Lukas no estaba, en ninguna puta parte, y mi ansiedad iba in crescendo. No ayudaba que Brivelle se hubiera convertido prácticamente en mi sombra. Se presentaba sin ser invitada , a cada partida de búsqueda que organizábamos Marius y yo, y aunque se mantenía a cierta distancia prudencial, la había pillado mirándome de soslayo en más de una ocasión.
Después de lo que pasó, o mejor dicho, no pasó entre nosotros , me miraba esperando una disculpa o quizás, un segundo intento de meterse de nuevo, en mi cama.
Cosa que no iba a pasar.
—Hemos rastreado toda la parte norte del bosque y toda la ciudad, no hay rastro del niño —dijo Marius con seriedad —hay que admitir lo evidente, Michael.
—¿Y qué coño es lo evidente, Marius?.
—Que probablemente esté...
—No te atrevas a decirlo —le corté —le encontraré. Se lo prometí a ella.
Marius me miró inexpresivo y regresó junto con algunas personas a continuar con la búsqueda.
Brivelle se acercó despacio, como si temiera romperme con su presencia, y se quedó a unos metros de distancia de mí. Con toda seguridad, había escuchado mi conversación con Marius.
—¿Le tenías cariño?.
La miré, esforzándome por que las lágrimas no se permitiesen la libertad de empañar mis ojos.
—A Lukas —exclamó. Esta vez si se acercó a mí, despacio.
—Sí, me recuerda mucho a Tobby —me sinceré.
—Y además es el hermano de esa tal Abigail, ¿no?. Hubo algo amargo en su tono, cuando la nombró.
—Mira Brivelle, no es el momento de estas tonterías...
—¿Mis sentimientos son una tontería Michael?.
Guardé silencio. Por supuesto que no, no era tan frío.
—Llevo enamorada de tí, desde hace años. Jamás me has visto como mujer, siempre he sido "la sanadora", la mujer que te ha salvado la vida, en más ocasiones de las que puedo recordar.Y por una vez, he deseado con todo mi corazón que me vieras, que me vieras de verdad —dijo , y una lágrima rodó por su mejilla sonrosada.
—Lo siento Brivelle, no deseo hacerte daño, pero tampoco deseo darte falsas esperanzas. Nunca te meteré en mi cama para aprovecharme de tí, aunque no te lo parezca, soy un hombre honorable.
— Meterías a cualquier fulana, Michael, te conozco bien —rió con ironía.
—Nunca metería a alguien a quien admiro y respeto, sólo,para aprovecharme de ella, puedes estar segura —respondí con seriedad.
—Sé que puedo hacer que me veas...
Resoplé hastiado de esta conversación, que sabía de sobra, que no nos llevaría a ninguna parte.
—Lo siento Brivelle, pero prefiero que mantengamos la distancia.
Ella abrió mucho los ojos, por la sorpresa. Finalmente, el dolor cruzó su semblante.
—Muy bien, Michael. Buena suerte con no morir la próxima vez —exclamó, mientras se alejaba entre los árboles, camino a la ciudad.
Me giré para continuar con la búsqueda y me di cuenta de que Marius seguía con la mirada a Brivelle, en la lejanía. Acto seguido, me miró y me dedicó una sonrisa, después se perdió entre los árboles con el resto.
***
—Ha quedado perfecta. La voz de Nate Hurber, sonó demasiado aguda de la emoción.
Me había quedado despierto hasta altas horas de la noche , trabajando en su espada, a la que había incrustado varios minerales en la empuñadura, como me había pedido. No era un arma para ser usada en combate, era un arma de exposición.
Nate, era conocido en Almandine por tener la mayor colección de armas de la ciudad, de las cuales , la mitad, eran obra mía. Me sentía orgulloso de ello.
El hombre de mediana edad, tenía el cabello dorado recogido en una coleta baja , y su barba poblada, ya estaba teñida de cabellos blancos. Tenía un porte atlético y era buen guerrero, ya que había pertenecido a la guardia real.
—¿Oye, sabéis algo del chico desaparecido?.
Le miré y negué , incapaz de emitir una palabra. Estaba preocupado por Lukas y mi mente traicionera, no dejaba de imaginar escenarios catastróficos cuyo final me negaba a aceptar.
—No me gusta meterme en este tipo de cosas, Lordiel, ya me conoces, pero vi algo raro esa noche.
Sus palabras captaron totalmente mi atención. Algo destelleó en mi pecho, esperanza.
—Te escucho.
Nate se acercó a mí, para hablar en susurros, temeroso que alguien pudiese escucharnos.
—La noche de luna llena, ya bien pasada la medianoche, vi a ese chico amigo tuyo...¿cómo diablos se llama?.
—Espera, ¿viste a Marius?.
—Sí, el chico de la posada. El otro día estuve con él en la partida de búsqueda en el bosque y contó que se había quedado dormido. Mintió.
Me llevé las manos a la cara con frustración. ¿Marius me mintió?¿ qué hacía fuera de mi casa? Y lo más importante , ¿ dónde estaba Lukas?.
—¿Estás completamente seguro que era él?.
—Completamente. Además hubo algo que me llamó la atención, llevaba al hombro un saco que se retorcía constantemente, un saco pequeño.
Abrí los ojos por la sorpresa y apreté los puños con tanta fuerza , que los dedos me crujieron.
—¿Estás insinuando que Marius se llevó al chico?.
—Mira, normalmente soy muy precavido cada luna llena, pero esa noche...bueno, tenía compañía. Se nos hizo tarde y nos escondimos en un establo cercano a tu casa, el que hace esquina de los Robin. Entonces, le vi pasar, caminaba rápido , y tenía una actitud extraña.
Asentí, atento a sus palabras. No podía creer que mi mejor amigo me hubiese mentido, iba a tener que darme muchas explicaciones.
—¿Extraña?.
—Como si tuviese prisa por no ser visto.
Me pasé la mano por el cabello, tentado a arrancármelo de la ira. Joder.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —gruñí.
— Porque necesitaba hablar contigo a solas, Michael. Ese chico nunca me ha gustado, ten cuidado con él —exclamó, dándome una palmada en la espalda. —si necesitas mi ayuda, házmelo saber.
Acto seguido, Nate recogió su espada y con un leve asentimiento de cabeza, se marchó.
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Editado: 07.07.2026