Observé a la chica entrar justo, cuando comenzaba a llover. Para sorpresa de nadie, Lordiel estaba ahí. ¿Casualidad? Lo dudaba.
Estaba claro que esa chica era de su interés. Había aprendido a leer sus movimientos, a interpretar sus silencios e incluso, a observarle sin que notara mi presencia...tal y como había hecho con su padre, y con su abuelo antes que él. Generaciones de su linaje, obsesionados con acabar con mi familia.
Ophelia se acercó sigilosamente por detrás. Sonreí y me giré sujetándola por la muñeca con rapidez, evitando el puñal que iba en dirección a mi garganta.
- Sigues siendo lento, hermano.
-Lucian no opinaría lo mismo.
-Siempre has sido su favorito -dijo, lanzándome una daga. La cogí distraído y la hice girar.
-Ahí está -exclamó Ophelia, señalando con la cabeza en dirección a Michael.
Observé a la espada de Almandine. Un hombre cualquiera, alguien que lo había perdido todo y que, cargaba con el peso de la maldición. Un peso autoimpuesto. Un pobre desgraciado, que acabaría como sus antecesores. Los había conocido a todos, con el paso de los siglos, la eternidad podía ser frustrante, si no tenías un buen aliciente.
Tenía que admitir que era un buen rival ; diestro con la espada, ágil y fuerte.
Pero no lo suficiente para matarme. No lo suficiente, para acabar con la maldición... y solo había una cosa, que hacía débil a nuestro mayor enemigo, la sed de venganza.
-¿Por qué crees que están aquí? - pregunté.
Ophelia le miró y meditó la respuesta durante unos minutos. La lluvia nos empapaba las capas, que ahora, pesaban el triple.
-Quizás han llegado a la misma conclusión que nosotros. Ese bastardo de Lauren, ha tenido a su sobrino bien escondido. Ahora que se acerca el final del tiempo, ha decidido sacar provecho de su don y hacerle parecer una estúpida rata de feria , por unas cuantas monedas. Sólo él, podría decirnos donde encontrar al descendiente.
-Puede ser -dije.
Nos mantuvimos entre las sombras , hasta que Michael entró a grandes zanacadas en la vieja casa del adivino.
Unos minutos más tarde, Michael salió con la chica y limpió su espada ensangrentada en su ropa, sin ningún tipo de pudor o remordimiento. Ella le miró con asco.
-¿Crees que le ha matado? -preguntó Ophelia alarmada.
-Lo dudo.
Cuando ambos se perdieron calle abajo, Ophelia y yo nos acercamos a la casa del adivino.
-Espérame fuera -exclamó -le traeré, de rastras si es necesario.
-No llames la atención.
Ophelia hizo un gesto dramático , poniendo su mano en el pecho, y desapareció.
Ajusté mi capa, ocultando aún más mi rostro y me crucé de brazos.
La espera se hizo eterna y finalmente, entré.
El cadáver de Lauren, estaba tendido en el suelo. Me agaché y sonreí al cuerpo inerte. Me alegraba de que ese hijo de puta, estuviese muerto.
Alcé la vista, ni rastro de Nicholas y tampoco de mi hermana. Recorrí la habitación en silencio, hasta que un alboroto en la estancia contigua, me hizo aguzar el oído.
Cuando llegué, Ophelia tenía al vidente agarrado por el cuello de su túnica, los nudillos blancos de la ira y los dientes apretados.
-¿Qué coño haces? -exclamé acercándome.
-¡Miente! -gritó -dice que moriré. Y no quiere darme la información a por la que hemos venido.
-¡Eh! Cálmate... -exclamé. A Ophelia le temblaban las manos de la ira.
Desde que mi familia estaba maldita, Ophelia , perdía el control a menudo. En ocasiones, gritaba sin motivo, en otras, sus ojos se teñían de un color dorado sobrenatural, como si la ira, despertase algo oscuro en su interior.
Una bestia enjaulada, a punto de salir.
Ella me miró, como si de repente, se percatara de lo que estaba haciendo y soltó a Nicholas de un tirón.
-Más te vale que respondas mis preguntas -espeté.
El chico no se movió, no habló, sólo me miró con esos ojos blanquecinos y antinaturales y sonrió felino.
-Interesante...
-¿Qué es tan interesante? -pregunté.
Él se limitó a sonreir de nuevo y me ignoró.
De repente, Ophelia le golpeó con un candelabro en la cabeza con violencia, haciéndole caer al suelo estrepitosamente.
La miré con ira y ella sonrió con mezquindad.
-Terminemos con esto -exclamó, divertida.
Cogí al chico y lo cargué en mi hombro. Lucian iba a cabrearse por esto y sería yo quien pagaría las consecuencias, para variar.
Montamos en nuestros caballos, ocultos en un callejón cercano y nos marchamos al galope.
Cuando llegamos, Lucian miraba distraído por la ventana, que ocupaba gran parte de la pared de nuestro salón. Tenía ambos brazos cruzados sobre el pecho y vestía de negro, como era habitual en él.
Su largo cabello oscuro, estaba recogido en una coleta baja. Era muy alto, al igual que Ophelia. Sin embargo yo, medía algo más de metro ochenta y me sentía minúsculo, en comparación con ellos dos.
Lucian se giró al notar mi presencia tras él.
-Habéis tardado - exclamó, con una calma , que en ocasiones, resultaba aterradora.
-No.
Él me miró y sus ojos relucieron rojos, como el fuego.
-¿Debo encargarme yo mismo?
-Ophelia ha dejado inconsciente al chico. Está en la cueva.
Lucian no dijo nada, pero su mirada más gélida que el hielo, me atravesó.
-Y tú, se lo has permitido...
-¿Qué otra cosa querías que hiciera? Estoy harto de ser vuestra niñera.
Lucian se movió a una velocidad sobrehumana y me agarró con fuerza por la garganta , estrellándome contra la pared. Sus ojos ardían con ira.
-He dado mi vida por nuestra familia -gruñó -recuerda que se nos acaba el tiempo Viktor...estás tan metido en esta mierda como yo, y serás el siguiente si no lo conseguimos. ¿Acaso es eso lo que deseas?
Lucian me soltó. Toqué mi cuello de manera inconsciente, podría haberme matado en cuestión de segundos.
-Claro que no, pero estoy harto de ser la sombra que besa vuestro trasero. Tengo que enfrentarme constantemente a la espada de Almandine, Ophelia es una irresponsable y no tiene autocontrol. Y tú ni siquiera pareces humano cuando te transformas en esa cosa...
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Editado: 17.06.2026