Rumania, 1846 - 3:15 a.m.
La luna menguante se filtraba a través de la densa niebla que se atrastraba entre los troncos retorcidos del bosque de Hoia-Baciu. Las ramas, se mecían suavemente gracias al viento, y el aire estaba impregnado de humedad y tierra. Era una noche perfecta para salir de cacería.
Hoia-Baciu era un lugar prohibido para los vivos, pero un refugio sagrado para los muertos. Muchos aseguraban que allí se abría un portal hacia otros mundos o que seres de pesadilla vagaban en busca de almas para devorar. Quienes entraban rara vez salían... y los pocos que lograban hacerlo jamás volvían a ser los mismos.
Y sin embargo, para Magnus y Pandora Jenkins, aquel bosque maldito era su hogar. Lejos del juicio humano, podían ser quienes eran: vampiros libres.
Aun así, bajo aquella aparente paz, un oscuro peso les oprimía el pecho.
-Sufre, Magnus... -susurró Pandora con la mirada baja-. Nuestra hija no debería sufrir así.
Estaban sentados al pie de una roca musgosa, en un claro oculto entre robles negros. A lo lejos, se oía el crujir de las hojas bajo alguna criatura nocturna. Magnus, con la mirada fija en las sombras, apretaba los puños con impotencia.
-Seutonio dijo que quizás en América encontremos respuestas -dijo él, sin mirarla.
-¡No! -replicó Pandora con dureza-. Mi abuela huyó de ese lugar por una razón. No iremos.
-¿Y vas a dejarla seguir sufriendo? ¿Qué es lo que hay en ese continente que tanto miedo te da enfrentar?
Pandora no respondió de inmediato. Su rostro, de piel porcelana y ojos violeta intenso, reflejaba una mezcla de rabia y dolor. Había secretos que había jurado jamás revelar. Secretos que dormían en su sangre desde generaciones.
-Pandora... -insistió Magnus, tomándole la mano-. Es por el bien de nuestra hija.
-Y por eso mismo... te pido que no insistas más.
Un silencio espeso los envolvió. Sólo el canto lejano del ruiseñor llenaba el espacio entre ellos.
-¿Cuánto más resistirá así? -preguntó él en voz baja-. Cada vez le duele más el corazón, y su pulso... a veces desaparece por segundos.
Pandora se volvió hacia él, con lágrimas silenciosas corriéndole por sus mejillas. Le dolía. No sólo ver sufrir a Melanie, sino también lo que Magnus había sacrificado por ellas.
-Te convertiste en vampiro por mí. Te expusiste a la muerte con tal de que Seutonio me salvara durante el parto. Pero... ¿cuál fue el precio que pagaste por salvar a nuestra hija?
Magnus bajó la mirada.
-No pagué nada -respondió-. El plan era convertirla. Convertirla en vampiro cuando fuera más grande. Así se salvaría.
-¿Y por qué no lo has hecho?
-Sabes bien por qué -gruñó él con frustración-. Los niños humanos no controlan su sed de sangre. Sería una amenaza. Ir a América es la única opción que tenemos...
-¡Es lo que ellas quieren que creas!
-¿Ellas? ¿De quién hablas? ¿De las brujas Oscuras?
Pandora retrocedió un paso, como si se le escapara una confesión.
-Nada... olvídalo.
La noche se volvió aún más espesa. Pandora cerró los ojos y respiró hondo. Hoia-Baciu era su refugio, el único sitio donde había sentido verdadera felicidad. Le aterraba dejarlo. Pero más le aterraba enfrentar lo que se escondía al otro lado del mar.
-¿No crees que esto es un castigo? -murmuró ella-. Desafiamos a la muerte. Yo debía morir en el parto... y Melanie también.
-No digas eso. ¡Te salvé! Y lo de Melanie... fue un milagro.
-No hay milagros para personas como nosotras, Magnus. Nuestra herencia no lo permite.
-¿Qué estás diciendo?
-Lo siento... hay cosas que es mejor mantener en las sombras.
(...)
Pasaron los meses, y las noticias llegaron como una tormenta silenciosa. Algunos clanes vampíricos se enteraron del plan de Magnus: convertir a una niña humana. Una amenaza para todos. Un tabú que no podía romperse. La sentencia fue rápida. Iban a matarlo... y con él, a toda su familia.
-¡Magnus, no podremos luchar contra todos! -exclamó Pandora, temblando-. ¡Nos van a cazar como animales!
-No podemos rendirnos -dijo él, con los ojos encendidos-. Debemos proteger a nuestra hija.
-¿Y Seutonio?
-No ayudará. Me advirtió que esto era peligroso. Pero...
-¿Pero?
-Él era el único que sabía mi plan.
Pandora lo miró horrorizada.
-¡Entonces te traicionó! ¿Cómo si no se enteraron los demás?
Magnus dudó. Seutonio era su amigo. Un vampiro antiguo, recto. Jamás habría... ¿verdad?
Fue entonces cuando una voz antigua y femenina se coló en su mente, como un susurro olvidado en el viento.
"Ve a City Death, el lugar donde todo comenzó... y donde todo deberá acabar."
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Editado: 12.08.2026