Medianoche Roja

Hannah

No había podido dormir en toda la noche. Me preguntaba si Viktor se habría marchado después de decirle que le odiaba, pero ¿ le odiaba en realidad?.

Esa era una buena pregunta, no quería pensar demasiado en la respuesta, aún no. Tenía la sensación de que el asesino jugaba conmigo, porque sabía tan bien como yo, lo que sucedería si Michael se enteraba. No iba a permitir que él o su familia le hicieran más daño.

Bajé las escaleras con desgana y bostecé. La casa estaba vacía.

Justo como pensaba, me dije.

Me disponía a prepararme un té, cuando unos pequeños golpes en el jardín exterior me sorprendieron.

—Qué demonios... —exclamé dirigiéndome hacia la puerta principal.

La escena era surrealista. Viktor estaba agachado arreglando una pequeña maceta , que llevaba rota más de lo que podía recordar. Había retirado las malas hierbas , que tenía amontonadas a un lado de cualquier manera, mientras trabajaba sin darse cuenta de mi presencia. Tenía las manos manchadas de abono y el rostro sucio por la zona de las mejillas y la frente.

Tuve que contener la risa, cubriendo mi boca con la mano. Aquello era jodidamente divertido, al final, me había limpiado el jardín, tal y como se lo pedí.

El asesino se giró y me miró con el ceño fruncido.

—¿Qué te parece tan gracioso?.

No pude evitar reir a carcajadas. Él me fulminó con la mirada.

—¿De verdad me estás limpiando el jardín?.

—¿No era eso lo que querías? —escupió molesto.

—Por lo dioses, no iba en serio —reí —partimos en una hora a buscar al descendiente. Más te vale que te des una ducha, grandullón. No pienso pasearte así por la ciudad.

Él se giró ignorándome y continuó arreglando la maceta.

***

Me pusé mi corsé azul y mis pantalones, ajustados y me trencé mi larga melena. No pude evitar preguntarme si de veras me veía poco femenina, como Viktor me había insinuado la noche anterior.

Después me arrepentí de tener aquellos pensamientos, ¿ estaba dándole importancia a lo que ese capullo pensara sobre mí?, No, ni hablar.

Estaba tan enfrascada en mis pensamientos, que no me percaté de que el hermano maldito estaba en mitad del pasillo, con una toalla alrededor de la cintura. Fue demasiado tarde para esquivarlo, y terminé prácticamente encima de él.

—¿Qué?... —dije, y mi mirada bajó hacia su torso desnudo y después hacia la toalla que envolvía su cintura. Viktor me sonrió de medio lado. No me había dado cuenta de que me había sostenido por ambos brazos, para evitar que me cayera.

El calor me recorrió y me sentí avergonzada por sentirme así ante aquel arrogante. Me solté de mala gana y froté de manera inconsciente mis brazos, justo donde él había tenido sus manos.

—No tengo problema en que intimemos en mitad del pasillo, Hannah, pero la próxima vez que vayas a lanzarte sobre mí de ese modo, avísame —dijo , y acto seguido se quitó la toalla y me la colocó sobre la cabeza, caminando completamente desnudo en dirección a mi habitación.

Me quité la toalla y la lancé al suelo airada.

—¡Antes muerta que intimar contigo! —grité, mientras se alejaba caminando, intenté en vano, no mirarle el trasero y los angulosos músculos de su espalda. Tenía un cuerpo perfecto y lo sabía, sabía perfectamente cómo me hacía sentir y el desgraciado, se pavoneaba a sus anchas. Viktor se volvió sin ningún tipo de pudor. Aparté rápìdamente la mirada , y sentí el rubor extenderse por mis mejillas.

Maldito imbécil, pensé.

Viktor me observó, y me dedicó una media sonrisa, y después, sin decir ni una palabra, cerró la puerta tras de sí.

***

Caminamos en silencio por las calles atestadas de gente de la ciudad. Permanecí a bastante distancia de él, intentando borrar de mi cabeza el hecho de haberle visto desnudo.

A él parecía divertirle mi actitud , y en ocasiones le pillaba mirándome con una sonrisa.

—No tengo la peste —exclamó sin mirarme.

— Simplemente, no te soporto —respondí, con indiferencia.

Él se acercó a mí, esquivando a un viejo mercader , que en ese momento, cruzaba por el camino empedrado en dirección contraria.

—Doy por hecho, que ya habrás visto a algún hombre desnudo Hannah , o eres...

—¡No soy virgen! —me defendí.

—¿Entonces por qué te comportas asi?.

Viktor sabía que estaba nerviosa. Le gustaba jugar conmigo como a un depredador con su presa. Me paré en seco y le dediqué una mirada asesina.

— Deja de hacer eso.

El asesino me miró, y el amago de una sonrisa asomó a su rostro. Me pareció que esta se hizo más amplia, por mi comentario.

—Como quieras... —me susurró al oido.

Por los dioses, iba a matar a ese hombre.

Viktor entró sin esperarme, en la última tienda de objetos mágicos que nos quedaba por revisar en todo Kendrem. Era la más grande que había visitado, hasta la fecha. Multitud de estanterías estaban dispuestas en hileras perfectamente ordenadas, repletas de un montón de objetos extraños y antiguos.

Pasé mi mano con delicadeza por un objeto de cristal de forma hexagonal, que emitía pequeños destellos rojizos.

—Yo que usted señorita, no tocaría eso, si no quiere acabar atrapada dentro.

Un hombre alto y delgado con el cabello cobrizo me miraba, desde un pequeño mostrador lleno de papeles y otros objetos mágicos.

—Perdone, no era mi intención —me disculpé.

Viktor me dedicó una mirada de advertencia.

—No toques nada, hemos venido por el descendiente —me susurró.

—Ya lo sé —respondí con los dientes apretados , acercándome al hombre del mostrador, quien nos observaba con curiosidad.

—¿En qué puedo ayudarles?.

—Necesitamos... una bola mágica —mentí. No quería preguntarle su nombre tan abiertamente, ya que podría pensar que no éramos de fiar. Si algo había aprendido desde niña, era que en la capital, nadie se fiaba de nadie.

—Me temo que no puedo ayudarles, señorita. Vendí el último artículo hace apenas unas semanas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.