis de la mañana y aún el sol estaba renuente a hacer su aparición. Encendió la linterna de su viejo teléfono y alumbró el camino, desde donde estaba se escuchaba el rechinar de los caballos, el sonido de los gallos al cantar y los perros que había en la granja. Trataba de mirar el suelo, esperando no encontrarse con una serpiente.




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