El sudor me resbalaba por la frente con cada golpe. Estaba acostumbrado al calor extremo y al esfuerzo físico desmedido, pero aquella mañana, me sentía realmente agotado.
Quizás, por los sueños extraños que había tenido con Abigail, durante la madrugada. No quería admitirlo, porque admitir que aquella mujer me atraía, era una debilidad que no me podía permitir. No a escasos meses de la medianoche roja.
Desde que Violet murió, no había vuelto a enamorarme de ninguna mujer, ni siquiera lo había intentado. Había pasado algunas noches en compañía de amantes y prostitutas, pero jamás había cedido ante la idea de que, su compañía, despertara en mí, algo más que deseo.
Hasta que había aparecido ella...con su terquedad y su orgullo, con su belleza y su figura...
Para.
Esa bruja...golpeé con mayor fuerza el acero.
No me aterraba luchar contra la criatura, sin embargo, me daba verdadero pánico amar a alguien. Enamorarme o sentír algo, más allá de simple deseo por una mujer, me aterraba. Todo lo que amaba se quebraba, se hacía añícos entre mis manos y estaba tan acostumbrado a perder...
Nunca más.
No podía implicar a nadie emocionalmente si esto terminaba mal, y si eso me hacía ser un hijo de puta, adelante.
Alguien entró en la herrería de manera silenciosa. Fue un ligero movimiento que pude percibir por el rabillo del ojo. Algo fugaz, casi imperceptible.
Mierda. Sabía quién era.
-Hola, Michael - dijo. Algo me golpeó contra la mesa, haciéndome caer estrepitosamente.
-Tú- gruñí - debes estar muy desesperad,o para intentar matarme a plena luz del día.
Ante mí, la daga, como mi padre le llamaba y mi abuelo, antes que él, sonreía con desdén. Su capa le ocultaba el rostro, pero no su sonrisa astuta y lobuna.
Era el hermano de la bestia , ya que él y una extraña mujer, aparecían y lo protegían cada vez que salía a cobrarse la vida, de las personas inocentes de Almandine. La de mi abuelo, la de mi padre, la de Tobby...apreté los puños con fuerza.
Los tres hermanos malditos.
Jamás había visto su rostro. Su vestimenta, siempre del color de la noche. Sonrió de nuevo, como si supiera qué estaba pensando.
Se llevó la mano despacio al cinturón. Observé las dagas, armas letales que conocía muy bien.
Viktor era peligroso, un gran adversario, diestro con la espada y un asesino formidable con las dagas, pero defendía al monstruo que me arrebató a Tobby y jamás se lo perdonaría...acabaría con todos ellos, aunque fuese lo último que hiciese.
Era tan monstruoso como la bestia a la que protegía.
Analicé rápidamente mi situación y localicé mi espada apoyada junto al yunque, era la más accesible desde mi posición, ya que el resto de las armas lucían colgadas en las paredes o estaban a medio hacer.
Bien.
-¿Por qué no te acompaña esa cosa al que llamas tu hermano, aún se esconde como una rata? - escupí con asco.
Él rió. Fue una risa forzada e irónica, aterradora.
-Te responderé a esa pregunta, cuando estés muerto - dijo, abalanzándose sobre mí con su espada, obligándome a rodar sobre mí mismo para esquivar su ataque.
Me incorporé y corrí hacia la espada, por poco logré alcanzarla, justo a tiempo, mientras nuestros aceros chocaban. El filo se iluminó, y sentí la magia recorriendo mis manos.
Viktor tenía una fuerza increíble, quizás por la maldición. Era bueno, pero yo también.
Ataqué a su pierna, pero lo esquivó retrocediendo y me lanzó una de sus dagas en un rápido movimiento. Esta se me clavó en la pierna derecha, haciendo que retrocediera y chocara con la pared.
El dolor fue terrible. Le miré con odio, mientras él sonreía triunfal.
-Esto no ha terminado - gruñí, y apreté los dientes, mientras me arrancaba el arma por la fuerza. La sangre salpicó el suelo. No me importaba el dolor, acabaría con ese bastardo.
-Eres muy optimista - respondió, caminando con tranquilidad hacia mí y girando con total prepotencia, la otra daga, con la mano -teniendo en cuenta que voy a matarte, y a escupir sobre tu cadaver, cuando termine. Quizás, conserve tu cabeza como recuerdo... Estoy convencido de que tu padre y tu abuelo, te esperarán orgullosos, en el infierno.
Sabía lo que estaba intentando, quería provocarme, distraerme...y juro, que estaba funcionando.
No, tenía que centrarme.
Viktor lanzó su daga, pero lo esperaba. Con el paso de los años, había aprendido a reconocer sus ataques y sobre todo, a anticiparlos. La esquivé, pero choqué con el yunque y el dolor fue insoportable.
Levanté mi espada. Él me imitó y nuestros aceros bailaron ....yo conteniendo los ataques, él, atacando. Le lancé una patada en el estómago en un momento de distracción y perdió el equilibrio durante unos segundos.
Gruñó.
El calor del horno hacía aquella lucha, insoportable.
-Vamos Michael, puedes hacerlo mejor - me instó.
Volví al ataque. Mi espada era menos imponente que la suya, pero más rápida y él lo sabía. La espada que mi abuelo bendijo... Pensé en Tobby, pensé en aquella noche en que le sostuve entre mis brazos sin vida y me lancé hacia él con ira, obligándole a defenderse por primera vez.
Él, en un intento desesperado por tomar un poco de distancia de mí, tiró la espada a un lado y rodó por el suelo hasta la daga más cercana.
Ambos respirábamos con dificultad.
-Dime la verdad ¿por qué llevas esa capa, es para tapar tu deformidad, ¿no es así? , ¿eres tan horrible, que las mujeres se desmayan del susto?.
-Sé lo que intentas, no vas a distraerme Michael.
Algo me nubló la vista. Bajé unos segundos la mirada hacia la herida abierta de mi pierna. Estaba perdiendo mucha sangre.
Mi atacante se dio cuenta y no perdió tiempo, lanzándome la daga directa al pecho.
No pude bloquear el ataque y el filo se clavó en mi estómago.
-Fallaste - sonreí, antes de desplomarme en el suelo inconsciente.
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Editado: 17.06.2026