Medianoche Roja

Michael.

Estrellé mi puño en su estómago en cuanto le vi entrar en la posada. Había esperado más de una hora, en la que mi supuesto amigo, no había regresado.

Marius cayó hacía atrás, chocando contra una de las mesas de roble. No me importó, quería respuestas, las necesitaba.

—¡Qué diablos te pasa Lordiel!, ¿acaso quieres matarme? —gritó.

Me acerqué a él a grandes zancadas y lo levanté con ira por el cuello de la camisa, estrellándolo contra la pared. Los comensales huyeron ante la pelea, dejándonos solos.

—¿Dónde está Lukas, Marius? —gruñí, él pareció confundido —¿por qué me mentiste?.

—¿De qué estás hablando?, ¿se te ha nublado el juicio? —se defendió, soltándose de mi agarre de mala gana.

Me pasé ambas manos por el rostro, con frustración.

— Alguien te vió, la noche de luna llena. No estabas en mi casa, ¡me dijiste que te quedaste dormido! —grité.

—Para tu información, estaba buscando a Lukas — exclamó.

—No te creo.

—Salí a buscarle en cuanto me di cuenta, Michael. ¿Esperabas que me quedara de brazos cruzados?.

Le agarré de nuevo, por el cuello de la camisa. Marius me miró dolido.

—¿Dónde está el niño, Marius? —gruñí, apretando los dientes — no voy a repetírtelo de nuevo.

—¡Lordiel! — uno de los lugareños entró corriendo y se paró en seco, al observar la escena.

Solté de mala gana a Marius, quien se colocó la camisa con ira, sin dejar de mirarme.

—¿Qué sucede? —respondí, molesto por la interrupción.

—Tu herrería... está ardiendo.

Corrí con todas mis ganas, esquivando a los curiosos que me observaban y chocando sin pretenderlo, con otros tantos.

El humo denso, ascendía sin control empañando la hermosa imágen de la ciudad.

No.No.No.

Una mujer menuda, de cabello corto y dorado, intentaba sofocar el fuego, con grandes cubos de agua, junto a otros vecinos de la zona. Brivelle.

—¿Qué ha pasado? —pregunté, llevándo mi mano a mi cabello alborotado y sudoroso por la carrera.

Brivelle se giró al escuchar mi voz y se acercó.

—Lo lamento Michael, vine a buscarte para disculparme , y todo estaba ardiendo. Dí la voz de alarma a los vecinos, pero ya era demasiado tarde.

—Joder — es la única palabra que conseguí pronunciar. Mi herrería, mi sueño, el sueño de mi abuelo, reducida a cenizas. El fuego comenzaba a extinguirse lentamente, mientras los vecinos trabajaban sin descanso. Marius llegó y se puso manos a la obra, con los demás.

Me dedicó una mirada cargada de significado, se la esquivé.

Me uní a ellos, en un esfuerzo inútil. Cuando el fuego se extinguió completamente, ya comenzaba a anochecer.

Me quedé sentado en mitad de la calle, a varios metros de distancia, observando los restos de mi herrería. Negro y carbón, ruinas y deshechos. Toda una vida de trabajo, para nada. Las lágrimas amenazaban con brotar sin control. Sentí una mano en mi hombro izquierdo y alcé la mirada. Marius me contemplaba serio, después dió media vuelta y se marchó.

Suspiré, parecía que los dioses me detestaban.

—Lamento mucho lo que ha pasado.

Brivelle se había sentado a mi lado, y observaba las cenizas en silencio. La brisa nocturna acariciaba los mechones de su cabello, que comenzaron a agitarse con suavidad.

—No entiendo nada.

—Si necesitas compañía, hablar o beber hasta perder el conocimiento, estoy aquí —exclamó.

—Gracias, pero preferiría estar solo.

—Parece que fue provocado —exclamó una voz grave a nuestra espalda.

Nate Hurber, el coleccionista de espadas, estaba de pie contemplando el desastre.

—También lo creo —dije, casi en susurros.

—¿Se sabe algo de quién podría haber sido? —preguntó Brivelle. Algo en su voz me incomodó, parecía...¿ nerviosa?. De repente, recordé que Marius no había regresado a la posada en bastante tiempo. ¿Habría sido capaz...?.

—Nada —respondió Nate —me gustaría hablar contigo Michael. A solas.

Brivelle se levantó de mala gana.

—Si necesitas algo , bueno, ya sabes donde encontrarme —dijo, y con un breve asentimiento de cabeza, se marchó.

No fue hasta que la chica se perdió entre las calles, que Nate rompió el silencio.

—Levántate muchacho, eres el guerrero más valiente que he conocido.

—Mi padre no estaría de acuerdo contigo —exclamé con tristeza.

Papá siempre me había presionado con dar lo mejor de mí mismo, en prácticamente todas las áreas de mi vida. Cuando el abuelo murió, sintió que como hijo, había fracasado, ya que no pudo impedir la muerte de su padre. Y eso trajo como consecuencia, la presión a la que me sometía todos los días.

—Sé más rápido, sé más inteligente y sobre todo, sé más fuerte. Que esa cosa no te desarme nunca, o será tu fin.

Sonreí con tristeza, si él supiera que su mayor miedo, había estado a punto de suceder...

No sólo había perdido mi espada bendita, sino que había perdido nuestra herrería. Era un completo inútil, que destruía todo cuanto amaba.

Nate se sentó a mi lado, al ver que no me levantaba, ocupando el que había sido el lugar de Brivelle.

—Conocí a tu padre, era un hombre justo y un guerrero maravilloso. Te amaba por encima de todo, puedes creerme.

—Sé que me amaba, pero en ocasiones su forma de demostrarlo era demasiado...

—¿Rígida?

Asentí.

—No pude salvarle. Tampoco a Violet, ni a Tobby, ni esto... — exclamé señalando con la cabeza la herrería.

—Muchacho debes ser consciente, de que no puedes cargar con el peso del mundo sobre tus hombros. Habrá cosas que se escaparán a tu control, céntrate en lo que sí depende de tí.

—¿Como qué?

—Como reconstruir esta maravillosa herrería o como conquistar a esa chica tan guapa con la que vas a menudo.

Sonreí. El recuerdo de Abi hizo más leve el dolor que sentía , comprimiéndome el pecho.

—Creo que lo más complicado de todo, es que esa chica tan guapa se enamore de un sinvergüenza como yo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.