Matrimonio por Venganza 2

Capítulo 22

La casa de piedra en el monte era un refugio, pero también una prisión dorada. Pasaron diez días en ese aislamiento, diez días de calma tensa, diez días de preguntas sin respuesta. Elisa, la hermana de Dam, resultó ser una anfitriona silenciosa pero eficaz. Cocinaba, limpiaba, y rara vez hablaba más de lo necesario. Parecía entender que no estaban allí de vacaciones.

Alessandro, sin embargo, había encontrado su paraíso particular. Los prados alrededor de la casa se convirtieron en la "Tierra de los Dinosaurios", el bosque cercano en la "Jungla Misteriosa", y un arroyo que bajaba de la montaña en el "Río de los Peligros". Pasaba las horas correteando, explorando, arrastrando a Rodrigo, Vicente y Cornelio en cada aventura.

—Este niño es pura energía —comentó Shiara una tarde, observándolo desde la ventana mientras perseguía mariposas—. No sé de dónde la saca.

—De ti —dijo Leónidas, apareciendo a su espalda y rodeándola con los brazos—. Tú también eres incansable cuando te lo propones.

—Antes, quizás. Ahora... ahora siento cada minuto de esta espera. Cada segundo que pasa sin saber qué hace Valentina, sin saber cuál será su próximo movimiento.

—Lo sé. Yo también.

Se quedaron así, abrazados, viendo a su hijo corretear entre la hierba alta. El sol empezaba a declinar, tiñendo el paisaje de tonos anaranjados.

—¿Crees que volveremos a Italia alguna vez? —preguntó Shiara en voz baja.

—¿A Italia o a nuestra vida anterior?

—A las dos cosas. A nuestra casa, a nuestros recuerdos, a... a mi padre.

La última palabra quedó flotando en el aire. Desde que habían huido, apenas habían hablado de él. Demasiado dolor, demasiadas cuentas pendientes.

—¿Quieres volver? —preguntó Leónidas.

—No lo sé. Una parte de mí quiere verlo. Pero no sé si tú quieras verlo, con todo lo que el hizo.

—El enfado y el amor a veces van de la mano. Y además no recuerdo nada.

—Y si vienen los recuerdos que harás.

—No lo sé.

Shiara se volvió para mirarlo.

—¿Tú qué opinas? ¿Crees que deberíamos de ir?

—Creo que es una decisión tuya. Pero también creo que, si no lo haces, esa pregunta te perseguirá siempre. Yo pasé años sin saber quién era, sin tener respuestas. Y cuando las tuve, dolieron. Pero al menos dejaron de ser preguntas.

El silencio se instaló entre ellos, roto solo por los gritos de Alessandro que celebraba haber atrapado una mariposa imaginaria.

Esa noche, después de cenar, el teléfono de Varg sonó. Llevaba días en silencio, pegado a su dueño como una extensión de su cuerpo. Cuando miró la pantalla, su expresión se tensó.

—Es Dam —dijo, y salió al porche a contestar.

Los demás se quedaron en la cocina, fingiendo que no estaban pendientes de la conversación que llegaba en fragmentos a través de la puerta entreabierta.

"—...sí... entiendo... ¿estás seguro? ...vale, se lo diré."

Cuando Varg volvió a entrar, su cara era un poema de gravedad contenida.

—Tenemos que hablar.

Se sentaron alrededor de la mesa. Elisa, que estaba recogiendo los platos, se detuvo y también se sentó, como si supiera que las noticias la concernían.

—¿Qué pasa? —preguntó Leónidas, sin rodeos.

—Valentina ha movido ficha. Pero no como esperábamos. No ha ido a los tribunales. No ha enviado a sus hombres. Ha hecho algo más... inteligente. Y más peligroso.

—¿El qué? —Shiara apretó los puños bajo la mesa.

—Ha contactado con tu padre, Shiara.

El nombre cayó como una bomba. Shiara palideció.

—¿Con mi padre? ¿Para qué?

—Para ofrecerle un trato. Tu padre tiene algo que Valentina quiere. No sabemos qué exactamente, pero Dam cree que está relacionado con el pasado, con los negocios de su padre, con algo que ocurrió hace años. Algo que Valentina lleva tiempo buscando. Y a cambio de eso, ella le ofrece... A ustedes.

—¿Nos ofrece? —Leónidas se levantó de golpe, la silla cayendo al suelo—. ¿Como si fuéramos mercancía?

—Sí. Básicamente, le ha dicho que si colabora, si le entrega lo que busca, ella retirará cualquier acción legal, os dejará en paz, y podréis volver a vuestra vida. Una especie de intercambio.

—Eso es mentira —dijo Shiara, con voz temblorosa—. Valentina no deja en paz a nadie. Es una trampa.

—Lo sabemos. Y Dam cree que tu padre también lo sabe. Pero el problema es que tu padre está... bueno, está mayor, está solo, y según Dam, lleva años atormentado por lo que hizo. Por haberse alejado de ti. Por no haber estado cuando más lo necesitabas. Y Valentina está usando eso. Le está ofreciendo una oportunidad de redimirse, de "protegeros" entregando lo que ella quiere.

—¿Y él qué ha dicho?

—Todavía no ha respondido. Pero Dam cree que está considerándolo. Y eso es peligroso. Porque si tu padre accede, si le da a Valentina lo que busca, no sabemos qué pasará después. Puede que cumpla su palabra, puede que no. Pero una cosa es segura: Valentina no hace nada por bondad. Si quiere algo, es porque ese algo la beneficia a ella. Y probablemente nos perjudica a nosotros.




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