Medianoche Roja

Ophelia.

—¿Te has ocupado de la chica?.

—Sí —respondió Marius casi en un susurro, mientras se abrochaba los pantalones.

—Bien. Con un poco de suerte, Viktor encontrará al descendiente antes que la sobrina de tu amigo, y sabrá bien qué hacer con ella, llegado el caso.

—¿Y el niño? —preguntó terminando de vestirse.

¿De verdad me estaba preguntando aquella obviedad?.

—Deshazte de él.

Marius titubeó.

—Es sólo un mocoso.

—¿Te has encariñado con él? —pregunté con sorna —¿ o es porque te recuerda al hijo de tu amigo?.

Tragó saliva. Bingo.

—Ni una cosa, ni la otra —respondió. Sabía que me estaba mintiendo.

Marius y yo nos acostábamos de vez en cuando, desde hacía ya cinco años. Nada más verle, supe que odiaba a Michael. Algo en su mirada le delataba. Tal vez fuese por la maldición, pero podía darme cuenta de esos pequeños detalles, que al resto se les pasaba por alto.

Fue muy sencillo manipularle, era la persona idónea y además, era un actor excelente.

Sabía que tenía un corazón tan oscuro como el mío. Sólo accedió a ayudarnos porque la culpa le corroía el alma y por la promesa de salvarse, cuando invocásemos de nuevo al demonio.

—Espero, que tengas claras tus lealtades... —dije, acariciándole la mejilla.

—¿Acaso lo dudas Ophelia?.

Le agarré el mentón con fuerza.

—Más te vale. Te desharás del niño y destruirás todo lo que ama Lordiel, le quiero débil y arrastrándose. Pagará con su vida el haber tan siquiera pensado, en levantar su espada contra los míos. Demuestrame de lado de quién estás.

—Entendido.

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Lucian comía en silencio, perdido en sus pensamientos, cualesquiera que estos fueran.

—Estás muy callado, hermano.

No recordaba un momento en nuestras vidas, donde Lucian no se hubiese comportado como nuestro padre. Siempre responsable, siempre a cargo de todo, siempre preocupado por nosotros, era una carga insoportable, sobre todo, porque en los últimos años la bestia le estaba ganando terreno al hombre.

Últimamente le notaba distraído y había notado que sentía mayor interés por inmiscuirse entre los habitantes de Almandine. Lo que él desconocía, era que la otra tarde le vi ensillar su caballo y le seguí.

Se había visto con esa mujer.

—Me comporto como siempre, Ophelia.

—¿Es por la chica Ashbluff? Sé que te estás viendo con ella.

Lucian por fin me miró. Me observó en silencio durante varios segundos con gesto serio y resopló.

—¿Me has estado siguiendo, hermana?.

—Así es, para descubrir con total sorpresa, que mi hermano está interesado en una mujer que podría ayudar a destruirnos. Y eso te incluye.

Lucian continuó comiendo, restándole importancia a mis palabras, lo que me enfureció aún más.

—De todos modos, ella ya no será un problema.

Mi hermano levantó la mirada y apretó los cubiertos con fuerza.

—¿Qué has hecho Ophelia?.

—Mirar por el bien de nuestra familia.

Lucian se levantó de golpe, arrastrando la silla tras de sí, que cayó con un ruido sordo, al suelo. En un segundo estaba frente a mí, los ojos rojos de ira.

—Dime que no te has atrevido a ponerle la mano encima.

Respiraba de manera agitada , apretando la mandíbula con fuerza.

—No yo.

Lucian me agarró del cuello y me estampó contra la pared con violencia.

—Estoy cansado de tus jueguecitos, Ophelia.

Aflojó su agarre y me soltó a regañadientes.

—Gracias a mis jueguecitos estamos al tanto de todo lo que sucede en Almandine, y vamos un paso por delante de los que nos quieren muertos . Deberías estar agradecido.

—Dime que le has hecho a ella.

—¿Tanto te atrae, como para discutir con tu propia hermana?.

—Ella no tiene nada que ver con la maldición. No es culpable de nada.

Puse los ojos en blanco. Tal vez, me había precipitado, cuando le pedí a Marius que se deshiciera de ella, pero la medianoche roja estaba cerca, no podía permitirme ningún fallo.

—Lo siento Lucian, creo que ya es tarde.




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