Medianoche Roja

Hannah.

No tenía pensado cumplir mi palabra, y dudaba mucho, que Viktor fuese a cumplir la suya.

Ninguno de los dos, había hablado acerca de nuestro beso. En ocasiones, me rozaba los labios en un gesto distraído, rememorando aquel momento, y algo se apoderaba de mi estómago. Era una sensación, agradable y cálida, que me esforzaba por ahogar con todas mis fuerzas.

Me preguntaba si él pensaría en lo que pasó. Estaba claro que no.

Viktor se empeñó en acompañarme a la taberna. Caminamos en silencio hasta llegar a la puerta, mal atrancada, después del destrozo.

—No recordaba que el desastre fuera tan grande —dijo.

Le miré confusa.

—¿Estuviste aquí?.

Viktor se acercó a mí y me dedicó una sonrisa. Era aterrador y hermoso, tenerle tan cerca. Miré sus labios durante unos segundos y aparté la mirada.

—Yo fui quien sacó a Eric de aquí, antes de que se desangrara.

Aquello me dejó atónita. ¿Había salvado la vida de un desconocido solo porque sí?.

—Gracias, supongo —susurré. Me sentía culpable por lo que sucedió, y en cómo Eric pagó con la pérdida de su mano, mi guerra con Kemir y su gente. Al salir de casa, me había fijado en que, la casa de Eric estaba vacía. Normalmente, una tenue luz amarillenta, asomaba con timidez entre las ventanas inferiores, hoy, todo estaba demasiado oscuro. Presuponía que Eric y su familia, se habían largado después del ataque a mi taberna.

Viktor no me respondió, simplemente se puso manos a la obra, recogiendo los pedazos de cristal roto del suelo, y levantando las sillas y mesas, volcadas. Le imité.

Arrugaba el entrecejo cuando tenía que sostener algo. Observé las vendas en sus manos , intentando no recordar cómo era el tacto de su piel. Debía ser terriblemente doloroso para él, aún así parecía no importarle demasiado.

Las horas pasaron rápido y la tarde llegó con las luces doradas del sol, iluminándo la taberna.

—Volvamos a casa —exclamé , secándome el sudor de la frente con el dorso de la mano, —no hay mucho más que salvar aquí.

—¿A casa? —dijo con un tono de diversión —eso implica cierto grado de intimidad, espero que no te encariñes conmigo.

Le fulminé con la mirada.

—Serías la última persona a la que cogería cariño —gruñí, —somos enemigos.

—¿Incluso si besaste a tu enemigo? —soltó —me pregunto qué pensaría Michael, si se enterase de eso.

Asiesque, esa era la razón por la que me besó. No sé por qué me sorprendía. No sé por qué me dolía. Apreté los puños e intenté que el saberme utilizada no me afectara.

Me mordí la lengua, para no preguntarle si pensaba que podría utiizarme a su antojo. Joder, no podía confraternizar con él , tenía razón, Michael me mataría. Sería mejor cortar con aquello de raiz.

—No significó nada —mentí. Viktor me miró con seriedad, sopesando mis palabras, con cuidado, y después negó con la cabeza, como si no le importara.

—Ni para mí.

Su respuesta me dolió, más de lo que estaba dispuesta a admitir. Sin embargo, le dediqué una sonrisa condescendiente y entramos en casa.

***

Cenamos en silencio. A Viktor no parecía molestarle ese silencio extraño, que flotaba entre nosotros, sin embargo, a mí me estaba ahogando.

—Mañana a primera hora saldremos a buscar al descendiente —exclamé, rompiendo el silencio.

—Estuve en todas las malditas tiendas de objetos mágicos de esta ciudad, nadie conoce al tal Arin —respondió cortante.

—Yo también. Tal vez, Michael se equivocó con la información.

—No me sorprendería.

Le fulminé con la mirada.

—Hablas de él, como si le conocieras.

—Le conozco demasiado bien, Hannah. Y algún día, acabaré con él —exclamó apuntándome con el tenedor.

—Me gustará ver cómo te patea el trasero. —respondí con sequedad.

Viktor me dedicó una sonrisa divertida. Su mirada bajó a mis labios durante un segundo y después , dió un bocado a su estofado, distraído. Odiaba que me hiciera sentir así, por los dioses, él y su familia le habían destrozado la vida a mi tio. Michael jamás me perdonaría el pensar en él, de esta manera.

Me levanté de mi silla con tanta rapidez, que el sonido de las patas contra el suelo, hizo que Viktor levantara la cabeza en mi dirección sorprendido.

—Olvidé regar las plantas del jardín ...voy a .... —exclamé, señalando con el pulgar hacia la puerta principal. Viktor enarcó una ceja y cruzó los brazos sobre su pecho divertido.

—A regar...

—Eso he dicho.

—¿A esta hora? —preguntó, observándome como si hubiera perdido la cabeza.

—Sí, ¿tan extraño te parece? —gruñí, dándole la espalda y saliendo a toda prisa al jardín delantero. Él no me siguió. ¿Por qué fantaseaba con que lo haría? Era un asesino.

Solo me permití respirar cuando cerré la puerta tras de mí. Aquello era demasiado. Quería golpearle su preciosa cara, quería verle sangrar , por haberme besado y haberme utilizado para hacer daño a mi tio. Joder, qué tonta había sido.

Me dispuse a arrancar las malas hierbas que habían comenzado a brotar alrededor de mis flores. Estaba oscuro , cosa que agradecí. Varias nubes ocultaban el cielo, y todo estaba en calma.

Justo lo que necesitaba.

***

Pasó cerca de una hora cuando entré en casa. Viktor ya no se encontraba en la sala de estar, ¿dónde diablos se habría metido?. Subí las escaleras a paso lento y me asomé a mi habitación.

Le encontré tumbado en mi cama , un brazo tras su nuca , sosteniendo uno de mis libros favoritos de romance, con gesto divertido.

—¡No toques eso! —exclamé , arrebatándoselo de la mano.

—¿En serio te gusta leer este tipo de cosas? No te pega nada...

Le lancé el libro con ira, directo a su cara, pero él lo interceptó con una sola mano, con una rapidez sorprendente.

—En primer lugar fuera de mi cama, dormirás en el suelo, abajo. Segundo, según tú ¿qué cosas debería gustarme leer? —pregunté con ironía.

Él me observó con esa sonrisa de arrogancia, lanzando el libro con desdén, al suelo.




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