Abi.
Michael se encontraba sentado con nosotros, desayunando. Marius y él, se habían estado lanzando miradas mientras comíamos. Mientras masticaba, no podía evitar pensar en cómo William y él, parecían haber compartido un momento extraño, que no lograba comprender. Me moría por preguntarle si se encontraba bien.
Miré a Lukas, quien jugueteaba con un pequeño cachorro que se había colado temprano por la mañana, mientras Marius nos servía el desayuno. El pequeño perro de color negro, balanceaba la cola feliz, mientras Lukas le rascaba la cabeza con entusiasmo.
Mi mirada se cruzó con la de Michael durante unos segundos. Él no la apartó, yo tampoco.
Marius nos observaba de manera intermitente a ambos, con una expresión divertida y Lukas, bueno, Lukas simplemente devoraba su desayuno con total felicidad, mientras le lanzaba pequeños trocitos de pan al cachorro bajo la mesa, intentando disimular para que no le regañásemos.
—¿Señorita Ashbluff? — dijo un hombre acercándose a mí— esto es para usted.
El hombre de mediana edad, me sonreía alegremente mientras sostenía un ramo de rosas rojas enorme.
Marius miró a Michael y este negó con la cabeza.
—Gracias — sonreí — ¿Podría decirme quien las envía?.
—¿No está claro? —exclamó Michael apretando los dientes.
—Tiene una nota señorita – respondió el hombre, haciendo un breve asentimiento y marchándose.
Eran preciosas. Cogí la pequeña nota que colgaba de una de ellas y en ese momento me di cuenta de que los tres me miraban expectantes.
Enarqué una ceja.
—Prefiero leerla en privado — dije, dando un sorbo a mi té.
Observé las caras de decepción y sonreí.
—Sabes que la leeré en la habitación — dijo Lukas, hablando con la boca llena.
—Y yo, sabes que te dejaré comer pasteles gratis durante toda la tarde si después bajas, y me cuentas de quién se trata — exclamó Marius riendo, mientras le daba un codazo a Lukas.
—Y también, sabes que te regalare la daga que te gustó, si después me lo cuentas a mí — exclamó Michael alzando las cejas en un gesto divertido.
Lukas sonreía feliz.
Puse los ojos en blanco.
—Está bien... — exclamé — es de William.
Michael resopló con fastidio.
—Si querías flores , sólo tenías que pedirlas – dijo muy serio — no obstante Abigail, no confío en él.
—¿Sueles juzgar a las personas sin conocerlas?– pregunté con ironia.
—Parece que por lo visto, tienes tendencia a confiar en desconocidos – exclamó iracundo.
—No sabes si es un desconocido...
—¿Ah, no?
—Ya no —dije, e inmediatamente me arrepentí de haber dicho eso. Si bien era cierto que William parecía un hombre respetable, no le conocia a penas. Michael tenía razón y por supuesto, no pensaba dársela.
—Ignórale Abi, sólo está celoso —exclamó Marius.
—¿Yo, celoso de don estirado? —gruñó Michael dando un sorbo a su café.
Estaba segura de que su café estaba técnicamente ardiendo, por el gesto que hizo al beber. Sin embargo disimuló lo mejor que supo.
¿Por qué era tan terco?¿ no era él, quien andaba acostándose con mujerzuelas?.
— Además —dije, — voy a aceptar su invitación para tomar el té esta tarde.
Los tres me miraron.
—Espero que no estés equivocada, sólo ... ten cuidado, ¿vale? — respondió Michael levantándose. El sonido de la silla en el suelo me sobresaltó, estaba enfadado — me marcho, tengo trabajo que hacer.
Le observé salir de la posada, con paso decidido. Mi primer impulso fue salir corriendo tras él. Cerré los ojos, la magia comenzó a revolverse en mi interior.
—¿Le conoce? A William, quiero decir — pregunté removiéndome incómoda en la silla. De repente, se me había quitado el apetito. ¿Por qué me importaba que estuviese enfadado?.
—No que yo sepa — exclamó Marius distraído.
—¿Por qué pareció afectado cuando William le dijo su apellido? – fui directa al grano. Sentía curiosidad, me gustaría conocer más a Michael, pero si yo cerraba las puertas, él ni siquiera las abría. No podía mantener una conversación seria con él, sin que terminara por querer fastidiarme o bromear.
Me sonrojé al pensar así.
—No debería estar contándote esto, aun así y aunque no lo parezca, Michael es un hombre bastante atormentado. Perdió a su esposa, y a su hijo, dos años después.
—Vaya – dijo Lukas dejando de comer.
Tragué saliva. Estaba impresionada, que William tuviera justo ese apellido... ¿Era una casualidad o había algo más? ¿ Habría sido William tan mezquino de haberlo dicho para herirle? Y si era así, ¿ por qué?.
—¿Qué sucedió? – inquirí, casi en un susurro.
—Violet murió al dar a luz a Tobby, su hijo. Fue terrible para él, estaba muy enamorado. Y dos años después, la criatura... Se llevó al niño.
—¿Qué quieres decir con que se lo llevó? - preguntó Lukas con curiosidad.
—Lukas...- le regañé.
—Créeme, pequeño, no quieres saberlo — por eso sale a cazar a la bestia. No parará hasta destruirlo por completo. Pero si me lo permitís, prefiero no hablar de este tema.
Marius estaba nervioso, sus manos temblaban en su regazo. Su mirada se cruzó con la mía, la apartó nervioso.
No podía imaginar el dolor por el que debía estar pasando Michael, en esos momentos me arrepentí de haber sido dura con él. Tal vez, era así, bromeaba y molestaba para esconder su dolor.
Marius me sonrió con dulzura.
—Sé lo que estás pensando, odia que lo compadezcan, es duro como una piedra.
—Abi, podríamos ir después a hacerle una visita – sugirió Lukas, mientras jugueteaba con el cachorro, que ahora , había comenzado a ladrar.
—No sé si eso sería una buena idea... — carraspeé — tiene mucho trabajo.
—Hablando de trabajo... –dijo Marius.
Seguí la línea de su mirada, hacia la puerta de entrada del salón donde nos encontrábamos, una mujer cubierta con una capucha oscura le sonreía.
Marius se levantó con rapidez.
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Editado: 17.06.2026