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Capítulo 21

31 de Octubre

La familia Reed amaba las fiestas donde podían decorar su casa. Ya sea renos en el techo o unas calaveras con ataúdes en el patio delantero, siempre se esmeraban en la decoración. Este año en particular fue el turno de las arañas. Enormes telas de araña iban de ventana a ventana, las mismas arañas esparcidas por todo el patio, todas de diferentes tamaños.

Elias salió de la cocina sosteniendo un cuenco lo suficientemente grande para los dulces, las patas de su disfraz se enredaron en la puerta, tuvo que retroceder y avanzar de lado. Con su afable sonrisa y su baja estatura daba vida a una de esos personajes de los programas infantiles que miedo. ¡El señor Araña te enseña las tablas de multiplicar! Recuerden, el señor Araña se lava las ocho patas antes de comer.

Un fuerte ruido provino del piso superior. Elias contuvo un suspiro, Norah, en cambio sonrió abiertamente.

—Es una adulta, déjala.

Lo que no le gustaba de esta época eran los disfraces que acostumbraba escoger su hija.

—Debimos mandarla a una escuela solo para niñas y que fuera católica.

—Querido, te recuerdo que lo hiciste.

—Sí, pero entonces no sabía que al lado había una escuela de chicos.

Resignado, ayudo a su esposa a terminar de preparar todo y poder esperar a los niños que salían a pedir dulces.

Megan estaba lista para la noche. Con una camiseta de tiras, un chaleco con una fina cuerda para mantenerlo cerrado y unas mangas que se sostenían por unas tiras alrededor de su brazo. La falda de terciopelo bordo no era tan corta como se esperaría, solo unos dedos por encima de la rodilla excepto por el fruncido delantero. Medias de red y unas botas de caño alto y tacón para terminar. Era toda una pirata, con su espada falsa y el pañuelo del mismo color de su falda.

Esa iba a ser la noche.

—Me llevo el auto —aviso antes de salir, tarareando en voz baja.

El salón que alquilo la empresa no decepcionaba, tenía una elegante decoración terrorífica (si eso era posible). Una cabina de fotos, que ya tenía cola, un bar con bebidas gratis y una pista de baile llena de gente. Se rumoreaba que la empresa se esmeraba en esas fiestas para mantener contentos a los empleados y que su rendimiento superara las expectativas. Megan no se iba a quejar por ello.

—Sigo decepcionada de que no aceptaras disfrazarte como las hermanas Sanderson —dijo Melanie—. No es lo mismo si no tengo a mis hermanas. Incluso creí que podíamos subir al escenario a interpretar la escena de canto y baile.

—No digas eso. Te ves como una increíble bruja devoradora de niños y que ama el canto. Lo mejor es que no tuviste que usar a una peluca.

El cabello pelirrojo de su amiga imitaba a la perfección el peinado de la bruja. Megan se acercó para inspeccionarlo más de cerca.

—¿Cuánto fijador te has echado?

—Un spray entero. No tienes idea de cómo me pesa la cabeza. Hace un momento casi me caigo sobre Linda al perder el equilibrio.

Megan contuvo la risa, cuando se calmó, empezó a buscar a los de la ratonera. Ese gesto no pasó desapercibido para Melanie e hizo el mismo gesto que cuando los pillo en la cafetería. «Te estoy observando».

—Si buscas a Edward, está en la pista de baile con su pequeño grupo de todos los años.

—No —se quejó.

—Sí.

El grupo de Campbell no era otro que personas de diferentes divisiones con una gran variedad de pasos. No había una mejor forma de describir a un hombre, vestido de vaquero, simular lanzar un lazo y atrapar a Campbell. Una mujer al lado fingía estremecerse en cada paso, como si un rayo la alcanzara. Reconoció al jefe de la división de contabilidad, extendió su mano como si agarrara algo y luego se daba palmaditas en la cara.

—Se divierten.

—¿Eso es divertido? Están haciendo el ridículo.

—Si dejaras de tener esa cara de estreñimiento cada que los ves y te soltaras un poco, apuesto a que también te divertirías.

—Escucha una cosa, no hay nada en este mundo que me haga hacer lo que ellos hacen.

—Seh. Lo mismo dijiste de Edward y bien a gustito estaban el otro día. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado si no llegaba?

Podía afirmar cien veces que nada paso y seguiría cayendo en oídos sordos. En cambio, opto por una acción más directa. Agarro de la mano a Melanie y la arrastro a la pista de baile, a un lado, donde el grupo de baile las pudiera ver.

—Vaya que detestas al tipo. No, si no te esfuerzas más casi puedo creer que hasta te guste —dijo con sarcasmo Melanie—. Voy a buscar algo de beber, así tienes tiempo para fingir que no pretendes llamar su atención.

Y dicho eso desapareció entre la multitud.

Pamplinas. Campbell no le gustaba, dejo eso en claro desde el día que se conocieron. Megan le dio la espalda al grupo y movió sus caderas, esquivo a los tipos que querían bailar con ella para terminar bailando sola en un reducido espacio. Esta era su noche.

—Una pirata, asumo —dijo una voz a su espalda.




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