Seutonio estaba parado en la entrada, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, como si la sombra de un antiguo resentimiento pesara sobre sus hombros. La cabaña de madera, oculta entre los árboles de un bosque espeso y silencioso, parecía respirar magia ancestral. El olor a cedro impregnaba el aire, una barrera natural contra criaturas no deseadas. Frente a él, la mujer que tantas veces se cruzaba en su camino -esa bruja de mirada penetrante y sonrisa misteriosa- le sostenía la mirada como si leyera su alma.
—Pasa, vampiro— le dijo con tono sereno— Tenemos asuntos que discutir
A regañadientes, Seutonio entró y se sentó frente a ella. La luz de una chimenea crepitante dibujaba sombras fantasmales en las paredes. Aquella mujer no era una simple consejera. Su linaje se remontaba a generaciones de brujas que habían servido a su clan, y su familia había sido fiel a Vlad Tepes III, el infame empalador.
—Tienes muchas preguntas — dijo ella, inclinando la cabeza con un aire de compasión—. Lo veo en tus ojos, querido.
—¿Por qué enviaste a los Jenkins conmigo? Hay muchos clanes de vampiros por todo el mundo
La bruja no respondió de inmediato. Se levantó con lentitud y fue hasta una estantería tallada con símbolos antiguos. Tomó un libro grueso, cubierto de polvo y encuadernado en cuero. Al dejarlo sobre la mesa de pino, la madera crujió bajo su peso.
—Todos tenemos razones cuando actuamos — dijo mientras acariciaba la tapa del libro— Pero la razón que buscas no está aquí... está en estas páginas.
—¿Que acaso me hechizarás ahora?
Ella soltó una breve risa.
—Todo lo que necesitas saber está aquí. Esta es la leyenda sobre la creación de City Death.
Seutonio alzó una ceja al leer el título.
—Vaya nombre...
Sabía poco sobre ese lugar, un pueblo pequeño ubicado en America del Norte, nada fuera de lo normal excepto que lo envolvía un aura de misterio que incluso las criaturas sobrenaturales evitaban ir. Aun así, humanos vivían allí desde hacía siglos. ¿Eran valientes o simplemente ignoraban el peligro que los rodeaba?
—¿Qué tiene que ver ese lugar? ¿Por qué me muestras esto?
—¿Sabes por qué le llaman la Ciudad Muerte?
—Debe tener un significado sobrenatural... ¿verdad?
—Algo así. Empecemos desde el principio para que puedas entender cual es tu rol. Todo comenzó cuando tu antecesor pensó que podía desafiar al Creador...— Menciono la anciana señalando con su dedo hacia arriba, hacia el cielo.
Inicio del recuerdo
Vlad Tepes, el empalador, sediento de poder, gobernaba con mano de hierro. Su ambición no conocía límites. En su afán por destruir al emperador otomano que tenia a su puejlo bajo su merced, se lanzó a la guerra con nada más que su coraje. Pero los jenízaros, soldados leales al sultán Mehmed II, lo aplastaron. Derrotado y humillado, perdió a su pueblo y a su orgullo.
Los sobrevivientes, leales a su causa, lo siguieron en el exilio. Vlad ansiaba venganza. Recurrió a los reinos de Hungría y Moldavia para buscar apoyo y volver a la guerra, pero no le fue suficiente. Entonces, en un acto de desesperación, invocó a Satanás. Ofreció su alma a cambio del poder de destruir a sus enemigos.
El Diablo aceptó. Le concedió el mando del ejército del infierno: los Lilim, criaturas demoníacas engendradas por la unión de Lucifer con Lilith, la primera mujer del Edén. Seres nacidos del odio, del rechazo y del caos.
Pausa del recuerdo
—Sí, luego Vlad traicionó a Satanás... y este lo convirtió en vampiro. Pero nunca escuché hablar de ese ejército.— dijo Seutonio, ya conocía la leyenda de su antecesor no era un secreto para ninguna criatura sobrenatural.
—Nadie lo hace. Vlad usó a los Lilim para sus propios fines. No cumplió con su parte del pacto.
—¿Y entonces?
—Satanás, furioso, lo castigó convirtiéndolo en un vampiro, condenado a la noche eterna. Pero antes, los Lilim desataron el infierno en la Tierra.
Continuación del recuerdo
Vlad se sintió invencible con los Lilim. A su paso, las aldeas caían como hojas secas bajo sus pies. Quienes se resistían eran exterminados sin piedad. No había redención, solo muerte. Y lo peor: las almas tomadas por los Lilim quedaban atrapadas en el purgatorio, eternamente.
Dios, al ver tal horror, se contuvo. No era tiempo aún de intervenir directamente. En su lugar, susurró al viento, pidiendo a las criaturas sobrenaturales que se unieran para restaurar el equilibrio.
Los druidas escucharon. Convocaron a todas las criaturas sobrenaturales. Una coalición para enfrentar a la oscuridad.
Fin del recuerdo
—Nunca escuche esa historia ¿Lo lograron? — preguntó Seutonio con ansiedad.— ¿lograron derrotar a ese ejército infernal? ¿A los Lilim?
La bruja guardó silencio.
—No del todo — murmuró al fin—Lograron sellar la puerta entre el infierno y la Tierra. Y sobre ese sitio se fundó City Death.
—¿Y qué tiene que ver la hija de los Jenkins con esto?
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Editado: 13.02.2026