Matrimonio por Venganza 2

Capítulo 23

Pasaron tres días desde el regreso de Leónidas. Tres días de tensa espera mientras Dam y Giovanni trabajaban en los documentos falsos que debían engañar a Valentina. La casa de piedra se había convertido en un cuartel improvisado, con Elisa controlando las comunicaciones, Varg patrullando los alrededores y Leónidas pegado al teléfono esperando noticias.

Shiara, mientras tanto, se consumía en silencio.

—Llevas dos días sin apenas hablar —observó Leónidas una tarde, encontrándola en el jardín trasero, sentada en un banco de piedra, mirando el bosque—. ¿Qué pasa?

—Pasa que mi padre va a venir —respondió ella, con la voz plana—. Y no sé cómo lo vas a recibirlo. No sé si lo abrazaras o le gritaras. No sé si vas a perdonarlo o le echaras en cara lo que hizo a tu familia.

—¿Puedo hacer las dos cosas?

Shiara lo miró.

—¿Las dos?

—Sí. Abrazarlo y gritarle. Perdonarlo y reclamarle. No tiene que ser todo o nada. Las emociones no son blancas o negras. Son grises. Muchos grises diferentes.

—Eso es muy sabio para alguien que creía que los dinosaurios vivían en el mar.

Leónidas se sentó a su lado.

—He aprendido. Un poco. Gracias a un niño que me da lecciones todos los días.

Shiara sonrió, pero la sonrisa se desvaneció rápido.

—¿Y si no puedes perdonarlo? ¿Y si cuando lo veas, solo sientes rabia?

—Entonces sintire rabia. Es válido. Pero no dejare que esa rabia me impida escucharlo. Porque si hay algo que he aprendido en estos meses, es que la gente a veces hace cosas terribles por miedo. Y el miedo no justifica, pero explica. Y entender es el primer paso para sanar.

Shiara apoyó la cabeza en su hombro.

—¿En qué momento te volviste tan sabio?

—En el momento en que perdí todo y tuve que volver a ganarlo. Cuando te tocas fondo, solo te queda mirar hacia arriba. Y cuando miras hacia arriba, ves las cosas con claridad. O al menos, con más claridad que antes.

—¿Tú has perdonado a Valentina?

La pregunta cayó como una piedra en un estanque. Leónidas tardó en responder.

—No. No la he perdonado. Y no sé si lo haré alguna vez. Pero la entiendo. Entiendo que su camino la llevó a donde está por una serie de decisiones que ella misma tomó, empujada por un miedo que no supo gestionar. Eso no la excusa, pero me ayuda a no odiarla. Porque el odio consume. Y yo no quiero que me consuma. Quiero estar entero para vosotros.

—Entonces ¿no vas a buscar venganza?

—No. Venganza no. Justicia, quizás. Pero sobre todo, paz. Quiero paz para nosotros. Para Alessandro. Para que crezca sin tener que mirar por encima del hombro. Si eso significa hacer un trato con el diablo, hacerle creer que ha ganado mientras nosotros nos alejamos... entonces lo haré. Pero venganza, no. La venganza es un pozo sin fondo. Y yo ya he estado en el fondo. No quiero volver.

Shiara lo miró con una mezcla de admiración y algo más profundo.

—Eres un hombre mejor que la mayoría.

—No. Solo soy un hombre que ha tenido la suerte de encontrar algo por lo que vale la pena ser mejor.

Se quedaron en silencio, viendo cómo el sol se filtraba entre los árboles, dibujando patrones de luz y sombra en el suelo.

Alessandro apareció corriendo, rompiendo la quietud.

—¡Papá, mamá! ¡La señora Elisa dice que ha llamado el señor Dam! ¡Que vengan!

Se levantaron y volvieron a la casa. Elisa estaba en la cocina, con el teléfono en la mano y una expresión que podía ser optimismo o cautela. Difícil distinguir en ella.

—Dam dice que el material está listo. Que Giovanni ha trabajado día y noche, y que los documentos son casi idénticos a los originales. Valentina no debería notar la diferencia.

—¿Casi idénticos? —preguntó Leónidas—. ¿Qué significa "casi"?

—Significa que tienen la información correcta para engancharla, pero con pequeños errores que la llevarán a callejones sin salida cuando intente usarlos. Dam lo ha llamado "un espejismo legal". Parece real, pero cuando intentas atravesarlo, te das de bruces con la pared.

—¿Y cuándo se los entregamos? —preguntó Shiara.

—Esa es la cuestión. Dam cree que debe ser Giovanni quien los entregue en persona. Que Valentina necesita verlo, ver su miedo, su arrepentimiento, para creer que son auténticos. Si los envía por mensajero, sospechará.

—Pero eso es peligroso —dijo Leónidas—. Giovanni estaría cara a cara con Valentina.

—Lo sabe. Y aun así quiere hacerlo. Dice que es su oportunidad de redimirse. De enfrentar sus miedos. De dejar atrás lo que le ha perseguido durante años.

Shiara se llevó una mano a la boca.

—No puede. Es demasiado mayor. Valentina puede hacerle daño.

—No le hará daño —intervino Varg, que había entrado en la cocina sin hacer ruido—. Necesita los documentos. Si se los entrega, no tiene motivos para dañarlo. Al menos en ese momento. Después, cuando descubra el engaño... entonces será diferente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.