Lukas había estado llorando durante la madrugada. Hipaba y sorbía por la nariz de manera continuada. Podía empatizar con él, sentir su dolor, sabia mejor que nadie lo que era sentirse solo, en un mundo terrible, donde únicamente se trataba de sobrevivir.
Mi cuerpo comenzó a temblar. El pequeño niño me observó confuso y se arrastró, a pesar de las pesadas cadenas que rodeaban sus tobillos, hasta mí.
—Nicholas... —dijo, zarandeándome —¡Nicholas!.
Levanté la mano , para que cesara y guardara silencio. Lukas se retiró , dejándome espacio.
No podía controlar los espasmos. Era la peor parte de mis visiones, ya que no podía detener los movimientos involuntarios, de mi propio cuerpo.
Cuando la visión terminó , giré la cabeza en dirección al niño. Sabía en donde se encontraba, por el ligero movimiento que emitían sus cadenas, al moverse.
—No debes preocuparte cuando me veas así —sonreí.
—Está bien. ¿Has tenido una visión? —preguntó.
—Ajá. Lukas, ¿recuerdas aquella tarde en la que tuviste el accidente de carruaje?.
—¿Lo has visto en tu visión?.
Asentí.
—¿Y por qué has visto nuestro accidente? — preguntó con curiosidad —¿es importante?.
—De hecho, sí. ¿Recuerdas aquel montoncito de ramas y piedras que dejaste a un lado del camino, cuando estabas en compañía de tu hermana?.
—Sí.
—Nos dejaste una pista para volver a casa.
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Editado: 07.07.2026