Medianoche Roja

Viktor

Cuando llegamos al baile, ya eran más de las diez. El viento soplaba con rabia, agitando las ramas de los árboles, mientras nos adentrábamos entre la multitud. Hannah maldecía molesta, mientras sujetaba con una mano su vestido y con la otra, su cabello.

La noche estaba despejada, y algunas estrellas se asomaron timidamente en el firmamento. Le había prestado a Hannah mi capa.

Estaba realmente preciosa. Por supuesto, jamás se lo diría. El vestido dejaba su pierna derecha al descubierto y su escote dejaba poco a la imaginación.

No podía permitirme pensar así. Hannah era una manzana prohibida, una manzana, que yo me moría por morder.

Había acudido más gente de la que me había imaginado. Por la mañana, de regreso a la casa de Hannah, le había preguntado a uno de los mercaderes, acerca de la fiesta de Lorcan y él amablemente, me había indicado cómo llegar. Cuando le había preguntado acerca de su aspecto, el hombre se había acercado a mí, como si no pudiese decir aquellas palabras en voz alta.

—Es un demonio hijo. Más te vale que tengas cuidado...tiene una cicatriz que le atraviesa el mentón , así le reconocerás.

Busqué entre la gente a Lorcan Feyss, pero no lograba ver nada. Un hombre empujó a Hannah al pasar por su lado.

—Per...perdona preciosa... —dijo con dificultad. Estaba ebrio.

El hombre abrió los ojos y repasó a Hannah de arriba a abajo con lascivia. Me acerqué con sigilo y le agarré por el cuello de la camisa.

—Deja de mirar lo que no es tuyo , imbécil.

—¿Es tu puta? —rió.

Cogí una de mis dagas y apoyé el filo en su estómago. El hombre me miró temeroso y tragó saliva ruidosamente.

—¿Qué has dicho? —pregunté apretando la daga despacio. La camisa se le empapó de carmesí.

—Na...nada, ya me largo.

Le solté de mala gana y cayó hacia atrás ruidosamente. Varias personas se giraron para mirar la escena, pero en seguida volvieron a sus conversaciones y sus bailes, como si no hubiese sucedido nada. El hombre se tambaleó lejos de nosotros.

—No te separes de mí.

—Se cuidarme sola —me soltó con altivez —allí.

Hannah señaló con el dedo a un hombre bajo y corpulento con una cicatriz en el mentón, que afeaba bastante su rostro. Tenia el cabello castaño y corto y estaba rodeado de un montón de personas que parecían alabarle como a un dios.

—Debe ser él —dije observándolo con cautela.

—¿Y cuál es el plan? ¿Nos acercamos y le adulamos como el resto? —exclamó con sarcasmo.

—Tengo una idea —dije mirándola divertido.

Ella enarcó una ceja y después su expresión cambió a...¿incredulidad?.

—No puedes estar pensando eso, ni de broma. No pienso seducir a ese...a ese...a esa cosa —gruñó.

—¿Por qué no?

—¿Por qué no? ¿hablas en serio? —se quejó cruzando los brazos sobre el pecho.

—No llegaréis a tanto, a no ser que tú lo quieras. Estaré cerca en todo momento y en cuanto contemos con su ayuda, nos largamos.

—Dijiste que era un hombre peligroso.

—Y lo es, de hecho, el más peligroso de todo Kendrem.

—Ah ya lo entiendo... —dijo —quieres quitarme de en medio, buen intento.

—No es eso, si quisiera quitarte de en medio, Hannah, ya lo habría hecho —dije, y ella puso los ojos en blanco —He oído que a Lorcan Feyss le gustan dos cosas ; el alcohol y las mujeres. Es muy dado a hacer favores , siempre que tiene cualquiera de las dos cosas cerca. Si logras ganarte su confianza , echaré los polvos de la verdad en su copa y podremos saber cómo encontrar al descendiente sin necesidad de su ayuda. Mañana ni se acordará de nosotros... ya está bastante borracho , y no parece demasiado interesado en las mujeres que le rodean.

—No me convence.

—Te sacaré de aquí, antes de que la cosa se ponga fea, tienes mi palabra.

Suspiró con resignación y miró a Lorcan.

—De acuerdo, espero que tu palabra tenga algún valor.

—Pronto lo descubrirás —susurré cuando pasé junto a ella en dirección a Lorcan —vamos.

Caminamos esquivando a un montón de borrachos, que eran la mayoría, hasta quedar a unos metros de distancia de Feyss.

Miré a mi izquierda, hacia una mesa llena de copas de vino y cogí un par.

—Toma —dije , ofreciéndole una a Hannah —la necesitarás.

Ella alzó la mano y me acarició la barbilla con sus dedos largos y suaves. Contuve la respiración.

—Mira y aprende —exclamó, dándome la espalda y acercándose a Lorcan, mientras contoneaba las caderas de manera intencional. Cada vez que caminaba, la abertura de su vestido mostraba su muslo desnudo. Miré hacia otro lado y di un trago a mi copa, cualquier cosa, con tal de no pensar en su tacto y en la manera en la que había pronunciado aquellas palabras, con la clara intención de provocarme.

Miré la copa extrañado, ¿Qué clase de vino era ese?, sabía bastante amargo.

Hannah llegó hasta Lorcan y le dijo algo al oído. El muy imbécil se rió y colocó su asquerosa mano en la parte baja de su espalda. Me bebí el resto de la copa de un trago, el sabor era asqueroso, pero no me importaba.

Cogí otra copa de la mesa y me acerqué.

—Y este es... mi amigo , Viktor —estaba diciendo ella, con una amplia sonrisa.

Lorcan me miró de arriba a abajo como si se encontrase en presencia de un insecto.

—Acércate muchacho —dijo, agitando la mano con insistencia.

Fingí tropezarme y vertí la copa a propósito encima de uno de los tipos que le rodeaban, quien me dedicó una mirada cargada de veneno.

—Joder, lo siento, la traía para tí...iré a buscar otra —exclamé, girándome hacia la mesa.

—Otro lameculos —resopló Lorcan, y todos los que le rodeaban, comenzaron a reir.

Hannah me hizo un gesto con el pulgar arriba, con disimulo, y siguió coqueteando con aquel desgraciado, diciéndole cosas al oído, mientras él se reía de manera escandalosa.

Aproveché la distracción, para vaciar los polvos de la verdad en su copa, sin que nadie lo notara. Me dirigí hacia él nuevamente, y esta vez Lorcan me arrancó la copa de la mano.




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