5 de enero, 2019
La casa brillaba luego de pasar las últimas cinco horas limpiando, no que fuera a servir de mucho teniendo una cabra. Pensó en ponerle un suéter a Adorable, pero se dio cuenta de que iba a ser demasiado. No es como si a la cabra le importara la reunión de ese día, mientras tuviera su comida era feliz.
Edward se sintió como un idiota al mirarse en el espejo, se había puesto un traje a cuadros y corbata para estar en casa un sábado. Podría fingir que era así como se vestía y que no le importaba la opinión de Megan. De todas formas ella ya pensaba que era un idiota, al menos ahora tendría una razón para pensarlo de veras. Se quitó el saco y lo colgó en el armario, estaba comenzando a desabrochar la camisa cuando sonó el timbre.
Puede que no se vistiera como siempre, pero Megan no se quedó atrás. Vestía un ajustado y corto vestido que dudaba se pusiera un sábado cualquiera. Lo de corto no era exagerar, en cuanto pasó por su lado vio sus bragas, aunque puede que fuera un pantalón corto y lo de arriba tampoco era un vestido. Mantendría sus ojos arriba, por encima del escote. Palabra de boy scouts.
—Mis ojos están aquí arriba —reclamo.
Nunca fue un boy scouts. Siendo justos, era más difícil apartar la vista de ese condenado vestido que concentrarse en lo que decía.
—¿Tiene un compromiso después? —preguntó en un intento de ser amable.
—No es de su incumbencia.
Adorable hizo su entrada triunfal, con sus pezuñas resbalando en el piso de madera y su encantador balido. Para Megan, Edward desapareció de su vista, dio la impresión de que en el mundo solo quedó la cabra.
—Es… ¡adorable! Adorable es adorable.
—Por eso elegimos ese nombre —no se resistió a señalar lo obvio.
Megan estaba realmente encantada con las pequeñas astas de la cabra. Intentó acariciar la cabeza de Adorable, pero solo se alejaba del contacto. Al poco tiempo quedó establecido que la cabeza era un área prohibida, como los gatos con sus barrigas rechonchas.
—Sí, es encantadora —dijo con sarcasmo al ver lo bien que se llevaban. No supo si lo dijo por Adorable o por Megan.
—No es tan aterradora como la hiciste ver.
—No dije que fuera aterradora, pienso que sus astas lo son. Te recuestas para ver una película y de la nada ataca tus partes con un feroz cabezazo. Eso es de terror.
—Es inocente hasta que se demuestre lo contrario —defendió—. No creo que esta preciosura sea capaz de lo que se le acusa.
Megan por fin dejó ir a Adorable, la cabra no perdió tiempo en salir al patio para librarse del asfixiante amor de la chica. Se quedaron solos (técnicamente ya lo estaban) sin saber qué decir o hacer. Edward intentó pensar en algo que decir, pero le resultó difícil concentrarse.
Megan se sentó sobre el apoyabrazos del sofá y el vestido, ese bendito vestido, se le subió un tanto.
—Pasear con ese vestido y sin abrigo en pleno enero debería atentar contra su salud.
Como si fuera un juego, la chica se inclinó más hacía adelante. —Puedo decir lo mismo de su camisa abierta.
Ah, fue lo único que se le vino a la mente al recordar que se quedó a medio desvestir cuando fue a abrir la puerta. Estaba en su casa y aún así se sentía fuera de lugar. ¿Dónde estaba la ira de Megan? Se sentía indeciso acerca de si empezar a hablar o esperar hasta que ella le diera la oportunidad de explicarse.
La chica se dio un auto recorrido por la sala, viendo con detenimiento las fotos en los marcos, leyendo los títulos de los libros apilados.
Qué más da. —Acerca de los mensajes… —comenzó— complique demasiado las cosas. Nos vimos varias veces desde que entraste a la empresa, normalmente intento no tener prejuicios, pero Megan, eres de las personas más difíciles de tratar. No se juzga un libro por su portada, eso no se aplicaba a ti —Adorable soltó un fuerte balido arruinando el momento de sinceridad—. Lo que intento decir, no con las mejores palabras al parecer, es que intente acercarme a ti. Megan eres hermosa y algo intimidante.
Se detuvo un momento para asegurarse de que lo estaba escuchando, Megan se veía aburrida y para nada interesada en explicaciones.
—¿Dónde duerme Adorable? ¿Tiene un mueble propio donde guarda sus suéteres?
—Supuse que viniste porque querías hablar sobre los mensajes y para seguir insultándome, ya sabes.
—Te equivocas. No es algo que te pasa a menudo, ¿no? El sabelotodo de la ratonera se equivocó —Megan estaba disfrutando a lo grande—. Después de todos estos meses intercambiando mensajes lo único que me interesa es Adorable.
Verdad. Mentira. La sonrisa de Megan lo desconcertaba, era como si se burlara. Edward se apoyó en la esquina de un mueble y cruzó los brazos. Finalmente dejo de darle tantas vueltas al tema.
—Le puedo asegurar que a Adorable le gusta su elección de vestido —dijo en el tono formal que empleaba en la empresa cuando hablaban.
—Por supuesto, a Adorable le gusta demasiado.
—Solo digo que aprecia su elección.
#3533 en Novela romántica
#965 en Novela contemporánea
drama amor inesperado, chico nerd y chica popular, romance y humor
Editado: 24.02.2026