La casa de Rebecca era descomunal, de hecho, me quedaba bastante corta. Era una estructura enorme de tres plantas, mucho más grande que nuestra casa señorial, en Mistwick.
Desde mi posición, levanté la vista hacia los tejados de pizarra y las enredaderas que coronaban gran parte de la edificación. Todo era hermoso y casi parecía sacado de un cuento de hadas. Tuve que cubrirme los ojos con la mano, ya que la luz del sol de mediodía, era abrasadora.
Las paredes de la casa, eran de ladrillo grisáceo en contraste con los grandes ventanales de color blanco. A la derecha, se podía observar, una especie de torre octogonal , decorada con cristales de múltiples tonos; amarillos, verdes y azules, que resplandecían con la luz solar, en una danza de colores casi hipnótica.
Un hermoso jardín, rodeado de setos de diversas formas y tamaños, nos daba la bienvenida, cubierto de rosas rojas que parecían brillar como la sangre.
Recorrimos a pie, el sendero que daba acceso a la entrada principal, un camino serpenteante, franqueado por pinos.
Aquello era asombroso.
—Bueno, bienvenida a nuestro hogar —dijo Rebecca, señalando con la cabeza en dirección a la entrada —será mejor que entremos, el calor hoy, es insoportable.
Asentí y caminé tras ella, entrando a un enorme recibidor. El suelo estaba cubierto por baldosas blancas y doradas, que formaban patrones complejos.
—Son encantamientos de protección —declaró Rebecca, al observar cómo me paraba en seco, intentando descifrar aquellos símbolos extraños —pero supongo que tendrás con ellos cierta familiaridad, ya que eres una bruja.
Tragué saliva. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar con mis mentiras?. La magia se revolvió inquieta en mis manos. Culpa, una emoción que conocía bien.
Seguí a Rebecca a través de pasillos que parecían interminables, girando hacia la izquierda y después hacia la derecha. Sería imposible salir de esa casa sin un mapa.
—Hemos llegado.
Un pequeño salón de tonos pastel se abrió paso ante nosotros. Una serie de espejos altos con el marco dorado, estaban dispuestos por la pequeña habitación. Un hombre apenas, unos años mayor que yo, estaba sentado elegantemente en un sofá color azul , bebiendo con indiferencia de una taza de té.
—Stephan, esta es la señorita Abigail Ashbluff, es una catalizadora y afirma, que puede ayudarte.
Mi pulso se aceleró. Lo cierto es que nunca había intentado usar mi magia para curar ningún tipo de dolencia, mucho menos, para tratar a alguien que tenía problemas de insonmio.
El joven se levantó y me hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Encantado de conocerla, señorita Ashbluff.
—Igualmente —sonreí algo tensa.
—Por favor, siéntese y póngase cómoda. Me dirigí al extremo del sofá y me senté , dedicando a Rebecca una mirada de soslayo.
—Bueno, me gustaría saber cuándo podría curarme , Abigail. Me resulta insufrible no poder dormir, y tener que dedicarme a los asuntos de mi familia, durante el resto del día.
—El otro día, Stephan se quedó dormido en una junta local —rió Rebecca con descaro.
—No es gracioso —replicó él —todos estuvieron con la mofa durante varios días.
¿Por qué aquellas personas me resultaban tan detestables? Era cierto que Rebecca me había ofrecido ayuda, y su hermano, era bastante amable , pero me sentía como un pez fuera del agua. Quería marcharme de allí. Cuanto antes empezara la farsa, antes acabaría todo aquello.
Rebecca me ofreció té. Aproveché que esta le daba indicaciones a su doncella, para observar más detenidamente mi entorno. Una sombra, junto a la cortina, titiló.
Parpadeé varias veces, incrédula.
Ahora no, pensé.
La amaterisa en mi cuello comenzó a emitir leves destellos dorados. Stephan, me observó totalmente fascinado y me dedicó una sonrisa amable.
—¿Qué es eso?
—Uhm...es mi magia —mentí, —empieza a conectarse conmigo.
Joder. ¿De verdad había dicho aquella estupidez?.
Stephan pareció sorprendido y asintió.
—Estoy deseando ver lo que puede hacer.
—Yo también... —exclamó una voz espectral a mi lado. Me tensé, aterrada.
Aquella sombra de silueta humanoide y ojos rojos estaba, literalmente sentada junto a mí. Miré perpleja a Stephan , quien charlaba animadamente con su hermana.
—No pueden verte —susurré. La sombra emitió una ligera carcajada y se desvaneció.
—¿Se encuentra bien, Abi? — me preguntó Rebecca con preocupación, —se ha puesto pálida de repente.
—Sí, si...no se preocupe. Debe ser por todo lo del robo.
—Mi hermana me estaba contando lo que le ha sucedido. Puede hospedarse aqui si lo desea, hasta que me cure. Le pagaremos bien, para que pueda regresar a su casa —exclamó Stephan.
—Gracias —exclamé, dando un sorbo a mi té.
—Bueno, ¿ qué le parece si comenzamos? —dijo Rebecca.
—Claro... —exclamé levantándome del sofá , temerosa.
No te tenses. Cierra los ojos y desea curarle, yo te guiaré...
La voz de aquel ser de ojos rojos, me invadió por completo. Asentí,no sabía si para mí misma o para él.
Aferré mi amaterisa con la mano y la envolví con cuidado en mi palma.
La piedra brilló iluminando gran parte de la habitación. Los hermanos me observaron atónitos.
—Me hubiese encantado ser una bruja —suspiró Rebecca.
—Túmbese en el sofá —le dije a Stephan. Él obedeció.
Tranquila... me dijo aquel monstruo oscuro, que ahora estaba junto a mí. Puse ambas manos sobre el pecho de Stephan y cerré los ojos. Rebecca me miraba expectante.
—Esto no va a funcionar —susurré a la criatura.
Confía en mí.
Aquel ser, se colocó detrás de mí y me sostuvo las manos, fundiéndose conmigo como si fuésemos uno solo. Algo en mí se quebró, y un frío glacial me recorrió la espalda.
No abras los ojos o me descubrirán, no tengo mucho tiempo, antes de desvanecerme.
Dijo, susurrándome al oído. En ese momento, perdí el control total de mi cuerpo. Sentí la magia, dorada y blanca cubrir mis manos , era como si las imágenes se proyectaran en mi mente, aun con los ojos cerrados.
#1418 en Fantasía
#5300 en Novela romántica
fantasia accion romance, rivals to lovers, triángulo amoroso”
Editado: 07.07.2026