Medianoche Roja

Michael.

Mi preocupación fue en aumento. Marius me informó que los hermanos Ashbluff, no habían regresado de su expedición por el bosque, para la cena.

Me colgué mi espada a la espalda, y cabalgué con rapidez hacia el lugar. Recorrí los senderos casi con los ojos cerrados. De niño, pasaba horas jugando y explorando el bosque, lo sentía como mi segundo hogar.

Cuando llegué, la escena era demoledora. El carruaje, yacía de costado y pude divisar el cadáver del cochero tendido en el camino, a escasos metros del accidente.

Maldita sea.

Analicé el entorno en busca de Abi y Lukas. Al final, vi una figura que arrastraba a otra, de menor tamaño hacia los caballos, no muy lejos de allí.

Abi estaba herida. Lo sabía por la forma en la que se movía, como si el dolor fuese insoportable.

Desmonté y corrí en su dirección.

Se asustó al notar a alguien acercándose, y me amenazó, agitando una rama afilada en mi dirección.

-Tranquila- exclamé alzando las manos -soy Michael.

Ella suspiró con alivio.

-Necesitamos ayuda, Lukas-señaló mirando a su hermano.

Miré al chico, ¡demonios!, esa herida pintaba fea.

-Vamos a sacarle de aquí. ¿ Estás herida?

Abi asintió, llevando de mano de manera inconsciente a su costado.

-¿Puedes montar? -pregunté señalando a los caballos.

-Eso creo.

-Tendrás que hacerlo. Yo llevaré a Lukas en brazos, no pesa demasiado.

Un crujido a nuestra espalda me puso en alerta. Miré a la luna que iluminaba el camino, anunciando la muerte.

Esta noche la bestia, se cobraría otra víctima...no iba a permitir que fuéramos ninguno de nosotros.

-Escúchame bien -dije, tomando al pequeño niño entre mis brazos -pase lo que pase, escuches lo que escuches, no mires atrás. La bestia, tiene formas muy creativas de engatusar a sus víctimas. Encabezaré la marcha y tú, me seguirás pegada a mi trasero, ¿ lo entiendes?.

Ella asintió.

-Bien, ¿puedes montar tú sola o necesitas que te ayude?

-Lo haré sola -respondió subiéndose a uno de los caballos del carruaje con dificultad.

Acto seguido monté sosteniendo con cuidado a Lukas y aferrándolo a mi pecho. Con la mano libre, espoleé a mi caballo y nos lanzamos al galope.

El paisaje se difuminó, borrones de negro y verde, mientras nos movíamos a toda velocidad. Conocía bien el terreno, incluso en la oscuridad más absoluta. Un rugido aterrador hizo eco tras nosotros.

Azuzé al caballo, inclinándome hacia su cuello para mantener a Lukas protegido contra mi cuerpo.

Entonces lo supe. Esa cosa estaba allí, nos seguía y nos habíamos convertido en su presa.

-¡No mires atrás Ashbluff, esa cosa nos está siguiendo! -grité.

-¡No pienso hacerlo!

-¡Vamos directos a la posada! -exclamé.

Abi me siguió entre las calles desiertas. Varias personas miraban a través de sus ventanas asombradas, por pequeñas rendijas o agujeros.

Cuando llegamos a la posada, Marius nos esperaba con la puerta entreabierta.

-¡Vamos! -exclamó instandonos a entrar.

Bajé con Lukas en mis brazos y se lo entregué a Marius, quien desapareció con el pequeño hacia el interior.

Abi desmontó con una facilidad asombrosa, a pesar de encontrarse herida. Aquella mujer era una caja de sorpresas.

-Entra y atranca la puerta -dije -no salgas por nada.

Desenvainé mi espada y la hoja brilló.

-¿Tú no vienes? -preguntó -¿ y qué diablos ha sido eso?.

-Yo voy a matar a esa cosa... Y ya habrá tiempo de explicaciones -exclamé intentando cerrar la puerta, ella lo impidió.

-Voy contigo -exclamó.

-No necesito una carga y estás herida. Entra.

- No.Voy contigo, no voy a dejarte solo con esa cosa.

-No me jodas, Ashbluff -respondí apretando los dientes.

-Si vas a acompañarle , necesitarás esto - dijo Marius desde la puerta entregándole una espada corta -es mejor que nada.

Le dediqué una mirada asesina.

-Ya hablaremos.

-Has de reconocer que tiene pelotas -respondió encogiéndose de hombros y cerrando tras nosotros.

Abi me miró a la espera de que dijera algo.

-¿Y bien?

Me acerqué a ella , hasta quedar a escasos centímetros de su cara.

-Seguirás mis indicaciones. Si te digo que te escondas, te escondes, si te digo que huyas, huyes y nada de tonterías o esa cosa nos matará.

Ella frunció el ceño.

-Me agrada más tu amigo.

Sonreí con ironía.

-Eres inteligente.Vamos -dije haciéndola un gesto con la mano.

El sonido de unos gritos en el silencio de la noche , nos hizo volvernos al unísono. Más gritos.

-¡Por allí! -exclamó.

Nos dirigimos hacia la dirección de la que procedía aquel escándalo.

Un grupo de personas empujaban a un hombre que intentaba zafarse, aterrado.

-¡Por favor! -suplicaba sollozando.

-¡Es hora de que pagues por tus pecados hijo de puta! -exclamó un hombre de mediana edad, quien parecía liderar al grupo.

Eran cinco. Cuatro hombres y una mujer. Esta última, miraba asustada a su alrededor.

-Soltadle -dije sujetando el mango de mi espada con fuerza.

Sabía de qué se trataba aquello. En los últimos cinco años, ciertos habitantes de Almandine, habían decidido que, ya que la bestia se cobraba una víctima cada luna llena, era mejor entregar voluntariamente a algunas personas que habían cometido asesinato, violación o robo. Una especie de purga macabra, con la que la mayoría de los habitantes de la ciudad, no estaban de acuerdo.

-¿Y tú quién coño eres? -preguntó el líder del grupo.

-¿No sabes quién es? -exclamó la mujer -es la espada de Almandine. Es Michael Lordiel.

Abi giró la cabeza en mi dirección, abriendo los ojos de manera exagerada por la sorpresa.

-¿Eres famoso? -preguntó -eso explica tu enorme ego.

La fulminé con la mirada.

-Algo así -respondió la mujer, antes de que me diese tiempo tan siquiera, a exhalar el aliento -su familia lleva generaciones luchando contra la bestia.




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