Theo estaba callado, Savannah lo miraba de reojo mientras estaban sentados en las sillas de espera de la medicatura. Kiara estaba siendo atendida por el médico del pueblo, y Alejandro estaba mirándolos desde una esquina de la sala.
La sureña tocaba sus dedos con nerviosismo, ahora el pueblo estaba hablando de ellos, de todo el espectáculo que había hecho Kiara Fernández. Se había desmayado en plena calle, una vez que el moreno la tomó en brazos, Theo se apresuró a buscar la camioneta y traerla a la medicatura. Todos estaban pendientes de lo que dijera el doctor Tyron.
—¿Por qué estás tan callado? —inició la conversación Savannah, casi en susurro.
—Estoy molesto —contestó Theo, mirando fijamente el suelo, con entrecejo fruncido y mandíbula tensa.
—¿Conmigo?
El castaño dirigió su mirada a Savannah, y negó.
—No, no es contigo.
La rubia esperó a que siguiera hablando, pero guardó nuevamente silencio cuando la enfermera salió con el médico a darles información. En ese momento se parecía mucho al Theo que comenzó a conocer a principio de casi dos semanas. Ese que hablaba poco y se mantenía callado.
—La señorita Kiara ya despertó, tenía la presión arterial elevada. Para su condición debe mantenerse en calma, un embarazo de ocho semanas es delicado. El bebé apenas está formándose, una presión arterial elevada puede causar un aborto —explicó el doctor.
Theo emitió un sonido de incredulidad.
—¿Ocho semanas? —inquirió Jules.
—Sí, es lo que nos muestra la ecografía que le hicimos.
El castaño miró a Mexia, confirmándole lo que ambos querían saber.
—Allí está lo que querías saber —le dijo, luego miró al doctor—. Gracias, doctor. ¿Ya podemos verla?
El hombre inclinó su cabeza dudando.
—Solo familiar directo, no puede agitarse mucho. Luego de esto debe mantener un control de la presión arterial y ver su ginecoobstetra.
—No se preocupe, ella lo hará —aseguró Theo.
En la sala se creó un silencio incómodo cuando Kiara salió de la habitación, no le importó llevar una intravenosa recibiendo hidratación.
—Yo ya estoy bien, no necesito estar aquí —dijo a todos—, ¿me pueden quitar esto?
Ignoraba por completo el hecho de que Alejandro estaba al frente de ella.
—Kiara —la llamó—, deja que te atiendan para que te sientas mejor.
—Escucha a tu pareja, Kiara —cizañó Theo irónico.
—¡Te he dicho que no tengo nada con él! —volvió a alterarse.
—Señorita, debe calmarse —dijo el doctor.
—¡Un médico de pueblucho no me va a decir qué hacer!
—Entonces firme la contra opinión médica y se retira del centro de salud —sentenció el médico, llamó a su enfermera y le dijo que le entregara la solicitud de retiro—. La señorita no quiere ser atendida por nosotros.
—¿Qué mierda haces aquí? —le habló en español a Alejandro, algo que enfureció más a Theo.
—Veo que ya te diste cuenta de quien te vino a visitar —volvió a hablar el ejecutivo. Estaba cabreado y no podía dejar de hablarle irónicamente a Kiara.
—Esto es obra tuya, ¿verdad?
—Tenía que hacerles un reencuentro, ¿te gustó?
Savannah no sabía dónde meterse. El momento era tan incómodo para ella como para el médico presente, por lo que el hombre optó por entrar a su consultorio y dejarlos solos, la enfermera llegó al lugar, y se quedó viendo la situación.
—Kiara, debemos hablar —dijo Alejandro, tocándole el brazo.
—¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar! No sé por qué estás aquí, ¡no deberías de estar aquí!
La pelinegra estaba sumamente enojada, estaba cerca de perder los estribos nuevamente. Miró a Theo, pero su visión se centró en Savannah, quien la miraba fijamente.
—¡Tú! ¿Qué carajos haces aquí?
Vannah no respondió, cuando iba a hacerlo, Theo puso su mano sobre las de ellas, haciéndole saber que no se iba a meter con ella.
—Vamos a sincerarnos, Kiara —habló Theo, interrumpiéndola—, ese bebé que esperas no es mío, y ya que está su verdadero padre aquí, nosotros nos retiramos.
—¡Tú no te vas a ninguna parte, Theo! —chilló, tratando de acercársele, pero el portasuero no la dejaba moverse, por lo que la vía intravenosa se salió de su posición. Todos oyeron su quejido de molestia e inmediatamente comenzó a salir sangre por donde estaba el catéter.
—¡Kiara! —exclamó Alejandro, llamando a la enfermera al mismo tiempo.
—Este es tu hijo, Theo —seguía diciendo Kiara, sin importarle la sangre deslizándose por su brazo.
—¡Deja de mentir ya! ¡Maldita sea, Kiara! —se quejó Theo lleno de ira—. ¡Confiesa que no es mío! Simplemente haz tu vida sin mí.
—No, no lo haré —gimoteó la pelinegra, llena de enojo—. Y menos para que te metas en las faldas de esta pueblerina.
—¡No la llames así! —vociferó Theo, acercándose a Kiara, pero Savannah tocó su camiseta y lo jaló, expresándole que no hiciera una locura—. Es mucho mejor que tú, al menos ella no miente ni me mete hijos que no son míos.
—¡Joder! ¡Cállate! —Kiara estaba hiperventilando, su cabeza retumbaba de dolor y la visión borrosa comenzaba de nuevo. La enfermera la auxilió poniéndole un apósito en la zona.
—Señor, es mejor que se vayan. La paciente debe tranquilizarse —les dijo la enfermera Louisa.
—¿Por qué no confiesas que es mi hijo? —finalmente dijo Alejandro, encarándola—. ¿Te da pena que no sea el hijo de un empresario?
Cuando él habló, el cuerpo de Kiara se desestabilizó, su corazón latía más fuerte, se sintió más nerviosa en ese momento.
Theo se dio cuenta de que ellos tenían algo, la manera en la que Kiara lo miraba era diferente, aunque estuviese molesta, su cuerpo reaccionó diferente al momento en el que él habló.
—Ale... —comenzó a decir, pero al mismo tiempo no dejaba de ver a Theo.
—Quieres decir que te da vergüenza estar conmigo —siguió diciendo Mexia.
Theo y Savannah miraban la escena.
—Todas esas veces que decías que preferías estar conmigo en vez de Jules, ¿era mentira? —Cada vez era más duro con ella—. Tu padre no estará orgulloso de tu embarazo, es por eso que quieres que Jules sea el padre, es así, ¿cierto?