Matrimonio Encubierto

Capítulo 28

Alexander

Nos dejaron en esa habitación del sótano durante lo que debieron ser varias horas, sin reloj, sin ventana, sin ninguna forma real de medir el tiempo más allá del cansancio acumulándose en cada músculo del cuerpo y la luz artificial que nunca cambiaba de intensidad.

Dimitri permaneció junto a la puerta durante todo ese tiempo, relevado en algún momento por otro guardia que tampoco pronunció una sola palabra, aunque su presencia constante era suficiente recordatorio de que cualquier intento de escape terminaría exactamente igual que el anterior. El silencio se volvió, con el paso de las horas, casi tan pesado como la incertidumbre misma, cada minuto sin noticias alimentando el peor tipo de especulación.

—¿Crees que realmente está considerando dejarnos vivir? —preguntó Emma, en voz baja, apoyada contra la pared fría de piedra.

—No lo sé. Pero un hombre que hace este tipo de negocio durante años no sobrevive dudando frente a sus empleados. Si realmente está indeciso, es porque nosotros representamos algo que rompió una regla que él mismo se había impuesto hace mucho tiempo.

—¿Qué regla?

—Nunca sentir curiosidad genuina por la gente que elimina.

—¿Cómo sabes que esa es una regla suya?

—No lo sé con certeza. Es una hipótesis, basada en cómo maneja todo lo demás en esta isla. Un hombre tan metódico como él no construye un negocio de esta naturaleza sin reglas claras que le permitan dormir tranquilo cada noche. Nosotros parecemos haber roto alguna de ellas.

Emma se quedó en silencio, procesando esa idea con la misma seriedad que aplicaba a cualquier otra pieza de este rompecabezas cada vez más complicado.

—Entonces necesitamos alimentar esa curiosidad. Darle razones concretas para que la duda gane sobre el negocio.

—¿Cómo?

—No lo sé todavía. Pero algo me dice que la respuesta tiene que ver con Marianne, no con nosotros.

—Explícate.

—Si Ferro sigue cargando con la culpa de lo que le pasó a ella, quizás podemos usar eso. Ofrecerle algo que Reyes nunca podría darle: la posibilidad de hacer las cosas diferente esta vez, de no repetir el mismo error.

—Es un riesgo enorme apostar a la conciencia de un hombre que dirige un negocio construido sobre la desaparición de gente inocente.

—Todo lo que hemos hecho en esta misión ha sido un riesgo enorme, Alexander. Al menos este apunta a algo que ya vimos: que Ferro todavía tiene algo parecido a una conciencia, por enterrada que esté.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió sin ningún golpe previo, revelando no a Ferro, sino a Valentina, con una expresión de urgencia que confirmaba, sin necesidad de palabras, que algo había cambiado drásticamente en las últimas horas. Llevaba puesta la misma ropa del día anterior, el cabello suelto y desordenado, señales evidentes de que ella tampoco había descansado nada desde nuestra captura en el embarcadero.

—Tenemos que hablar rápido —dijo, cerrando la puerta detrás de ella con un movimiento nervioso que no encajaba con su compostura habitual—. Damian está reunido con alguien por videollamada. Alguien que insiste en que los elimine de inmediato, sin más consideraciones.

—Reyes —dijo Emma, sin necesidad de que Valentina confirmara nada más.

—Exactamente. Y Damian está discutiendo con él, algo que nunca lo había visto hacer antes. Siempre ha sido Reyes quien da las órdenes en esta relación, hasta donde yo entendía.

—¿Qué está diciendo Ferro? —pregunté, sintiendo la urgencia instalarse con una claridad que no dejaba espacio para calma innecesaria.

—Que quiere más tiempo. Que hay algo distinto en ustedes dos que merece consideración. Reyes no está de acuerdo, y por el tono de la conversación, empiezo a sospechar que Reyes tiene más poder sobre Damian del que cualquiera de nosotros había calculado.

—¿Qué tipo de poder? —preguntó Emma—. ¿Financiero? ¿Algo que Reyes tiene sobre él?

—No lo sé con certeza. Pero escuché a Damian mencionar algo sobre "el acuerdo original", como si existiera algún tipo de deuda o compromiso previo entre ellos que va mucho más allá del simple intercambio de información que él nos describió.

—¿Alguna idea de qué podría ser ese acuerdo original?

—Ninguna. Pero por la forma en que Damian bajaba la voz al mencionarlo, sospecho que se remonta a mucho antes de que Marianne, o cualquiera de los agentes anteriores, llegara siquiera a esta isla.

Sentí el peso de esa información asentarse con la misma fuerza fría que cualquier otra revelación de esta misión, entendiendo que la balanza que habíamos esperado inclinar a nuestro favor dependía, en realidad, de una negociación completamente fuera de nuestro control.

—¿Cuánto tiempo crees que tenemos? —preguntó Emma.

—No lo sé con certeza. Pero si Reyes insiste, y Damian cede, podríamos estar hablando de horas, no de días.

—Necesitamos salir de aquí antes de que eso pase —dije, revisando mentalmente cada opción disponible, cada variable que pudiera darnos alguna ventaja—. ¿Puedes conseguirnos acceso a esta habitación sin que Dimitri lo note?

—Puedo intentarlo. Pero necesito que confíen en mí una vez más, sabiendo que la última vez casi terminó con ustedes capturados de todos modos.

—La última vez la trampa era de Ferro, no tuya. Eso es distinto.

—Confiamos en ti —respondió Emma, sin ninguna vacilación en la voz—. La nota anónima que recibimos, ¿fuiste tú quien la envió?

Valentina negó con la cabeza, con una expresión genuinamente confundida.

—No. Pensé que quizás había sido Charlotte, pero ella jura que tampoco fue ella. Alguien más sabe lo que está pasando aquí, alguien que ninguna de nosotras ha logrado identificar todavía.

—¿Podría ser alguien del personal? —pregunté—. ¿Alguien que trabaja para Ferro pero que también quiere verlo caer?

—Es posible. Llevo dos años tratando de identificar a cualquiera que pudiera compartir mis mismas dudas sobre Damian, sin ningún éxito real hasta ahora. Si esa persona existe, es considerablemente mejor guardando secretos de lo que yo misma he logrado ser.




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