Matices del corazón

Capítulo veintidós

La canción Yours de Post Malone se escuchaba en la radio vieja de Savannah. Estaba en casa cumpliendo sus tres días de reposo, a pesar de que se sentía bien, Theo la obligó a cumplir su descanso porque ella no había aceptado que la llevara a Nashville a hacerse más chequeos médicos. Ya llevaba dos días así, la semana iba corriendo y ya era miércoles, el proyecto seguía en marcha y no había visto a su jefe desde la noche pasada, que había ido a llevarle frutas para picar.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Savannah, dándole una sonrisa, estaba contenta de verle.

—Tenía que ver a mi chica antes de irme a casa —contestó seguro, devolviéndole la sonrisa. La rubia lo miró sorprendida, mirando a todos lados esperando que nadie lo escuchara.

—Pasa —le dio permiso de entrar a su casa, recibiendo la canasta con frutas—, también me alegro de verte, Theo.

—No tanto como a mí. —Seguido de lo que dijo, la abrazó por detrás, haciendo que la rubia sonriera de nuevo.

Desde lo ocurrido hace unos días en su apartamento se habían hecho más cercanos, más íntimos... más amorosos. Aún no le ponían un título a su relación, pero lo pasaban bien juntos.

—¿Cómo estuvo el trabajo? —Savannah volteó para rodear sus brazos por el cuerpo del castaño. Su mirada estaba alzada para mirarlo bien a los ojos.

—Estresante, pero todo bien, estamos avanzando mucho —contestó entusiasmado—. Eso es una buena noticia, falta semana y media para terminar.

A la sureña se le tensó el estómago.

—Una semana y media —susurró cabizbaja, pero Theo subió su mentón.

—Te dije que no pensáramos en eso, preciosa.

Ella se lamió sus labios con nerviosismo.

—Sabes que lo intento...

—Lo sé, hermosa —dijo con honestidad—. Sabes que me gustas mucho, eso es lo que importa.

Ella sonrió.

—Tú también me gustas, Theo Jules.

—Eso era todo lo que quería escuchar —agregó antes de sonreírle y besarla con suavidad, tanteando el terreno del amor y la pasión. Se había hecho adicto a sus labios e iba a tomar cualquier oportunidad para besarla.

Ambos estaban cayendo por el otro... ¿Eso era amor?

Savannah se estremeció cuando escuchó que alguien tocaba la puerta de su casa, pensó en Theo, pero sabía que él estaba trabajando.

Caminó hasta allí y la abrió, no tenía mirilla, así que la única manera de saber quién había llegado era esa.

Se sorprendió al ver a Isis, su mejor amiga de toda la vida, llevaba un vestido de flores junto con unas sandalias que la hacían ver preciosa. En sus manos llevaba una tarta, las amigas se miraron con nostalgia.

—Me enteré de lo que te ocurrió, quería ver si estabas bien y... disculparme contigo —dijo Isis con rapidez, estaba muy avergonzada por su comportamiento hacia Savannah, pero desde que se enteró que había estado en problemas y que había terminado en la medicatura, quería verla y hablar con ella.

La rubia ladeó una sonrisa y asintió, dándole la bienvenida a su casa.

—Estoy bien, aunque debo guardar reposo unos días y el lunes quitarme los puntos —le contó Savannah, como si no tuvieran problemas entre ellas. Se quedaron en silencio, pero al ver que Isis estaba muy nerviosa y cabizbaja, volvió a hablar—. ¿Cómo has estado?

Vannah le pidió que tomara asiento en el sofá de la sala, se quejó internamente al ver la super mancha que tenía en una esquina, pero a Isis no le importó. Había estado en esa casa cientos de veces, sentado allí unas cien veces más y sabía cómo se había manchado el sofá.

—He estado bien, trabajando sin parar, sabes que la tienda es un sitio muy recurrente.

—Pues todos dependen de ella, Normville tampoco es que es muy grande —secundó Savannah.

—Vannah, yo... —comenzó a decir Isis, pero se detiene, intentando buscar las palabras correctas para su disculpa—. Yo quería hablar contigo desde hace unos días.

—¿Sobre?

—Nosotras —dijo mirando a su amiga con tristeza, extrañaba mucho a Savannah, su vida no era la misma sin ella. Nunca se habían separado ni peleado por tanto tiempo, y llevaban semanas disgustadas.

—¿Tus padres saben que estás aquí? —preguntó Vannah. Isis bajó su cabeza con pesar—. ¿No tendrás problemas si lo saben?

En ese momento su semblante cambió, la miró de nuevo con determinación.

—No me importa —respondió con desdén—. Estoy cansada de tenerle que dar explicaciones como si fuera una niña. ¡Ya no lo soy! Y si estoy aquí es porque quiero.

—Isis... —intentó calmarla Vannah, pero la castaña comenzó a llorar de impotencia, su rostro blanquecino se tornó carmesí.

—¡No, Vannah! —exclamó—. Te extraño, eres mi hermana y es jodido no poder hablarte porque ellos lo dicen, ¡no!

Su pecho subía y bajaba con rapidez.

—Estoy harta de sentirme oprimida por ellos y la iglesia, ¡no soy una puritana! Amo a Dios, y Él me conoce, sabe cómo soy, no quiero esconderme más.

—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió Savannah con duda. Su amiga se veía alterada, pero sabía que había llegado a un punto de implosión. Así que la dejó hablar, lo necesitaba.

—Soy bisexual —confesó, haciendo que la rubia se asombrara, eso no lo veía venir.

Tenía toda su vida conociendo a su mejor amiga, por lo que la confesión la tomó de sorpresa, se quedó mirándola sin entender. Isis lo que hizo fue guardar silencio y llorar como una niña pequeña quien había confesado algo malo que había hecho.

Luego de un minuto de inflexión, Savannah se levantó de su puesto y fue a abrazar a su mejor amiga.

—Estoy contigo, Isis —le dijo, dándole caricias en su espalda—. No importa qué digan tus padres, eres una persona impresionante, llena de vida, belleza, inteligencia y humanidad.

Los hipidos de Isis se escuchaban por el lugar.

Ella quería liberar su verdad.




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