Abrí los ojos confundido. Lo último que recordaba era el haber estado arrastrándome como un gusano, a las puertas de la muerte. Palpé mi entorno con los ojos cerrados, por temor a comprobar que estaba muerto, y había ido directo al infierno.
Toqué una manta gruesa y suave. Abrí los ojos de golpe y estudié mi entorno, con cautela.
Estaba tumbado en una cama pequeña y cómoda. La luz de la mañana se colaba por una pequeña ventana estrecha, al fondo de la habitación. Bajo la ventana, una mesa de madera y a mi izquierda, una silla con mi ropa , pulcramente lavada y doblada.
Me miré, estaba desnudo, solo cubierto por la manta gruesa de color azul.
Joder. ¿ estaba soñando?.
La puerta de la habitación se abrió sin apenas emitir sonido. Una mujer menuda entró con una bandeja y me sonrió. Tenía el cabello dorado , que le llegaba por los hombros y llevaba un vestido de color rosado, que resaltaba su figura.
—Veo que ya te has despertado —exclamó dejando la bandeja sobre la mesa.
Aproveché su distracción para cubrirme con la manta.
—¿Qué hago aquí Brivelle?.
Brivelle era la sanadora amiga de Marius. Ya me había salvado el trasero en varias ocasiones.
Ella me miró y sonrió con dulzura.
—La bestia te atacó y te apuñalaron. Te encontré al borde de la muerte, casi desangrado frente a mi casa —exclamó, haciéndome un gesto con la barbilla hacia mi costado.
Bajé la vista y alcé la manta para mirar al lugar en donde en lugar de mis heridas, estaban dos enormes cicatrices blanquecinas.
—¿Y era necesario desnudarme? —pregunté divertido. Brivelle se sonrojó.
—Lo lamento, Michael. Estabas tan cubierto de sangre, que no sabía si te habian herido en más lugares, solo trataba de salvarte la vida...
—No te preocupes, gracias por sanarme—exclamé con una sonrisa —¿cuánto llevo inconsciente?
—Un día y medio.Voy a... me retiro, si necesitas cualquier cosa, estaré abajo.
Brivelle me dejó sólo. Me vestí y di buena cuenta del desayuno, que estaba exquisito.
Bajé las escaleras y me encontré a Brivelle, regando las flores de su jardín, mientras entonaba una melodía bastante pegadiza. Su voz era hermosa y no se había percatado de mi presencia.
—Bonita voz —sonreí.
Ella se sobresaltó , llevándose la mano al pecho.
—Me has asustado —exclamó nerviosa —¿Te encuentras mejor?.
—Mucho mejor, pero ahora debo marcharme.
Ella asintió seria.
—¿Puedo acompañarte? —preguntó.
¿Acompañarme?, eso sería peligroso, pero no me vendría mal un poco de ayuda.
—No sé si sería buena idea.
—Como pago por salvarte la vida...
—Está bien, es lo justo.
Tenía que recuperar mi espada bendita, tenía que reunirme con Marius y Lukas, estarían preocupados.
—Genial —exclamó con entusiasmo.
Partimos hacia mi casa , mientras esquivábamos a la multitud, que había comenzado su jornada diaria con normalidad.
Al abrir la puerta , un silencio extraño me golpeó. ¿Dónde estaban Marius y Lukas? , tal vez estaban en la posada.
—¿Esta es la casa de la famosa espada de Almandine? —preguntó Brivelle, girando sobre sí misma — es bonita , y está muy ordenada.
—Gracias, supongo. Vamos, tenemos que ir en busca de alguien —exclamé encaminándome hacia la puerta. Brivelle me siguió.
—¿A dónde vamos?.
—A ver a Marius —dije, ella asintió.
Cuando llegamos a la posada, un grupo de hombres y niños rodeaban a mi amigo, mientras este hablaba con tono serio y pausado. No pude distinguir qué era lo que decían, pero debía ser grave, por la expresión de este.
—Quédate aquí —le indiqué a Brivelle. Ella no se movió.
Caminé hasta el grupo congregado en la entrada de la posada, hasta llegar a Marius.
—Michael... — la expresión en el rostro de este, era de auténtica sorpresa.
—Parece que no te alegras de verme —dije, golpeándole el hombro con suavidad.
—Estás ...vivo.
—Gracias a ella —exclamé , señalando con el pulgar a la sanadora. Ella sonrió a Marius, al ver que este la miraba, y se acercó a nosotros.
—Ya veo... —afirmó, y algo sombrío cruzó su semblante.
—¿Qué sucede? —pregunté con curiosidad.
—Es Lukas... ha desaparecido.
Sus palabras fueron como un jarro de agua fría. ¿Lukas, había desaparecido?.
—¿Cómo es posible?
—Cuando te marchaste a buscar a la bestia, me descuidé. Fue culpa mía Michael, debí haberme quedado dormido y cuando desperté, la puerta estaba abierta, y el niño había desaparecido.
—¡Qué horrible! —exclamó Brivelle , llevándose una mano a su boca, horrorizada.
—¡No joder, Marius, te dije que le cuidaras en mi ausencia! —gruñí.
—Lo siento, de verdad. He organizado junto a otros ciudadanos una partida de búsqueda para rastrear el bosque... le encontraremos.
Me pasé la mano por el cabello, frustrado. Joder, Abi había confiado en mí, me había confiado la seguridad de su hermano, y la había fallado. Me odiaría por esto.
Esto era un puto desastre.
—¿Qué vamos a decirle a Abi cuando regrese?.
—¿Quién es Abi? —preguntó Brivelle con curiosidad.
—La hermana mayor de Lukas, y el interés amoroso de Michael —exclamó Marius, intentando relajar el ambiente.
—Ah. —exclamó Brivelle, con sequedad.
—Déjate de bromas Marius, esto es muy serio.
—Perdona.
—Vayamos de una puta vez a buscarle —dije con impaciencia.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Pasamos toda la tarde buscando al pequeño de los Ashbluff, sin resultados. Simplemente, no estaba en ninguna parte.
Aquella sensación de pérdida, se me agolpó de repente en la garganta, tan familiar, tan oscura. Tenía ganas de gritar, de golpear a alguien, de hacer arder todo Almandine.
Pensé en Abi y en cómo no había cumplido mi promesa de cuidar de la única familia que le quedaba. Me odiaría, quizás más, de lo que ya me detestaba yo.
#1418 en Fantasía
#5300 en Novela romántica
fantasia accion romance, rivals to lovers, triángulo amoroso”
Editado: 07.07.2026