Mensajes

Capítulo 23

Melanie apoyó la frente contra el volante. ¿Cómo llego a esto? Hasta hace una hora estaba en la fiesta de disfraces de la empresa con su mejor amiga (que la había abandonado). Incluso desde la distancia supo que Megan estaba con Edward, no entendía porque se negaba a aceptar que había algo.

—El día en que anuncien lo suyo me haré la sorprendida —prometió.

El teléfono timbro cuatro veces antes de cortar. Sabía quién era sin necesidad de mirar la pantalla.

¿Una persona podía morir de vergüenza?

Un golpecito en el vidrio casi logra que Melanie salte del asiento. Sus mejillas todavía seguían rosadas por lo que evitó el contacto visual. Bajo el vidrio y rezo porque su voz no temblara.

—¿Si?

Matthew White asomo su cabeza. Por supuesto que tenía que ser él.

Toda la culpa la tenía Rita. Melanie se acostumbró a evitar a Matthew, durante la semana su insistencia en buscarla le molesto y con más razón lo evito. Hasta que al fin le dio alcance una mañana cuando entraba en el ascensor (cuadrados metálicos hechos para el mal, los odiaba). El motivo por el que quería hablar con ella era solo para disculparse por el malentendido (del cual no estaba enterada hasta ese momento). Su mamá se había tomado la libertad de llevar a su hija a un restaurante con un completo desconocido.

Melanie explotó al llegar a su casa. Rita tuvo el descaro de no parecer arrepentida. Amaba a su madre pero a veces la volvía loca.

—No puedo creer lo irresponsable que eres —le había gritado.

—Una de las dos tiene que serlo y es obvio que tú no lo vas a ser.

Melanie se sintió tan ofendida que cuando hablo escupió un poco de saliva.

—¿Disculpa? ¿Qué insinúas?

—Te amo, pero eres tan estrecha de mente. A veces siento como si hablara con tu abuela. Tienes veinticuatro años, compórtate como una mujer de esa edad. Tira una cana al aire, como diría tu abuela.

—Soy madre, no puedo «tirar una cana al aire».

—Ser madre no significa ser monja. No tienes que casarte si no quieres, pero disfruta de tu cuerpo antes de que todo empiece a colgarte.

—Ay, por… No voy a tener esta conversación contigo.

Pero Rita no se rindió y en vez de insistir con las palabras pasó a la acción. Y volvió a sobrepasar el límite.

Melanie dejó a Megan en la pista mientras iba a por las bebidas, mientras esperaba rebusco en su bolsito su barra de labios. No encontró su labial, en cambio dos bolas tintinearon la una contra la otra. Se quedó mirando el interior sin entender, un minuto, dos, entonces lo supo. Fue a donde estaban los baños, el pasillo estaba vacío, el lugar perfecto para llamar a su mamá.

—No puedo creerlo —no dejó que hablara. —¿Cómo…? ¿Por qué? No contestes eso, me hago idea de porqué.

—¿Qué tal la fiesta? —dijo con evidente alegría.

—Mamá.

—Solo dale un buen uso, puse el control remoto también. Dejaste bien en claro que no querías un hombre, al menos no desprecies mis regalos.

—Este no es lugar para eso.

Melanie estaba tan furiosa que aventó el bolso al suelo, su contenido se desparramó incluido el «juguete sexual». Como estaba sola no le importó. Excepto que no estaba tan sola como pensó, una persona trataba de llegar a los baños y para hacerlo tenía que pasar por su lado.

Matthew se aclaró la garganta.

—Ay no —Melanie se dio la vuelta justo a tiempo para ver cómo él se agachaba para ayudarle a recorrer sus cosas.

Matthew recogió lo que tenía más cerca, las dichosas bolas. Melanie dejó caer el teléfono para poder quitárselas.

—No me digas que no sabes cómo usarlas —la voz de Rita inundó el pasillo—. Van en tu vagina, el control es para que elijas la intensidad. Después de que las uses vas a agradecerme, sé de lo que hablo.

Silencio.

Melanie se apresuró a cortar la llamada y recoger lo que estaba en el piso. Matthew le paso las bolas sin mirarla a los ojos. Después de eso se fue corriendo y se encerró en su auto, donde llevaba la última hora.

Matthew se aclaró la garganta.

—Por favor olvida lo de recién o moriré de vergüenza, y no digas que no es posible porque ahora mismo siento que es cierto.

—No —al contrario de ella, su voz era firme— es de eso de lo quería hablar. Vine a disculparme.

—Eso fue mi culpa por no llevar a mi mamá a un centro para adultos, escuche que tienen enfermeras a toda hora, paseos, juegos de mesa e incluso noches de cine. En este momento estoy considerando la idea con seriedad.

Matthew se rio, tuvo la decencia de dejar de hacerlo al instante. Hombre listo.

—No conoces a mis padres, son peores. Piensan que ese es su trabajo, hacernos pasar vergüenza.

—Dime algo muy vergonzoso para que deje de sentirme tan mal.

Se tomó su tiempo para pensarlo, buscando en sus recuerdos uno que fuera igual de bueno que lo que acaba de pasar. Melanie esperaba que la superara.




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