Me apoyé en la pared más cercana, tras girar hacia donde me había indicado Michael. Mi corazón acelerado, amenazaba con salírse de mi pecho.
Sujeté la espada corta con fuerza y cerré los ojos. No era una cobarde.
Volví corriendo sobre mis pasos y la escena que se desarrollaba ahora frente a mí, era aterradora.
La bestia, una criatura enorme y peluda lanzaba zarpazos con unas garras afiladas y poderosas a Michael, quien se defendía a duras penas , con su espada.
Tenía unos ojos rojos como el fuego y una mandíbula llena de dientes afilados y enormes.
Como si se hubiera percatado de mi presencia, la bestia levantó la mirada hacía mi posición. Un escalofrío me recorrió y aferré la espada con más fuerza.
Michael, que se encontraba en el suelo, respirando con dificultad, siguió su mirada hacia donde me situaba.
Su espada emitía un brillo violeta, que parecía palpitar.
Sus ojos se abrieron, primero por la sorpresa, después por el miedo. Aprovechó la distracción de la bestia, quien me observaba con curiosidad, para atacar a su costado.
El grito de la critura fue horrible. Cubrí mis oídos y caí de rodillas y entonces lo sentí. La magia me ardía en las venas , poderosa y enloquecida, clamando por salir.
Cerré los ojos intentando canalizarla. Era imposible, en raras ocasiones había conseguido que me obedeciera.
Me concentré.
La magia siempre había estado ligada a las emociones, me había dicho una vez mamá. El amor, la ira o el miedo, eran los catalizadores principales a través de los que fluía.
Abrí los ojos. La bestia se sacudía con ira, mientras su costado sangraba por la herida. Michael atacó, pero la criatura era rápida...agarró a este por el cuello y lo lanzó con violencia, estrellándolo contra una pared lejana.
Su espada brilló con un último destello y se apagó.
La bestia me miró y dió un paso hacia mí. Sus ojos de fuego me escrutaban en silencio.
-Una bruja -dijo con voz profunda.
Me estremecí y la criatura me sonrió con sus dientes afilados. Busqué en mi interior y el miedo fluyó a través de mi cuerpo como un torrente desbocado. Tiré de la emoción con los ojos cerrados, mientras el ser avanzaba con cautela hacia mí.
- Exi et percute in silentio noctis bestiam oculis rubris et corde maligno -exclamé, conteniendo la respiración.
La bestia se encontraba parada frente a mí, su respiración acariciándome el cabello. Era enorme y no podía dejar de temblar.
-Ya he cobrado mi diezmo, bruja. Pero nos veremos muy pronto -rugió.
La magia trepó por mi cuerpo envolviéndome en un aura oscura. El miedo estalló, cuando apoyé ambas manos en su pecho y la bestia salió disparada con violencia varios metros por el aire.
Michael , que se había levantado a duras penas, me observaba con el ceño fruncido.
La criatura se levantó emitiendo un aullido feroz. La marca de mis manos en su pecho, como dos tatuajes marcados a fuego en su piel.
-Pagarás por esto -gruñó, antes de adentrarse en la noche.
Corrí hacia Michael, quien no dejaba de observarme como si hubiera descubierto una especie exótica y extraña.
- Hace siglos que no se ve una bruja por aquí, al menos no de manera abierta.
Desde que era una niña, siempre había sentido predilección y curiosidad por la magia. Mamá la practicaba en secreto y fue ella, quien me enseñó a ser un catalizador emocional.
Había diferentes tipos de brujas. Las brujas de la sangre, por lo general, realizaban hechizos o pactos, a cambio de favores o alguna vida. Eran las más oscuras y crueles y era mejor, no hacer tratos con ellas.
Las brujas nómadas vivían lejos de cualquier tipo de civilización, aisladas del mundo y sus gentes. Usaban los elementos de la naturaleza, como la lluvia, el viento , las tormentas, el agua o el fuego para hacer fluir su magia. Solían practicar su magia a la luz de la luna. Eran las más conocidas y también, las más poderosas.
Las sanadoras, eran brujas nacidas con la habilidad de poder curar a otros. También eran muy conocidas y queridas, ya que se decía, que sus dones estaban muy ligados a la bondad de corazón.
Y luego estaban las catalizadoras. Su magia necesitaba las emociones para fluir y ser efectiva. Era un tipo de magia peligrosa.
Eran consideradas brujas menores por los otros tres grupos, y normalmente eran repudiadas, ya que su magia no siempre funcionaba y era caótica y poco efectiva.
Para poder desarrollar habilidades mágicas, una bruja o hechicero debía nacer con ciertos dones. No funcionaba con cualquier persona. En el caso de mamá, podía conocer si alguien tenía algún tipo de enfermedad o dolencia, con tan solo mirarlo, pero al contrario de las sanadoras, quienes podían curar con tan solo desearlo, mamá, tenía que tirar de sus emociones para identificar cualquier tipo de dolencia y ayudar.
En mi caso, podía usar mi magia como arma, si dejaba fluir mis emociones. Mamá se dio cuenta de mis habilidades, a la temprana edad de seis años, ya que cuando me enfadaba, todos los cristales de las ventanas volaban por los aires.
Mamá y yo éramos catalizadoras.
Michael y yo caminamos en silencio hacia la posada. Me cubrí la boca para no gritar cuando un cuerpo sin vida, apareció ante nosotros con el pecho ensangrentado y el rostro desfigurado, al final de la calle.
Lo reconocí como el líder del grupo al que nos habíamos encontrado.
-No mires -me dijo Michael, acercándose al cuerpo sin vida.
-Por eso esa cosa, me dijo que ya se había cobrado su diezmo. Es horrible -exclamé, intentando aguantar las nauseas.
Michael se giró y me miró. Una emoción que no supe identificar cruzó su rostro.
-Al haber mostrado tus poderes abiertamente, te has puesto en peligro, Ashbluff. La magia está prohibida en Almandine desde la maldición, bajo pena de muerte.
-¿ Vas a delatarme?.
-No. Me has salvado la vida...gracias.
-¿Por qué tu espada brilla? -pregunté.
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Editado: 17.06.2026