Cuando Megan quiere algo no hay quien la detenga. Y quería saber porque de pronto su mejor amiga y Campbell la esquivaban. No es como si tuvieran una aventura, esa idea no pasó por su mente, después de todo era el compañero de Campbell quien parecía demostrar interés en Mel.
Matthew dejó caer el sándwich antes de darle un mordisco, la mayonesa salpicó a Andrew, quien soltó una fuerte exclamación al ver como su camisa se manchó. El resto de los comensales igualaron su sorpresa, demasiado exageradas a su parecer.
Megan los ignoró, dejó su bandeja de comida antes de tomar asiento en uno de los lugares vacíos. Solo entonces se permitió escanear la mesa sin disimulo alguno, qué más daba que se dieran cuenta.
—¿Dónde está su otro compañero?
Linda empujó su almuerzo a medio comer. Andrew y el jefe fueron los primeros en huir. Darrell terminó de comer sin apresurarse y luego se fue. Lo que dejó en la mesa a Matthew, Linda y Maya. El primero porque sentía que tenía que quedarse y la última solo para enterarse de todo el chisme.
—Nuestro otro compañero, como le dices, tiene nombre.
—No es mi trabajo aprenderme sus nombres —sonrió inocente.
—Haces que pierda el apetito.
Después del camping de la empresa habían entrado en una tregua tácita, si se cruzaban simplemente seguían su camino como si la otra no existiera. Que poco duro.
—Nadie te retiene, puedes irte si lo deseas.
—Y dejarte hacer con ellos —señaló al par silencioso— lo que quieras.
—No voy a hacerles nada.
—Lo mismo le dijo la bruja a Hansel y Gretel.
Megan también empujó su bandeja de comida al centro de la mesa. Había olvidado porque fue en primer lugar, lo único que importaba ahora era hacer que esa mujer se tragara sus palabras. Odiaba admitirlo, pero extraño esto. Podía contar las victorias y derrotas que tenía con Linda, era una extraña relación (si es que a ese intercambio se lo podía llamar relación) la que tenían.
—Lo siento, olvidé que eras su guardiana. Oh, protectoras de los empleados que no pueden hablar por sí mismos, ¿me dejas tener unas palabras con ellos? Prometo no comerlos.
—No, primero los sazonarás, luego serán masticados sin contemplación.
Maya se inclinó sobre la mesa para susurrar a Matthew. —¿Siguen hablando de nosotros o de comida? Me perdí.
Megan cruzó los brazos y apoyó la espalda contra el respaldo de la silla, batió las pestañas con dulzura.
—¿Quieres ser la primera?
Las mejillas de Linda adquirieron un tono rosado. Un segundo, dos, tres. Frunció los labios y sus ojos tenían un brillo peligroso. Levantó un pedazo de zanahoria, la miro con cuidado, entonces la dejó caer en la salsa. Megan se tragó un grito cuando sintió las húmedas gotas en su rostro. Un segundo después sonó el clip de una cámara. La sonrisa de suficiencia de Linda fue la última gota del vaso.
Megan no tuvo reparo en tomar una porción de comida en su mano y lanzarla a la cara de Linda. Un acto que desencadenó otro en consecuencia, pronto la comida volaba en dos direcciones.
Varios empleados optaron por salir corriendo, el resto sacó sus cámaras y comenzaron a grabar. En tan solo cuestión de horas ese video habría recorrido cada piso de la empresa, pero eso no las detuvo. Al final fueron sus mismos compañeros quienes tuvieron que detener esa guerra de comida.
***
Ir al bar que quedaba cerca de la empresa al terminar la jornada laboral era como una tradición, en especial los viernes. Podías encontrarte con varios compañeros socializando o despotricando contra un jefe de departamento. Campbell no pudo resistir la tentación de pasarse, solo un trago, prometió.
Faltando a su promesa fue directo a donde estaba la señorita Reed. La mujer lo ignoró espléndidamente. Todavía tenía rastros de la pelea de comida. Su cabello rubio estaba recogido por una pinza de manera descuidada, era la primera vez que la veía de esa forma. Por primera vez, Megan estaba ahí sin tomar en cuenta su apariencia, como si lo que pasara por su cabeza en ese momento fuera más importante. Edward tuvo la ridícula idea de que tal vez se debía a él. La idea de ocupar sus pensamientos de la misma forma en que ella lo hacía, quitándole el sueño, pensando constantemente en los ¿y si?
—Escuché de su pequeña aventura, toda la empresa lo sabe —mantuvo el tono ligero.
Megan soltó un gruñido bajo y sirvió otro trago.
—Tenía la esperanza de que hubieran arreglado sus diferencias, veo que me equivoque.
—Es la última persona con la que quiero hablar —levantó el vaso con el líquido—. ¿No tiene miedo de que se lo lance a la cara?
Apenas pudo contener su sonrisa. —Una de las escenas favoritas de mi madre cuando ve sus novelas.
—Tampoco quiero conocer sobre su familia.
—Por supuesto que no. Usted no quiere nada conmigo —esta vez no pudo ocultar su tono dolido.
Quería que ella se interesara por conocerlo, preguntarle cosas sobre su vida personal, que buscara la verdad en sus palabras. De esa manera se daría cuenta por sí misma y no tendría el peso de tener que revelarle la verdad. Un pensamiento muy egoísta que era difícil de ocultar.
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Editado: 07.02.2026