Nuestra mañana fue bastante productiva. El mercado era enorme, lleno de puestos de todo tipo, desde comida y productos animales, hasta ropajes y joyas.
Nos llevó más tiempo del necesario encontrarlo sin ayuda, pero gracias a la amabilidad de algunos de los habitantes de Almandine, logramos no perdernos entre las calles laberínticas de la ciudad.
Algunas personas recordaban a Jonathan, muchos, sabían de sus estudios acerca de la maldición, sin embargo, nadie había vuelto a verle desde el día de su desaparición.
Me sorprendió que fuera tan conocido, pero no me extrañaba.
Jonathan, era el tipo de persona perfeccionista y ambiciosa, que no cedía cuando algo le obsesionaba. Siempre o casi, conseguía lo que se proponía.
La tarde en la que me confesó que abandonaría Mistwick, para aventurarse a descubrir qué sucedía en Almandine, me rompió el corazón.
No sólo por lo que había pasado entre nosotros, sino porque no le importó dejarme atrás. En el fondo, sentía que ese resentimiento, jamás me abandonaría.
Suspiré.
Al regresar a la posada, observé inquieta, cómo varias personas reforzaban las puertas de sus casas y las ventanas con listones de madera. Algunos incluso, dibujaban extraños símbolos en las paredes exteriores y cuchicheaban.
—Se comportan como locos —exclamó Lukas.
—Debe ser por la maldición.
—¿Esta noche hay luna llena?
—Parece que sí —respondí.
Regresamos a la posada, donde Marius nos sirvió la comida más exquisita que recordaba haber probado.
—Era una receta de mi abuela —nos confesó.
Lukas dio un bocado a su estofado y gimió.
—¿El bosque queda lejos caminando? —pregunté.
Marius me observó con el ceño fruncido.
—¿Queréis ir al bosque justo esta tarde? No me parece que sea una buena idea, hoy es ...
—Luna llena—respondí.
—Sí.
—Necesitamos distraernos también, de la desaparición de Jonathan. Estuvimos preguntando en el mercado, sin mucho éxito.
Marius dudó pensativo.
—Lo entiendo, tal vez podría llamar a un carruaje. Será más rápido y seguro para regresar.
—Es una idea excelente, gracias —respondí dando un bocado.
—Aun así, debéis estar de regreso antes de la cena. Mucho antes, de hecho —advirtió.
—Prometido.
Pasamos toda la tarde caminando por el bosque, sin alejarnos demasiado del lugar, en donde el cochero nos recogería horas después.
El bosque era inmenso y temía perdernos si nos adentrábamos demasiado.
Lukas estaba eufórico, recogiendo todo tipo de piedras de diferentes tamaños y formas, así como hojas y ramitas pequeñas.
Me costó convencerlo de que, no era una buena idea llevarlo a nuestra habitación.
Lukas colocó el montón que había recopilado, en un lugar estratégico, tras un abeto enorme.
Y lo rodeó con pequeñas piedras formando un círculo perfecto.
—Recordaré donde lo dejé— exclamó.
—Claro que sí, bichito—respondí alborotándole el cabello.
El carruaje llegó a recogernos justo, cuando estaba atardeciendo. Miré al cielo dorado y naranja y comencé a ponerme nerviosa.
Llegaba con bastante retraso.
El cochero se asomó con timidez y nos miró.
—Discúlpeme señorita, había varios obstáculos en el camino.
—¿Obstáculos? —pregunté.
—Sí señorita, ramas enormes atravesaban la vía de paso, los caballos se asustaron y no querían continuar.
Qué extraño, pensé. Cuando veníamos de camino al bosque, no había ningún obstáculo.
—No se preocupe, lo importante es que ya está aquí —sonreí.
El sol, se escondió en el horizonte, hebras de rojo, naranja y dorado, titilaban entre las hileras de abetos que nos rodeaban, mientras avanzábamos por un camino estrecho que serpenteaba. Un frío gélido me erizó la piel y el bosque, pareció contener el aliento.
Me asomé a la ventana y miré por encima de nuestras cabezas. No llegaríamos a tiempo a la posada, antes de que la noche nos abrazara. Afortunadamente, no era hasta la medianoche que esa bestia, salía a cazar. Me estremecí tan solo con pensarlo.
¿Sería tan aterradora como contaban en Almandine? ¿Estaríamos a salvo en la posada? Pronto lo descubriríamos.
—No queda mucho para llegar ¿verdad? —preguntó Lukas inquieto.
—Estamos cerca —respondí, dándole un suave apretón. Él me dedicó una sonrisa forzada. Me pareció que contenía el aliento. Sus manos, nerviosas, se movían inquietas sobre su regazo.
Lo cierto es que no deseaba estar fuera al anochecer. Maldición o no, el paisaje parecía cobrar vida de un cierto modo siniestro, a medida que la luz se extinguía y daba paso a la luna llena.
Sentí cierto alivio cuando divisé a lo lejos el humo, que, como suspiros helados, trepaba hacia el cielo del interior de las chimeneas de las casas más cercanas. Pronto estaríamos a salvo.
El carruaje ahora iba a mayor velocidad, a pesar de que el camino se estrechaba aún más, a medida que avanzábamos.
El bosque nos engullía con las fauces abiertas, cerrándose a ambos lados, y las ruedas, hacían un sonido extraño, al chocar con algunas piedras sueltas en el camino.
—¿No deberíamos ir más despacio? — preguntó Lukas.
—Parece que nuestro cochero, no opina lo mismo —respondí, cerrando los ojos y aferrándome al asiento.
Los caballos, nerviosos, resoplaban mientras sus pasos se volvían inestables, haciendo que nuestro carruaje se moviera de forma brusca. Mi pulso se aceleró.
Uno de los caballos relinchó y se apartó hacia un lado, haciendo que las ruedas del carruaje patinaran sobre el barro húmedo del suelo. El cochero, tiró de las riendas con todas sus fuerzas, pero fue demasiado tarde, ya que impactamos contra una roca enorme que apareció de la nada.
El carruaje volcó con violencia.
Lukas intentó aferrarse al asiento con desesperación. El miedo, reflejado en sus ojos.
Mi cuerpo se elevó unos segundos, antes de impactar contra la puerta. La madera crujió y se fragmentó en mil pedazos.
#1243 en Fantasía
#5198 en Novela romántica
fantasia accion romance, rivals to lovers, triángulo amoroso”
Editado: 17.06.2026