Medianoche Roja

Nicholas.

Había soñado con aquella mujer en repetidas ocasiones. Tantas, que casi no podía concebir cerrar mis ojos y esperar escuchar otra voz. Sabía que vendría a mí, tarde o temprano.

Palpé la vieja mesa de aquella habitación, que apestaba a orín de perro, en busca de mi cuenco de adivinación. No lo encontraba por ningún maldito lugar.

En realidad no lo necesito , pensé.

Todo esto formaba un espectáculo bastante deprimente, salido de una mente perversa y oscura como la de Lauren. Un espectáculo del que yo, era parte y esclavo.

-Más te vale que estés preparado -exclamó Lauren desde la entrada -hoy vamos a ganar unas cuantas monedas.

-Como te advertí, esta semana será la última , en la que hago de tu bufón personal. Lauren caminó a grandes zancadas hasta donde me encontraba. Podía sentir la vibración de sus pisadas en el suelo, al acercarse con ira.

Me agarró del cuello de la camisa , estampándome contra la mesa.

-Y yo te he dicho, que harás lo que yo te diga.
Podía oler su aliento a ginebra. Las nauseas me revolvieron el estómago. Me soltó, y escupió justo a mi lado.
-Ahora, ¡ponte a trabajar! -gritó, golpeando la mesa de una patada.

Lauren Goldwing, era mi tio. Cuando mis padres tomaron la decisión más egoista de su vida, dejándome en manos de este hijo de puta, mi vida se volvió una auténtica pesadilla.
A mis veinticinco años, aquella vida de mierda era todo lo que había conocido.

No sólo era un borracho y un maltratador, sino que era el regente del burdel de Almandine.
Su esposa, Margarite, le tenía demasiado miedo para enfrentarse a él, por lo que ignoraba sus escarceos amorosos con las chicas del burdel y los maltratos a los que nos sometía a ambos.

Lo que él no sabía, era que esto terminaría muy pronto.

Palpé la silla y me senté, esperando al primer desgraciado que vendría en busca de los designios del oráculo. Así es como me llamaban, ya que era el descendiente directo de Thomas Goldwing, el adivino más conocido del país.
Maldije a mi ancestro. Por su culpa, había nacido maldito.

-Pasa -dije cuando sentí cómo la raída cortina que daba acceso a aquella habitación pequeña y claustrofóbica, se abrió.
Una chica entró con pasos temerosos instada por su madre, desde la puerta. Desde mi posición, podía escuchar los susurros.
-No tengas miedo -dije.
La chica se sentó frente a mí. La madera chirrió cuando la echó hacia atrás, para hacer hueco y alejarse de mí.

-Tú...tú eres... -tartamudeó.

-Nicholas, mi nombre es Nicholas. Ahora dame tu mano y dime qué deseas conocer.

La chica, me tendió la mano temblorosa. Acaricié su palma con suavidad, dibujando las lineas que serpenteaban en ella. Inspiré y mi mente lo vió, como un fotograma a cámara lenta.

-Quiero saber si ...si mi abuelo nos dejará toda su fortuna -preguntó con timidez.
Sonreí.
-¿Eso es lo que tú quieres conocer acerca de tu futuro, o tu madre?.

Ella no respondió, pero podía percibir cómo se revolvía inquieta en la silla.
-Sí, tu abuelo te dejará toda la fortuna. Y Jhon te ama.

-¿Cómo...?

-No me llaman el oráculo por nada.
En realidad mis visiones no siempre funcionaban. Iban y venían a su antojo , fluctuantes. Sin embargo, había aprendido con el paso de los años, a leer el destino de algunas personas con mayor facilidad.

-Gra...gracias -tartamudeó de nuevo.

La chica se levantó y se dirigió a la entrada. De pronto, se giró y tragó saliva.

-Si, estoy ciego -respondí.

Ella abandonó la habitación como alma que lleva el diablo.

Era ciego de nacimiento, por la maldición, pero poseia algo mucho más valioso, la capacidad de adelantarme a lo que sucedería y conocer los secretos más profundos y oscuros de todos cuantos me rodeaban.

En los últimos meses había tenido visiones y sueños horribles, donde la bestia abría sus fauces hambrientas devorandolo todo, como un animal enloquecido. También había soñado con una mujer hermosa, de largos cabellos oscuros y ojos de estrella.

En ocasiones la veía acechándome en la oscuridad, en compañía de otro hombre. Su voz aguda y femenina era hermosa, como ella. Pero había algo malvado en su corazón, algo oscuro y terrible.

Ella vendría a buscarme, y yo, le revelaría su muerte.




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