-¡Brivelle, espera!
Había seguido a la chica, en cuanto Michael se había despistado. Fue sencillo escabullirme entre la maleza agreste del bosque, esquivando sus altos pinos, sin perderla de vista.
Había estado escuchando su conversación con Michael. Por supuesto, era una oportunidad que no iba a dejar escapar.
Brivelle se giró confusa, sus ojos enrojecidos por el llanto y sus labios en una fina línea.
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, antes de que llegara corriendo hasta ella, intentando disimular. Acto seguido, alzó el mentón como si no hubiese estado llorando, segundos antes, y me miró.
-¿Qué quieres, Marius?
Me doblé sobre las rodillas exhausto, y la devolví la mirada, recolocándome las lentes.
-Quería saber si te encontrabas bien...yo...he escuchado sin pretenderlo, tu conversación con Michael.
-¿No se supone que es tu amigo? -preguntó airada -No deberías haberme seguido.
- Tú también eres mi amiga -respondí, con un falso tono de preocupación.
Ella suspiró y me rodeó con sus brazos. El gesto me sobresaltó.
-No me corresponde Marius, le dije lo que sentía y cómo me sentía, y no le importó -sollozó con su rostro pegado a mi pecho.
Aquello era sencillamente, maravilloso. Los dioses me habían bendecido.
La aparté con suavidad para mirarla, tenía el rostro bañado en lágrimas.
-Es por la chica Ashbluff -solté.
Noté cómo me clavaba las uñas en la espalda, sin ser consciente. Acerqué mi dedo a su mejilla y le retiré una lágrima, que rodaba hacia su mentón.
-Lo sé. ¿Ella le corresponde? -preguntó con la voz rota.
-Yo diría que es muy probable.
Brivelle se separó de mí, con los puños cerrados y comenzó a caminar por el sendero como un perro rabioso. Estuve tentado a sonreir, aquello era mejor de lo que había pensado.
- Esa bruja... -susurró.
-Me caes bien, eres una buena persona y deseo ayudarte -dije con seriedad.
-¿Cómo Marius, cómo piensas ayudarme? ¿acaso conoces a alguna bruja de la sangre que haga pociones para curar un corazón roto o algún conjuro para que Michael se enamore de mí? -rió con sorna.
-Mucho mejor, mucho más dulce y más placentero... - Ella retrocedió confusa. -te ofrezco venganza.
Brivelle abrió mucho los ojos por la sorpresa.
-Venganza... -susurró en voz alta.
-¿No estás cansada de que nadie te vea en realidad? -dije,dando un paso hacia ella. Brivelle retrocedió - ¿ de que nadie te quiera de verdad?.
La chica retrocedió, hasta chocar con un tronco deformado y robusto, tras su espalda.
-Marius basta.
-¿Y si te dijera que , juntos, podríamos ver cómo Abigail Ashbluff se retuerce como un gusano?. Te ha robado al hombre que amas.
Aquello podría salir terriblemente mal. La chica podría negarse y contárselo todo a Michael. Rocé la daga oculta bajo mi camisa, con la punta de mis dedos, decidido a usarla si era necesario.
-Pensé que ella te agradaba -exclamó, perpleja.
-No tanto como crees -sonreí.
Ella pareció meditar con cuidado, mis palabras.
-Cuéntame más.
El plan era sencillo, aunque la sanadora no conocía ni la enésima parte, por supuesto. Había logrado convencerla de que, desde que los Ashbluff habían llegado a Almandine, todo por lo que mi querido y adorado Michael y su familia, habían luchado, estaba yéndose a la mierda.
Abigail Ashbluff, era una distracción innecesaria para la Espada de Almandine, y que ella misma, había tenido que sanarlo en reiteradas ocasiones, por su culpa.
Y que, si alguna vez ella regresaba de Kendrem, debíamos hacerla desaparecer por el bien de Lordiel. Brivelle estaba más que encantada con la idea, claro.
Para ello le dije, teníamos que provocar el caos, hacer que Michael se viera realmente desesperado, vulnerable, y que ella, sería su refugio, su única esperanza. El agua en su desierto.
Cuando le pedí que quemara su herrería, ella ahogó un grito espantada. Por supuesto, al inicio se negó. Pero el veneno de mis palabras, hizo su efecto rápido. Le dije que era la única manera de ganarse el corazón de su tan ansiado Michael, quien lo habría perdido todo, ahí, es cuando ella se presentaría como su tabla de salvación.
Sonreí complacido. Michael moriría y lo cierto era, que no me importaba arrastrar a la sanadora con él.
Brivelle estaba encantada con nuestro plan, fantaseando en alto, cosas sin sentido. Esa mujer estaba jodidamente loca.
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Editado: 07.07.2026