Iba a matarle. Después de todos estos años, iba a matar a la espada de Almandine.
Era demasiado sencillo. Eso le quitaba toda la gracia... Maldita sea. Necesitaba que estuviera despierto, consciente, que suplicara por su vida.
Me agaché y coloqué el filo de mi daga en su cuello. Sólo necesitaba apretar más...
Unas voces a mi espalda me sobresaltaron. Un grupo de personas, calculé tres, se acercaban a la herrería.
Joder.
-De nuevo por los pelos - dije mirándole. - la próxima vez no tendrás tanta suerte.
Corrí hacia la ventana situada a mi izquierda. Rasgué rápidamente un pedazo de tela de mi capa y me envolví la mano. Con un golpe seco, rompí parte del cristal y salté por la ventana. Justo a tiempo, ya que los tres hombres entraron y se lanzaron rápidamente a ayudar a mi adversario.
Cabalgué hacia nuestra casa, invisible, a ojos de todo Almandine, literalmente.
Cuando el hechicero nos maldijo, nuestra casa señorial, quedó oculta para el resto de los habitantes de Almandine. Ese hijo de perra, se aseguró de que cumpliésemos nuestra parte, sobre todo, Lucian.
Bajé del caballo, y lo dejé en el establo. El animal relinchó con agrado cuando le acaricié el lomo , antes de marcharme.
Entré y me sorprendió ver a mi hermano deambulando por la biblioteca, meditabundo.
La biblioteca, solía ser su parte favorita de la casa. No recordaba cuándo había sido la última vez que Lucian, había salido de nuestra casa. Se mantenía oculto y aislado del resto de seres humanos, para poder protegernos a Ophelia y a mí, ya que si algo le sucedía, yo sería el siguiente, convirtiéndome en la bestia que era él.
En ocasiones sentía, que no se lo agradecía lo suficiente.
Mi hermano leía un libro antiguo, literalmente se caía a pedazos. Estaba tan absorto, que por un instante dudé de que se hubiese percatado de mi presencia. Miré el título y fruncí el ceño.
-¿Brujas?.
Levantó la cabeza y me observó, después me dedicó una sonrisa perezosa.
-Estoy investigando sobre las catalizadoras -exclamó, antes de perderse nuevamente, entre las páginas amarillentas del ejemplar.
-¿Es por lo que sucedió con esa mujer, la última luna llena?.
Lucian asintió. Después cerró el libro y lo colocó con cuidado, sobre una de las infinitas estanterías que adornaban nuestra biblioteca.
-Es extraño que una catalizadora usara con tanta fuerza su poder. Nunca he visto nada similar, teniendo en cuenta que la fuente del mismo es inestable.
-Y supongo, que el que sea del interés de Michael no tiene nada que ver.
-Eso, es un aliciente.
Caminé por la estantería , mientras mis dedos rozaban los ejemplares con delicadeza.
-¿Habéis conseguido la información sobre el descendiente?
-Aún no -respondí.
-Encárgate personalmente del adivino, no confio en que Ophelia, no pierda los papeles.
Asentí.
-Y Viktor... acaba de una vez con Lordiel.
-Estoy en ello -respondí.
Salí de la biblioteca con paso firme y me dirigí con mi caballo hacia la cueva , en donde Ophelia había escondido a Nicholas.
Esta cueva, era el cuarto de diversiones de mi hermana. Lucian y yo sabíamos, que se encontraba con sus amantes en este lugar, después, nadie volvía a saber de ellos jamás.
Cuando la había preguntado al respecto, ella me había ignorado a propósito. Era algo que detestaba , Ophelia no era como nosotros. Con el paso de los años, había desarrollado un gusto terrible por asesinar de manera injustificada, casi le resultaba placentero.
Por otro lado, sabía que Lucian detestaba tener que robarle la vida a los ciudadanos de Almandine para sobrevivir, para mantenernos a salvo. Al igual que yo.
La primera vez que maté a un hombre, me pasé el resto de la noche vomitando. Sin embargo, con el paso de los años, aprendí a no mostrar mis sentimientos, a tenerlos bajo control. Era una cuestión de supervivencia.
En ocasiones, algunas de mis víctimas, se me aparecían en sueños para martirizarme, susurrándome al oído, que sería el siguiente en morir.
Retiré la maleza que cubría la entrada a la cueva, y que nos permitía que pasara desapercibida. No obstante, nadie se atrevía a adentrarse tanto en el bosque.
Tuve que agacharme, para no golpearme la cabeza al entrar. Recorrí un estrecho túnel apenas alumbrado por candelabros dispuestos en hilera, a ambos lados de las paredes rocosas, hasta llegar a una amplia abertura circular.
El vidente se encontraba apoyado sobre una de las paredes. Tenía cadenas alrededor de los tobillos. Un pequeño cuenco de agua vacio , estaba situado a escasos metros de él.
Nicholas giró la cabeza en mi dirección y sonrió. Sus ojos sobrenaturales, parecían escrutarme con cuidado.
-Por fin, una visita -exclamó.
-Sabes a qué he venido...¿vas a hablar?.
-Puedes irte al infierno -respondió, cerrando los ojos con desinterés -déjame adivinar, tu hermano mayor te envía a terminar el trabajo de Ophelia.
Apreté los puños con fuerza.
-No deseo hacerte daño, pero puedes estar seguro de que lo haré, si no me dices dónde está el descendiente.
-¿Qué te hace pensar que lo sé? Mi don no funciona como crees, esa información no me ha sido revelada.
Mentía. Estaba mintiendo... Me acerqué a grandes zancadas y me agaché para ponerme a su altura. Le agarré con fuerza la túnica, obligándolo a mirarme.
-¿Dónde está? -gruñí, apretando los dientes.
Él sonrio e ignoró mi pregunta. Le solté de mala gana, y pasé mi mano por mi cabello con frustración.
-¿Qué sacaría yo con decírtelo? Todo Almandine morirá , si le encontráis primero. No puedo decirte dónde se encuentra, porque no lo sé.
-Si me ayudas, intercederé por tí. Sobrevivirás, tienes mi palabra...pero si te niegas o me mientes, yo mismo te quitaré la vida.
Nicholas se levantó con esfuerzo, sujetándose a la pared de piedra. Y sus ojos brillaron al mirarme.
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Editado: 17.06.2026