Lukas saltaba en la cama , haciendo la voltereta y riendo con felicidad.
Le observaba desde el marco de la puerta con una sonrisa. No podía evitar pensar en Tobby. Ojalá estuviese aquí, le echaba muchísimo de menos.
Mis ojos se empañaron de lágrimas y me sentí estúpido, por olvidar lo evidente; tendría que ser fuerte y no dejar, que la ira se apoderara de mi sentido común.
Marius y yo, habíamos decidido que lo mejor era que el pequeño de los Ashbluff era permaneciera aquí, hasta que Abi regresara con Hannah. El recuerdo de nuestros besos, hizo que un calor repentino me invadiese todo el cuerpo. Esperaba casi de manera obsesiva su regreso y no podía dejar de pensar en cómo sería tener su cuerpo, entre mis brazos...
Sacudí la cabeza ligeramente, para espantar esos pensamientos, y me centré en Lukas.
Era más seguro para él estar en mi compañía, sobre todo , teniendo en cuenta que esta noche era luna llena y la bestia saldría a cazar. No sabía explicar por qué, me sentía ansioso, con ganas de enfrentarle con mi espada y atravesarle el corazón, de una vez por todas.
-Pequeño, es hora de ir a cenar.
-¿Después vendrá Marius?
Asentí, con una sonrisa.
-Y traerá a ese cachorro que tanto te gusta y querías adoptar, lo tiene en la posada.
-¿Y tú dónde irás? -preguntó con el ceño fruncido.
El pequeño niño me miraba con curiosidad, sentado sobre la cama deshecha. Me senté a su lado y le revolví el cabello con cariño.
-Tengo que hacer algo importante, pero volveré más tarde.
-¿Vas a matar a esa cosa no?.
Me reí y le dediqué una mirada de reproche.
-¿Y tú cómo sabes eso?.
-Porque os escuché a Marius y a tí, hablando en la cocina esta mañana. ¿Puedo ir contigo?.
-No Lukas, es peligroso, pero te enseñaré a usar la espada alguna tarde, mientras Abigail regresa -dije , susurrándole como si fuera nuestro mayor secreto.
Él se rió y me dió un abrazo.
Tras la cena, el niño se quedó profundamente dormido en el sofá del salón, al calor de la chimenea.
Tocaron a la puerta con suavidad. Era cerca de la medianoche y debía prepararme. Marius entró y caminó con sigilo, al ver al niño sumido en un sueño profundo.
-Debo irme -dije, colocando mi espada a mi espalda -cuida de él.
-Puedes irte tranquilo -exclamó, dándome una palmada en el hombro -buena suerte.
Le miré y le dediqué una sonrisa arrogante. Marius puso los ojos en blanco, y se sentó con cuidado junto a Lukas.
Las calles estaban desiertas cuando salí al amparo de la noche. La luna llena iluminaba tenuemente las calles adoquinadas , mientras el eco de mis pasos reverberava en el silencio.
Sólo el sonido de mi respiración agitada, me hizo compañía, mientras sujetaba mi espada con fuerza. Pasó mucho tiempo, demasiado. Nada.
¿Dónde demonios estaba esa cosa?.
Pasaron varios minutos más, mientras exploraba las calles de la ciudad en la oscuridad. Mi espada lanzó un destello violáceo cuando comenzó a llover, y gracias a los dioses, pues la luna era ahora apenas visible, en el firmamento.
Genial.
Me paré en seco, cuando una figura al final de la calle, con los ojos centelleantes como el fuego me sonrió, con una ristra de dientes afilados como cuchillas.
La bestia lanzó un rugido y se lanzó hacia mí a la carrera, salvando la distancia que nos separaba casi en un suspiro. Era rápido y ágil. Mi espada brilló , iluminando la calle en la que nos encontrábamos. Apreté la empuñadura con fuerza, preparado.
Apenas tuve tiempo de levantar la espada , que chocó contra sus enormes garras. Sentía su aliento en la cara y me entraron arcadas, al caer en la cuenta de que sus colmillos, estaban teñidos de sangre. Seguramente ya se habría cobrado su víctima.
Logré rodar hacia un lado a tiempo, justo cuando la bestia me lanzó sus zarpas a la cara.
Había algo extraño en su comportamiento. Luchaba con más fuerza, con ira reprimida.
Retrocedí , mientras él me atacaba sin descanso, una y otra vez. Una de sus enormes garras me desgarró el costado y juro, que esa cosa sonrió.
-Hará falta algo más que eso para matarme, hijo de puta -dije, intentando no desmayarme por el dolor.
-Quizás arranque tu bonito corazón y vaya regalárselo a esa brujita tan guapa. Será lo único que le quede de tí -dijo con una voz de ultratumba.
El hecho de que mencionara a Abi, me cabreó. Agarré mi espada y me concentré, fundiéndome con ella como si fuesemos uno solo.
Mi ataque le hizo retroceder, sorprendido. La magia de la espada nos iluminaba con un tono morado. Sus ojos rojizos centellearon con ira y esquivó mi ataque por poco, saltando sobre un tejado cercano.
La sangre de mi costado me teñia la camisa y los pantalones. Joder, la herida era profunda.
-Baja aquí, amorcito tengo una sorpresita para tí.
La bestia caminó sobre el tejado como un depredador, analizando la mejor forma de avalanzarse sobre su presa, mostrándome sus dientes afilados.
Finalmente se lanzó sobre mí con sus fauces abiertas, justo cuando la magia de mi espada salió disparada , en una explosión de color púrpura, alcanzándole de lleno.
La criatura se estampó contra una de las casas cercanas, derribando la puerta con el impacto.
Sonreí cuando vi que no se movía. Por fin, los dioses me sonreían. Noté varias miradas tras las ventanas, espíando la escena.
Una mano me colocó una daga contra la garganta, haciéndome un ligero corte.
-No te muevas o te corto el cuello -exclamó una voz femenina a mi espalda -suelta la espada.
Obedecí. La espada cayó con un ruido ensordecedor al chocar contra el suelo. La mujer la apartó con el pie hacia un lado, lejos de mi alcance.
-Eh, tranquila. No hace falta que nos pongamos nerviosos.
Ella apretó la daga, haciéndome un corte más profundo. La bestia comenzó a revolverse despacio contra los escombros, sin llegar a levantarse. Escuché a la mujer suspirar profundamente con alivio.
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Editado: 17.06.2026