Medianoche Roja

Ophelia.

Miré a mi alrededor y me acomodé la capa cubriéndome aún más el rostro. El atardecer era precioso. Suspiré. Almandine estaba repleto de personas caminando despreocupadamente por sus calles adoquinadas, como si la maldición que se cernía sobre nosotros les importara una mierda. Estaban demasiado preocupados por su festival de la cosecha.

Bastardos.

Escupiría sobre sus tumbas cuando murieran. Todo esto era culpa suya. Jamás debieron meterse donde nadie les llamaba...

Entré en la posada con cautela y localicé a mi objetivo no muy lejos de la puerta. Sonreí cuando me observó, haciéndo un gesto casi imperceptible con la cabeza para que me siguiera.

Caminé hasta un callejón sin salida no muy lejos de allí. Sabía que vendría tras de mí como el perro faldero que era. Desde la primera vez que dejé que me tocara, entendí que sería el peón perfecto para mi estocada final.

—¿Una visita tan pronto? -sonrió con descaro.

—¿Me has echado de menos? -ronroneé en su oído.

Él se estremeció cuando posé mi mano en su entrepierna.

—Aunque me encantaría tener tiempo para esto-sonreí-lo cierto es que he venido por otro asunto.

Marius resopló molesto.

—¿Y no tienes tiempo para ambas cosas? -dijo, besando mi garganta-estoy tan excitado que te aseguro que no tardaré...

Él se retiró asustado cuando le coloqué la daga contra la garganta.

—He.dicho.que.no.- dije apretando los dientes.

El muy inútil pareció haberlo entendido, pues levantó ambas manos en señal de rendición y retrocedió un paso.

—No es necesario ponernos tan intensos Ophelia.

—Los desechos como tú, solo entendéis el idioma de la espada. Ahora escúchame bien, necesito saber si tu amiguito Michael tiene algún familiar en la Capital.

—¿Por qué? - respondió a la defensiva

—Los detalles no te importan, ¿tiene algún familiar o no? ¿alguna amante? ¿alguien llamada Hannah?

Marius guardó silencio. Con un rápido movimiento, volví a apuntarle con la daga, esta vez en el corazón.

—Vamos Marius, estoy segura de que puedes hacer memoria.

—Sí...

—Si ¿qué? -dije con impaciencia. Coloqué la daga sobre su pecho y rasgué su camisa, apretando el acero contra su piel.

—¡Hannah es su sobrina! -gruñó

—Buen chico, y ahora dime, ¿cómo es posible que una familiar de Lordiel no esté expuesta a la maldición? Marius suspiró.

—La hermana mayor de Michael murió de neumonía hace muchos años, aquí en Almandine. Hannah es su hija, pero no su hija biológica. Era hija de una amiga muy querida, que vivía en la capital. La niña se quedó huérfana a los diez años. Ella, simplemente la adoptó. ¿Lo del descendiente es real, existe? -preguntó con incredulidad.

—¿No te lo ha contado tu amigo? -reí, por su expresión estaba claro que no...-quizás, no seáis tan amigos como crees. Vigila a Lordiel, quiero estar informada de todos sus movimientos. Y también vigila a esos dos hermanos Ashbluff, no confío en ellos. Si es necesario, hazlos desaparecer...

—¿Por qué iba a hacerlo Ophelia?, ya me la estoy jugando demasiado.

Me acerqué a él hasta quedar cerca de su oído.

—Porque si no lo haces, Michael se enterará de que, no sólo te acuestas con el enemigo y has traicionado a todo Almandine, sino que, el responsable de la muerte de su hijo eres tú.




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